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Periodistas en las redes sociales: El guante por dentro

Por @cdperiodismo

Publicado el 07 de Febrero del 2011

Por Javier Ernesto García Wong Kit

Es cierto: desde que las redes sociales se inventaron estamos acompañados incluso cuando estamos solos. Nos sentimos escuchados en un diván espacial que no ocupa espacio en nuestra casa u oficina, y nos desfogamos de sentimientos, dudas e ideas que, al dormir, nos darían vueltas en la cabeza que no descansa en la almohada.

Sin embargo, esta cura para seres tímidos y solitarios, no siempre sirve de aliado a los periodistas, hombres y mujeres de toda edad que no duermen lo suficiente, y cuyos sentimientos, dudas e ideas descontroladas pueden saltar al teclado para convertir a prospectos de líderes de opinión en opinadores comunes y corrientes.

El ciberperiodismo tiene sus bemoles. Uno de ellos está en las redes sociales, que hace que el periodista sea público antes que productor de información; y con ello pierden la objetividad mínima que debe tener todo comunicador para dejarse arrastrar por las atrocidades de delincuentes, políticos y otras figuras de baja calaña.

“¡Malditos!”, twitteaba la otra tarde el reportero de un conocido periódico peruano quien se indignaba (como todos) ante la noticia de un perro maltratado por los trabajadores de un prestigioso hotel. Por suerte, ese periodista no se encargó de escribir la nota informativa que también apareció en su medio, pero nos dejó una señal de alerta.

La comunidad de twitteros estará de acuerdo: no se trata de quién seas sino de qué dices; y si los periodistas se sueltan a publicar todo lo que les viene a la mente en las redes sociales, corren el riesgo de transmitir el volcán furioso que habita en nuestras conciencias y que a veces nosotros mismos desconocemos.

Entiéndase, no se trata de censurar opiniones que los periodistas tienen derecho a difundir así no sea en un medio periodístico o público; sino de opinar con la misma responsabilidad con que se trabaja porque la ética del periodista no se apaga como el botón rojo de la grabadora sino que, como bien decía Gabriel García Márquez, acompaña “como el zumbido al moscardón”.

A Leonard Montano, conocido en la televisión como “El Mago Enmascarado”, no le costó mucho romper el código ético de no revelar el secreto de sus trucos (y de paso arruinarle el negocio a los colegas de todas partes del mundo). Uno de los mejores trucos de los periodistas está en mostrarse “controlados” cada vez que publican algo.

No cometamos el atropello de pensar en voz alta y poner el altavoz para que nos oiga toda la comunidad, que si los pintores no se atreven a publicar sus primeras  pinturas por malas, o sus bocetos por inacabados (y sólo lo hacen sus promotores o los herederos), menos deberían los periodistas en ventilar sus apetencias, rencores y odios, por más justificados que sean.

Porque si el público nos empieza a identificar por un nombre, rostro o estilo, no le costará mucho desembarazarse de la página web de aquel periodista que muestra su conciencia solo para señalar que la tiene. A nadie le interesa ver el guante por dentro siempre que éste cumpla la función para la que lo elegimos.

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