Foto: jornada.unam.mx
¿Hasta qué punto un reportero está dispuesto a exponer su vida para obtener una nota? Esa es la pregunta que se plantea el periodista Luis Humberto Crosthwaite en su libro Tijuana: crimen y olvido (Tusquets, 2010). La respuesta puede incluir diversas perspectivas, quizás personales. Y experiencias -muy cercanas- del día a día es lo que registra esta novela.
“A mí algo que me llama la atención es que desaparecen o mueren periodistas y rápidamente se convierten en parte de la estadística. Dejan de ser seres humanos y se vuelven un número”, lamenta Crosthwaite en entrevista con EFE.
No solo son muertos los que encontraremos en ese texto, también se marca una relación entre la prensa y los narcos, el principal ‘depredador’, en México.
En conversación con El Universal, el autor menciona que, en la mayoría de los casos de asesinatos, “el periodista nunca se sintió en peligro, el editor le advirtió”. La investigación que realiza intenta esbozar un planteamiento sobre este riesgo.
Lee el resto de la entrevista sobre la cobertura de hechos de violencia.
Enlace relacionado: La resistencia de El Diario de Ciudad Juárez



















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