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El rol del Defensor del Lector en la era de los social media

03/07/2012
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El ombudsman o Defensor del Lector no puede seguir teniendo las mismas funciones que en aquellas épocas en que Internet se veía como algo exclusivo o en las que solo los periodistas podían crear contenido noticioso. El reconocido periodista estadounidense Dan Gillmor escribió un artículo en The Guardian sobre el rol que este profesional debe tener a través de una propuesta que envió al diario The New York Times (NYT).

El director del Centro de Emprendimiento Digital de Medios de la Universidad Estatal de Arizona contó que tras la salida de Daniel Okrent como Defensor del Lector del NYT, este medio le ofreció el puesto y le pidió que escribiera un pequeño texto en el que señalara cómo trabajaría. Gillmor tenía claro que  el “rol tradicional del ombudsman no tenía sentido en una era digital”, por lo que ofreció algunas sugerencias:

  • Me gustaría ser un anfitrión y moderador de una conversación civilizada. Haría lo mejor para disminuir el perfil del Editor del Público y elevar el perfil del público usando tres principales técnicas: agregación, curaduría y discusión.
  • Agregar (cita y enlace a) cada crítica reflexiva sobre el trabajo de la organización que haya podido encontrar e invitar a los lectores a analizar y comentar esas críticas (…) Cuando considere que una crítica no esté en lo correcto, lo diré. También diré cuando no estén siendo justos.
  • Trabajar con los social media para expandir las conversaciones. Esto podría significar crear nuevos foros en esos servicios, pero guiaría a la gente a los foros del NYT y sus blogs.
  • Crear un foro robusto y abierto sobre el trabajo del periódico. Esto tomaría la forma de un sistema tradicional de boletines donde los lectores puedan crear sus propios temas de conversación. Se usaría un software para moderarlos y así minimizar el trabajo de los periodistas, quienes tendrían que filtrar a los trolls.
  • Alentar al personal de la sala de redacción a participar en las conversaciones. Las discusiones funcionarían hasta cierto punto sin los periodistas, pero las conversaciones con ellos serían mucho mejor. Por supuesto que algunos reporteros -como Nicholas Kristof- están interactuando con los lectores de una manera magnífica. Me gustaría resaltar esas interacciones. Pero mi meta aquí sería, siempre que sea posible, que la redacción explique cómo opera, por qué y qué hace. El periodismo serio es un trabajo duro, y pienso que los lectores no entienden cuán difícil es. Como he escrito en mi último libro, una mayor transparencia en honorables organizaciones de noticias permitirá que el público confíe más.

El periodista también propuso experimentar con algunos servicios y tecnologías. A pesar de estas brillantes ideas, Gillmor no consiguió el puesto, quizá The New York Times no estaba preparado para un ombudsman acorde a estos tiempos.

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