Sandro Mairata

Lecturas obligatorias de periodismo en Columbia

Por Esther Vargas

Publicado el 29 de agosto del 2011

“¿Libros? Yo no leí ningún libro. Al diablo los libros”, fue uno de los primeros consejos que me dio mi colega española Mar Cabra; ella a punto de convertirse en ex alumna de la Escuela de Periodismo de Columbia y yo a punto de iniciar clases en el mismo lugar. Mar, periodista de investigación y una de las mejores alumnas de su promoción, se iba con un documental a punto de ser transmitido bajo el brazo y pertenece al nutrido grupo que privilegia la práctica sobre la teoría, que tiene claro que la calle enseña más que el escritorio.

Su consejo lo contrasté en mi mente con un recuerdo previo. En unas vacaciones de hace años, conocí a un tipo –bastante joven, en sus veintes– que estudiaba al mismo tiempo una maestría en el Massachusetts Institute of Technology (el selectivo y respetado M.I.T.),  y otra en Harvard; toda una proeza. Obvio que mi primera pregunta fue cómo. Pero sobre todo, cómo hacía con todo lo que había que leer. “Uno nunca lee todos los libros”, me dijo. “Tienes que aprender a elegir qué es importante leer y qué no”.

Ambas frases, de personas distintas en espacios y tiempos ajenos, me acompañaron durante la maestría. Una de las cosas que descubrí fue el poco romanticismo respecto a los libros en las aulas, detalle que chocaba con mi personalidad y mi manera latinoamericana de entender la delicada arquitectura detrás de la redacción de un texto que lleve mi firma. Resultó que para efectos de clases los libros son ciertamente herramientas indispensables para obtener conocimiento, pero encontré muy poca devoción respecto a autores y títulos; todo es funcional en los claustros de Estados Unidos. Si no viene a cuento, ni se menciona.

Por supuesto que leímos “Frank Sinatra Has a Cold” (“Frank Sinatra está resfriado”), de Gay Talese, pero fue sin el preámbulo de que es una de las mejores crónicas jamás escritas. Hunter S. Thompson fue reducido a una lectura (su infame –y genial– cobertura del Derby de Kentucky, con la cual se gestó el “periodismo gonzo”) en nuestra clase de Historia del periodismo, lo mismo que Tom Wolfe y tantos otros exponentes del ya añejo Nuevo Periodismo. Ningún maestro mencionó a Oriana Fallacci o a Ryszard Kapuściński, por ejemplo, cosa que sentí decepcionante.

En la Escuela de Periodismo de Columbia, las devociones se traen de casa.

Hubo una notable excepción. El día de Open House (“Casa Abierta”) en marzo de 2009, fue la primera vez que escuché sobre The Power Broker. Vino de boca de Joshua Friedman, director de los Premios Maria Moors Cabot, quien andaba sentado junto a unos estudiantes internacionales que compartían consejos con nosotros: “Siempre les digo a los alumnos que deberían leer The Power Broker. Es una magnífica experiencia”.

The Power Broker. Si hay algo tan difícil como la misma maestría de periodismo en Columbia es leer las más de 1,300 páginas de la obra maestra de Robert A. Caro. Caro desarrolla con precisión milimétrica gracias a una sólida investigación la historia de Robert Moses, el hombre que por décadas se mantuvo en las sombras del poder de Nueva York y por cuya influencia esta ciudad tiene la distribución que tiene, los puentes, carreteras y problemas que la han hecho famosa. Yo, dos años después, me quedé en la 437 y todavía pido fuerzas para continuarla, pero como bien decía Friedman es una aventura en sí misma.

Recomendar el libro de Caro ha caído en lamentable desuso, pero igual se recomienda (de hecho, puede que de la promoción 2011 yo haya sido el único en intentar leerlo completo.)

