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Anabel Hernández: “Quiero ser parte de la estadística de periodistas que lucharon por vivir”

Por @cdperiodismo

Publicado el 04 de Septiembre del 2012

Foto: http://www.rnw.nl/

La periodista mexicana Anabel Hernández fue galardonada con la Pluma Dorada de la Libertad, el premio anual de libertad de prensa de la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (WAN-IFRA), un merecido reconocimiento a su compromiso y dedicación a la investigación periodística que reveló la corrupción en los más altos niveles de la sociedad mexicana y ha puesto su vida en peligro.

Compartimos el discurso de agradecimiento de Hernández, una lección de periodismo.

Hace un año nueve meses jamás habría creído llegar al día de hoy. Cada mañana me sorprende la vida,  abrir los ojos en un país incendiado en el que en seis años más de 60 mil personas han sido ejecutadas por el gobierno o por el crimen organizado cuyos ojos jamás volverán a abrirse. Me sorprende poder abrazar a mis hijos, a mi madre y a mis hermanos en un país en el que han desaparecido más  de 18 mil niños, adolescentes, madres y padres de familia en medio de la falsa guerra contra el narcotráfico cuyos familiares no podrán abrazarlos jamás.

Desde diciembre de 2010 cuando salió publicado el libro Los Señores del Narco, producto de cinco años de investigación periodística  fui sentenciada a muerte por los altos funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública federal del gobierno del presidente Felipe Calderón por haber exhibido su relación  con el Cartel de Sinaloa, según la DEA el más poderoso del mundo, y bandas de secuestradores. Desde el 1 de diciembre de 2010 ellos le pusieron precio a mi cabeza y desde el 1 de diciembre de 2010 yo me propuse luchar por mi vida. Desde entonces he estado a punto de perder lo que más quiero. Mi familia fue víctima de un atentado, mis hermanas han sido acosadas en sus domicilios por personas armadas, mis fuentes de información forman parte de la lista de desaparecidos, han sido asesinados o encarcelados injustamente. Vivo todos los días con ese peso en mi corazón sin saber cuándo será mi hora.

El mundo mira hacia un México incendiado pero no termina de comprender que es lo que pasa ahí y por lo tanto no pueden entender que esto puede ocurrir en cualquier lugar del mundo. Me ha tocado platicar con periodistas de todo el mundo que han ido en los últimos años a México para experimentar la adrenalina del Safari de terror y muerte. Buscan las balaceras, los cadáveres, los pedazos de cuerpos, cuentan los colgados y  entrevistan a sicarios, pero no ven el fondo del problema.

Si alguna vez el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa dijo que en México existía la “dictadura perfecta”, hoy en México hay una “dictadura criminal perfecta”.  El régimen más represivo de todos los tiempos es el del poder de la delincuencia organizada que se mimetizó con el  poder   político y económico de México gracias a un sistema nacional corrupto e impune.  Esto combinado con una sociedad adormecida y dividida  por la indifererencia o el terror son la mezcla perfecta para que este régimen perverso se mantenga y crezca.  Pensar esto, decir esto, escribir esto es más peligroso que ser narcotraficante o servir al narcotráfico en México.

Ese poder es el que ha asesinado a miles de niños, jóvenes, mujeres y hombres inocentes. Ese  poder es el que se adueñó de partes del territorio de México sometiendo a la población a un régimen de terror, extorsión, secuestro e impunidad. Ese poder es al que le estorba la libertad de expresión, es el poder que ha ejecutado a 82 periodistas en una década, el que ha desaparecido a más de 16 y que ha amenazado a cientos como yo. El ochenta por ciento de los casos han ocurrido en el gobierno del todavía presidente saliente Felipe Calderón.

