GATE GATE

‘Gate’, el sufijo del escándalo

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Cuarenta años después, el sufijo ‘gate’ se sigue usando para nombrar otros casos de corrupción. El mismo The Washington Post se pregunta por qué todos los escándalos -al margen del alcance y el tema- acaban llamándose algo+gate. Aunque digan que falta originalidad, gate es el sufijo del escándalo. Y se ha usado tanto en Argentina, Alemania, Perú o Grecia. La lista es larga e incluye hasta un episodio de South Park y el reciente Antenagate.

El término -para muchos un cliché o una manera exagerada de presentar cualquier conflicto político- fue  promovido por William Safire, columnista del New York Times, quien trabajó con Nixon y ganó un Pulitzer. Safire acuñó el término ‘Vietgate’ en una columna en la que pedía que se perdonara a los desertores de Vietnam y a los implicados en el escándalo Watergate.

EL #POTOGATE Y EL SÍNDROME DEL ESCÁNDALO

Perú tuvo en las elecciones municipales su #PotoGate. México acaba de tener su #TwitterGate (video), pero antes tuvo su PemexGate: En 2001 se descubrió que fondos provenientes del sindicato de trabajadores de la compañía petrolera mexicana, Petróleos Mexicanos (PEMEX), fue indiscriminadamente utilizado para solventar la campaña presidencial de Francisco Labastida, candidato por el Partido Revolucionario Institucional en 2000.

El “Irangate” fue otra historia en los ochenta:  hacía referencia a la venta ilegal de armas al gobierno iraní por parte del gobierno de Reagan.  El “Monicagate” nos recuerda el episodio del presidente Clinton en 1998 como consecuencia de su relación con la joven becaria Monica Lewinsky.

El sociólogo Michael Schudson sostiene que “Watergate no solo inspiró a que los periodistas busquen escándalos”, también “ofreció un lenguaje público para discutir ese tipo de escándalos“.  Otro sociólogo,  John Thompson, habló del “síndrome del escándalo”.

En 1960, a propósito de un artículo sobre Julio Scherer (PDF) -el fundador de Proceso-, el gran Carlos Monsivais decía:

Scherer, y éste es un mérito extraordinario, impulsa en México el reportaje de investigación, el género que es hoy la gran
defensa de la prensa ante los embates de la televisión (que no investiga), y que impulsa el síndrome Watergate (no hacen demasiada falta las “gargantas profundas” si se duda de la honradez del funcionario que en un año salta del departamento de interés social a una mansión en Bosques de las Lomas). De pronto, todo se acompaña del sufijo gate: Pemexgate, videoescándalogate,  Fondengate, Creelgate…”.

LOS WATERGATES LATINOS

Los periodistas Fernándo Cárdenas y Jorge González publicaron en 2006 el libro Los Watergates Latinos, donde reconstruyen las investigaciones periodísticas que pusieron en jaque a siete presidentes: Perú, Costa Rica, Argentina, Nicaragua, México, Venezuela y Ecuador.

Sin  el nombre de ‘Watergate’, los sucesos relatados reconstruyen lo ocurrido en Perú cuando un video desnudaría la mafia fujimontesinista y sería el principio del fin de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori. Lo autores explican cómo en Costa Rica, los periodistas identifican hechos que permiten acusar a dos expresidentes de seis delitos de corrupción agravada y daños al erario público en el caso de Rafael Ángel Calderón y de corrupción y enriquecimiento ilícito a Miguel Ángel Rodríguez. Y en Ecuador está el caso de Lucio Gutiérrez, en Venezuela el de Carlos Andrés Pérez, y en Argentina, el caso de Menem. Nicaragua y México con Salinas de Gortari.

¿Cuál será nuestro próximo algo+gate?

Periodista. Editora de Social Media de Agencia Andina y El Peruano. Profesora especialista en periodismo digital, comunicación digital y social media. Directora de Clases de Periodismo.




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