REPORTING

La historia detrás de Reporting Project y el periodismo de la mano de hackers

20/12/2012
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Por Ernesto Aroche (*)

Imaginemos: alguien toca a tu puerta. Abres. Un grupo de sujetos entra y pone sobre tu escritorio varios maletines. No necesitas abrirlos. Sabes que su contenido son fajos y fajos de billetes que te tocará “limpiar”. Otros más llegarán días después. Tú pones sobre la mesa una estrategia financiera que pasa por una empresa de lavado de autos en Zapopan, un despacho arquitectónico en Cancún, un banco en Inglaterra, otro más en la Europa del Este para regresar a una empresa registrada en Panamá antes de volver finalmente a las manos del grupo que tienes enfrente.

La ruta trazada, una por la que has llevado ya varias centenas de millones de dólares, es difícil de rastrear para la policía y las autoridades nacionales pues brinca de país en país y arranca en Belice, de donde comenzará el registro de las compañías y algunos de los primeros movimientos.

Este supuesto podría no serlo, Paul Cristian Radu, periodista investigativo nacido en Rumania hace 36 años, ha rastreado varias redes financieras del crimen organizado asentado principalmente en la Europa del Este pero con ramificaciones en todos los continentes –incluso ha encontrado rastros del Cártel de Sinaloa–, resultado de algunas de estas investigaciones es Reporting Project un sitio que muestra de forma gráfica estas redes, cuenta las historias, e incluso ofrece documentos bancarios que no han sido revisados del todo para que cualquiera tenga acceso a ellos.

No es un trabajo que Radu ha hecho solo, el hombre que soñó con hacerse reportero para viajar por el mundo ha creado a su alrededor grupos de investigación periodística en Europa del Este –apoyado por fundaciones como Open Society creada por el empresario húngaro Georges Soros—, pero sobre todo entendió que para sacar a flote mucha de la información que existe ya en la red había que trabajar muy de cerca con hackers y piratas informáticos, pero “hackers buenos, hackers éticos, hackers de sombrero blanco”, puntualiza en la charla que Lado B tuvo con él.

Y ese trabajo colaborativo de los periodistas con los hombres que pueden abrir las puertas cerradas, o abiertas parcialmente, en la red está, sostiene, recién empezando, “en cinco o diez años podremos verlo ya en su apogeo”.

Aunque en ese primer acercamiento lo que el rumano se ha encontrado es que se vive una guerra virtual entre naciones, pero en ese adentrarse más allá del internet superficial también se ha encontrado con hackers que trafican con información, que roban bancos y que trabajan para el crimen organizado.

LA INFORMACIÓN FRAGMENTADA

Paul Radu comenzó a sistematizar su curiosidad gracias a varias becas periodísticas en Europa Central y en los Estados Unidos, aunque fue en el 2002 cuando estuvo en Austria donde empezó a estudiar seriamente al crimen organizado: “Parte de mi experiencia fue un viaje a Colombia para hacer algunas entrevistas, por ejemplo con el general Rosso José Serrano, que fue el encargado de la operación que terminó con Pablo Escobar”.

Aunque el cruce con el mundo informático llegó después:

–Lo que vi es que hay mucha información en muchos lugares, pero lo que falta es la conexión de esta información. Por ejemplo, hay parte de la información en África, otra parte está en México, otro poco en Rumania. Y la verdad es que cuando se habla de crimen organizado se habla de redes transfronterizas. Lo que vi es que para investigar estas redes debes tener acceso a toda esa información. Y una vía para conectar esa información es la tecnología. Usamos la tecnología para indexar esa información, juntar esos pedazos que se encuentran desperdigados por todos lados y tener una imagen más completa.

Y los que más acceso tienen a esa tecnología, o más bien, los que mejor comprenden esa tecnología son los hacker, y si bien, sostiene, los periodistas deben saber usar herramientas para procesar datos, para visualizarla e incluso para hacer un buen rastreo en internet es difícil que se consiga el nivel de un hacker que vive haciendo esto todos los días.

–Entendí que hay mucho valor en el trabajo en conjunto con los hacker, empezamos entonces un movimiento para conectar periodistas con hackers, pero con los que son buenos, que no roban bancos, que no roban cajeros automáticos. Porque esos son los que dan acceso a la información a la sociedad.

Eres una especie Mikel Blomkvist (personaje creado por el escritor sueco Stieg Larrsen en su saga Millenium),  y te has encontrado con tus propias Lisbeth Salanders.

