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Principales luces y sombras en la implantación del ombudsman de la prensa

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Por  Carlos Maciá–Barber, profesor titular de Periodismo  de la Universidad Carlos III de Madrid (España)

Noventa años han pasado desde la aparición en la prensa de la institución del ombudsman, aunque tanto fecha como lugar de su origen son controvertidos. Nada sorprendente, pues todo cuanto guarda relación con esta figura de autorregulación periodística suscita encendidos debates: su misma existencia, su cometido, su denominación, su organización, su coste, su utilidad… De hecho, su esencia se liga al conflicto, atributo inherente a nuestra condición de seres humanos.

El concepto de ombudsman es metafórico en decenas de apelativos con que se le designa, según se destaque un rasgo predominante: vigilancia (perro guardián), responsabilidad (Pepito Grillo, conciencia de la redacción), defensa de los públicos (abogado, fiscal, juez), salvaguardia de la empresa (relaciones públicas, Pilatos), socorro de profesionales y ciudadanos (doctor, bombero, sacerdote).

1.     Las luces

a) El perfil del ombudsman muestra su amplia experiencia profesional como redactor y directivo: los designados cuentan con el respeto de sus colegas por su dilatada trayectoria en el mundo informativo. La impronta personal que generan su personalidad y actitud no es en sí misma negativa, pues confirma que la trascendencia y utilidad de la figura no dependen en exclusiva de la valía de su titular.

b) El ombudsman se considera un mecanismo adecuado y valioso que contribuye, junto a otros adicionales que existen y se implantan en cada medio o nación, a la consolidación de la autorregulación profesional periodística. No implica censura ni autocensura sino conciencia profesional orientada a extremar el rigor y la honradez en el ejercicio del periodismo.

c)  El ombudsman coadyuva a la democracia en las redacciones. Entre los accionistas y propietarios, los directivos, los redactores y los operarios técnicos de la empresa informativa existe una comunicación que debiera ser, en toda ocasión, nítida y fluida.

d)  Una de las cruciales prerrogativas que se le confieren es la capacidad de actuar de oficio: la potestad de investigar cualquier error o presunta vulneración de la ética profesional sin que sea necesaria una queja o denuncia previa de los públicos. Esta facultad suele reconocerse en la normativa pero no en todos los medios se contempla esta atribución. Es una garantía de autonomía, agiliza la rectificación del error y supone un valioso indicador para evaluar su recto quehacer.

e) Las investigaciones que emprende el ombudsman para averiguar las causas y consecuencias de una determinada información que suscita controversia deben rodearse del sigilo. Su indagación se considera, en todo caso, confidencial: los informes internos requeridos por él gozan de carácter reservado. Lo que previene injerencias de la propiedad, dirección o colegas.

f)  La obstaculización de su cometido puede proceder de las presiones laborales o manifestarse por medio de represalias futuras. Una medida directa, por parte de la corporación, encaminada eliminar este riesgo: que el ombudsman no pueda ser despedido o sancionado durante su mandato a consecuencia de su tarea. No faltan medios que otorgan un conjunto de garantías similares a las que la ley pueda conceder y reconocer a los representantes sindicales.

g) Contribuye ciertamente a la imprescindible alfabetización mediática. El Informe MacBride (1982) ya señaló que el fomento y la formación del espíritu crítico constituyen un aspecto primordial de la democratización de la información. Con sus intervenciones colabora a la difusión de los principios de la deontología profesional, coopera en la tarea de formar a los ciudadanos en cuanto consumidores de mensajes informativos o publicitarios, dándoles a conocer sus derechos e instruyen sobre la esencia de la profesión del periodista y las pautas de trabajo.

h)   Desde las últimas décadas del siglo XX se detecta un menosprecio del derecho humano a la información. Ocuparse del amparo y protección del mismo es la razón última que explica la existencia e implantación de este sistema de autorregulación. Los diferentes ombudsmen coinciden en señalar esta misión como la más capital.

i) El ombudsman supone una intercomunicación más accesible y directa para los públicos, que disfrutan de un interlocutor obligado a atenderles, a dar cauce a sus denuncias, aclarar sus dudas, escuchar sus sugerencias.