Ese poder es el que hace que los crímenes contra periodistas permanezcan impunes. Para lavarse las manos ante la opinión pública y la comunidad internacional el gobierno de México, hoy considerado el lugar más peligroso del mundo para ejercer el periodismo, dice haber creado una fiscalía para resolver los casos de asesinatos de periodistas y para protegerlos. La fiscalía no ha servido para nada sólo para ocultar la anuencia del gobierno federal y los gobiernos locales para asesinar periodistas. Su presupuesto se ha ido reduciendo hasta en un 74 por ciento, signo del ‘interés’ gubernamental  y  90 por ciento de los asesinatos de periodistas ha quedado impune. Sólo en uno de cada diez casos existe un supuesto responsable que haya ido a prisión.

La crisis al interior de México en términos de libertad de expresión ha sido devastadora. Los medios de comunicación por temor o por preservar sus intereses económicos con el gobierno apenas y pelean cuando sus periodistas son asesinados, amenazados o desaparecidos. Hay una inacción  parte por la falta de solidaridad del gremio, por las egoístas dinámicas de los medios de comunicación que ustedes bien conocen, pero también porque el gobierno ha criminalizado en general a los periodistas asesinados condenando de antemano a cualquiera que los defienda a ser criminalizados también. Los familiares no tienen salida, recogen los pedazos de periodistas torturados, descuartizados y tirados en bolsas de basura con el dolor profundo, pero además tienen que callar y bajar la cabeza cuando el infame gobierno sin prueba alguna dice que eran narco periodistas.

Desde hace un año nueve meses comprendí que no era suficiente sobrevivir a la barbarie. Sentir el viento rozando mi cara, respirar aún el aire limpio, ver las sonrisas de mis amados hijos no es suficiente. Vivir para callar no es vida en ningún rincón del planeta. Vivir para callar sobre cómo los corruptos, el crimen y la impunidad se siguen apoderando de mi país es también morir. Yo sigo  denunciando la descomposición de México la colusión de políticos, funcionarios públicos y empresarios del más alto nivel con los carteles de la droga mexicanos.  Hoy la sociedad mexicana requiere de periodistas valientes, honestos, dispuestos a dar la batalla y creo que hay una corresponsabilidad de la comunidad internacional, de los medios de comunicación del mundo para mirar la realidad mexicana de manera más profunda y apoyarnos para poder seguir cumpliendo nuestra función. Sin libertad de expresión no hay posibilidad de justicia ni de democracia.

Ustedes me entregan hoy la Pluma de Oro de la Libertad  no es un premio para mí que nunca esperé nada a cambio. Yo dedico y entrego simbólicamente este premio a  todos los periodistas mexicanos  cuya voz fue cercenada por la muerte, la desaparición forzada o la censura. Pero también lo dedico a todos aquellos periodistas mexicanos que todos los días siguen haciendo ejemplarmente su tarea de informar y denunciar al costo que sea.

Yo lucharé hasta el último aliento de vida, aunque sea con mi pequeño ejemplo, para que los periodistas no nos arrodillemos ante el narco estado. No sé cuantos días, cuántas semanas o meses o años me queden de vida. Se que estoy en la lista negra de hombres muy poderosos que se irán impunes con los bolsillos llenos de dinero de sobornos del narco y la conciencia negra por sus inconfesables actos. Se que esperan el momento para cumplir con un menor costo político su amenaza. Se que no tengo más que la verdad, mi voz y mi trabajo de periodista para defenderme.

Si algún día eso ocurre, recuérdenme así, de pie. No quiero ser un número más en la negra estadística de periodistas muertos, quiero ser parte de la estadística de periodistas  que lucharon por vivir.  

Es verdad, los mexicanos somos responsables de nuestra desgracia, pero espero que la comunidad internacional no siga siendo indolente ante el imperio del narco-estado mexicano que no concluye al terminar la administración de Felipe Calderón, que protejan sus fronteras y economías ante este poder que se expande  y no den cobijo y protección a sus responsables ya sea que estén vestidos de ex presidentes, presidentes,  empresarios o narcotraficantes.

Yo quiero vivir, pero vivir callando es también otra forma de morir.

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