Dependiendo cada especialización (broadcast, revistas, periódicos o medios digitales –investigación tiene un canal de ingreso distinto), los materiales de lecturas son distintos, pero trataré de resaltar los textos principales. Recordemos además que estos textos se circunscriben a la realidad del periodismo en Estados Unidos, sobre todo.

  • A pesar de su brevedad, The Elements of Style (Los Elementos del Estilo)*, por William Strunk Jr. y E.B. White toma tiempo en leerse. Es un libro esencial para la redacción en inglés.
  •  Ética a Nicómaco, o The Nicomachean Ethics es un texto básico universal. Lo revisamos con insistencia.
  • The Associated Press Stylebook and Briefing on Media Law. Lo que en castellano es el Libro de Estilo de El País, en el mundo anglosajón la norma es el libro de la AP. Sin embargo, tomando en cuenta que el mundo impreso y el de Internet tienen reglas propias, va ganando espacio The Yahoo! Style Guide: The Ultimate Sourcebook for Writing, Editing, and Creating Content for the Digital World (La Guía de Estilo de Yahoo!: La Guía más Completa de Escritura, Edición y Creación de Contenido para el Mundo Digital). Vale la pena revisarla.
  • The Elements of Journalism (Los Elementos del Periodismo), por Bill Kovach y Tom Rosenstiel también mereció varias sesiones. Es un libro directo y duro, para todos aquellos que tienen dudas si esto es una profesión o un oficio.
  • Follow The Story (Sigue la Historia), por James B. Stewart se cruzó en los sílabos de un par de clases completamente distintas.
  • Dos libros nos fueron recomendados para cuestiones de redacción, por su sinceridad y lenguaje simple. On Writing (Sobre el Acto de Escribir), del maestro de la literatura de horror Stephen King, y Writing Tools, 50 Essential Strategies for Every Writer (Herramientas de Escritura: 50 Estrategias Esenciales para Todo Escritor), de Roy Peter Clark.
  • Para los principios de cobertura en calle, nada como un repaso de los tiempos en que Miami era tierra de nadie. The Corpse Had A Familiar Face (El Cadáver tenía un Rostro Familiar), de Edna Buchanan fue una lectura intensa que me resolvió muchas interrogantes sobre la sicología de la policía de Estados Unidos.
  • Para entender el marco legal de nuestro trabajo (en especial en un entorno donde demandar al otro en una corte es casi una norma social), empleamos Mass Media Law, de Don R. Pember y Clay Calvert, libro bastante caroque se actualiza cada año. Es vital para guiarnos a través de las complejidades del sistema judicial estadounidense, que varía radicalmente de estado a estado.
  • Imposible olvidar el libro de Samuel G. Freedman, profesor de nuestra escuela, Letters to a Young Journalist (Cartas a un Joven Periodista), que con tanta pasión nos fue recomendado en Reporting and Writing I (Reportería y Redaccción I).

El resto de lecturas dependían de los cursos tomados.

  • Para mis clases de Documental, Documentary Filmmaking (Realización de Documentales), por John Hewitt y Gustavo Vasquez ha sido indispensable.
  • El libro de Henri Cartier-Bresson The Mind’s Eye (El Ojo de la Mente) fue una serena introducción al fotoperiodismo con el profuso soporte intelectual del Maestro.
  • La sexta edición de Photojournalism, (Fotoperiodismo), de Kenneth Kobré aguarda que le dé mejor atención pero debido a su extensión y gran formato no es para revisarlo en una pasada.

Esta lista, por supuesto, es incompleta.

Cuéntenme cómo la podría mejorar.

*Las traducciones de los títulos de libros son mías; es posible que el nombre sea distinto en castellano.

Publicado por:

Periodista. Profesora especialista en periodismo digital, comunicación digital y social media. Directora de Clases de Periodismo y Sin Etiquetas. Consultora en Social Media. Soy editora de Audiencias del diario Perú21 del grupo El Comercio de Perú. Colaboro con la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez (FNPI).

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