2.     Las sombras

a) Las obligaciones que se encomiendan o que asume el ombudsman resultan considerables (atención de la audiencia, investigaciones internas, gestión diaria, elaboración de una columna o programa, organización del departamento, participación en congresos, conferencias, visitas…). La saturación de cometidos provoca la ralentización del proceso de análisis, estudio y difusión en los asuntos investigados.

b) Un problema común es el aislamiento que nace de la propia naturaleza de su ocupación, bajo un fuego cruzado hostil entre compañeros y audiencias. Con razón Claude–Jean Bertrand destacó algunas de las virtudes que deben adornar su quehacer: diplomacia, coraje, gentileza, firmeza, sentido común y paciencia. Aunque no existe fundamento empírico para dramatizar la situación.

c) Se desconoce el número exacto de ombudsman que actúan en el mundo. Ni siquiera disponemos de datos fiables para el continente americano o para el conjunto de países europeos, principales núcleos de expansión. Su presencia en los medios ronda el 2%: una pobre implantación.

d) El surgimiento del ombudsman provoca interferencias en las actitudes de los periodistas: cuando alguien representa los intereses del público resulta inevitable un incremento de las tensiones en la redacción. Circunstancia chocante: todos en la profesión escuchan y transmiten quejas, pareceres e inquietudes.

e) Los motivos económicos parecen ser causa de que algunos ombudsmen acabasen relegados, destinados a tareas ajenas al cargo o que al finalizar su mandato no se nombrase un sucesor. Pero la empresa periodística poderosa no pueden acogerse a la excusa del dispendio, peligrosa amenaza para la figura al considerarlo un empleado más.

f) Carece de un verdadero y efectivo poder ejecutivo, siendo su labor más consultiva que ejecutiva, por cuanto no existe ninguna garantía de que obtenga hacia sus requerimientos un apoyo de la corporación o de los compañeros. Precisamente, en este sentido, se reclama la necesidad de dotar al sistema de un poder real de decisión e intervención.

g) Un serio inconveniente para el afianzamiento de la figura deriva de sus múltiples denominaciones en el ámbito periodístico. El término ombudsman se ha expandido por el mundo. No obstante, sólo en EE.UU., existe una diversidad notable: readers’ representative, readers’ advocate, readers’ editor, public editor o public-contact editor. La cantidad de títulos se incrementa notablemente si sumamos las que se emplean solo en diferentes naciones y diversos medios europeos: el Médiateur/médiatrice (Francia); el Defensor/a del Lector, del Oyente o del Espectador (España); Defensor de la Audiencia (México); Provedor do Leitor, Ouvinte o Telespectador (Portugal) o Varuhinja vaših pravic (Eslovenia). Resulta complicado que se asiente la naturaleza de un cometido cuando recibe nombres muy diversos, incluso dentro de la misma nación.

h) Una dificultad que se añade a tan variable nomenclatura proviene de la existencia de concepciones incluso opuestas de la naturaleza, regulación y organización de la institución. Diversidad que guarda relación con las diferentes formas con que se concibe y ejerce el periodismo. Recordemos que solo en Europa, encontramos tres grandes sistemas y culturas periodísticas: la mediterránea (Polarized Pluralist Model): Francia, Italia, España, Portugal; la del centro y norte de Europa (Democratic Corporatist Model): Austria, Alemania, Suiza, Holanda, Finlandia, Dinamarca, Noruega, Suecia; y la del Atlántico norte (Liberal Model): Reino Unido.

i) El ombudsman afronta el problema, en mayor o menor grado, de la ausencia entre los públicos de una cultura de participación. No pocos se han quejado de la escasa intervención de las audiencias, que olvidan con frecuencia que a ellas corresponde por igual, mediante su control, el deber de cooperar en la mejora del funcionamiento de las empresas informativas y de la práctica periodística.

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