–Sí, pero eso es un poco exagerado (el libro), pero sí que hay ahora cooperación con hackers y eso se impacta en la calidad de periodismo de investigación. Aunque también hay problemas, porque la cooperación con hackers puede ser problemático, porque te encuentras con hackers que no son buenos, o te encuentras con los que trabajan para el crimen organizado.

Hay en el espacio virtual una lucha entre los hackers white hats (sombrero blanco) y los black hats. Para los periodistas a veces es un poco difícil identificarlos, pero si se empieza a trabajar con uno o dos o tres y se continúa, eso crea un nuevo tipo de periodismo de investigación, mucho más profundo, y eso permite hacer ese periodismo que cruza fronteras.

Y esto es importante sobre todo para seguir las redes financieras y de tráfico del crimen organizado. Hacer periodismo local es importante, pero ahora mucho de lo que tiene impacto local es regional o global, es muy importante que los periodistas comiencen a colaborar con sus colegas de otros países y con hackers de otros países.

Todo lo que pasa en México tiene conexión con lo que pasa en Estados Unidos, y tiene conexión con lo que pasa en África. Por ejemplo, la cocaína de Colombia llega a México, pasando por Centroamérica y termina en los Estados Unidos, pero una gran parte de los cargamentos también se mueven a África, a países como Sierra Leona y otros. Ahora mismo hay gente de México que trabaja el narcotráfico en el continente africano. Y el dinero producto del narco se va Europa, a Suiza y países así. Todo está conectado, todo. Especialmente cuando se habla de mucho dinero, de demasiado dinero.

Planteas un ambiente  que hace unos años se describía en las novelas ciberpunk, donde los hackers trafican información, donde hay una guerra en el mundo en línea…

–Ahora sí que hay una guerra en el ciberespacio, pero es de múltiples niveles. Hay una guerra entre estados que emplean hackers para atacar otros países, por ejemplo hay hackers chinos atacando a los Estados Unidos o a Rusia o a Alemania. También hay hackers que trabajan para el crimen organizado, que atacan bancos o sitios en internet para robar información.

También hay un tercer nivel, el del movimiento opensource, este movimiento de hackers blancos que trabajan para abrir información. Y los periodistas deben moverse entre estos mundos. Porque los periodistas también trabajan con información sobre gobiernos, con información sobre crimen organizado y trabajan con este nivel de información que es supranacional.

La ley y las fuerzas policiales de cada país actúan sólo a nivel local y las redes del crimen organizado se mueven a nivel global. Por ejemplo, criminales de México que trabajan con rumanos o con estadunidenses, o de cualquier parte del mundo, en cambio las fuerzas de la ley no trabaja junto con sus colegas de otros países, o lo hacen en una escala mucho menor.

Estamos viviendo un tiempo en el que se están creando muchas redes de periodismo de investigación, y hay mucha información que se está intercambiando, y apenas estamos empezando, yo creo que en 10 años será más como una guerra informática pero ya no entre gobiernos sino entre redes globales del crimen organizado y redes globales de periodistas.

¿Piensa global, actúa local, como decía el slogan de mac hace algunos años?

–Es muy importante conectar la información local, porque la información global es la suma, es el colectivo de las localidades. Ahora, hay un problema, la información local está en lenguajes locales, en muchos idiomas distintos, pero además la forma en que se almacena o concentra la información en cada país es diferente, tiene sus propias características, esto hace difícil conectar la información porque no hay estándares, creo que estamos en una fase incipiente, pero en 5 o 10 años las redes van a crecer y la calidad de la información también.

 TRANSFORMANDO LAS BASES DE DATOS

El grupo que comanda Radu no es club cerrado, no sólo trabajan con hackers sino que también se acercan a reporteros de los países en donde han detectado que existe un nodo por el que pasa el flujo de dinero para, a través de ellos, rastrear información en bases de datos locales. De nuevo lo local como parte de un mundo global, interconectado.

http://www.icfj.org/

–Tenemos un sistema de inteligencia global, y es un sistema abierto. Sabemos que las redes trabajan en muchos países, y tenemos un sistema para checar nombres, empresas, y todas las conexiones. Cuando tenemos un nombre, por ejemplo de un narco, pues empezamos a rastrearlo en las bases de datos, y buscamos todas las conexiones de este nombre. Con empresas, con casos en cortes de muchos países, con cuentas bancarias, vamos por una búsqueda larga.

Después mandamos esta información a nuestros contactos locales. Por ejemplo, si vemos que este personaje tiene una cuenta en Suiza, contactamos con un periodista suizo que puede buscar más desde lo local. Entonces empezamos a rastrear a nivel global y vamos focalizando a nivel local, y si, por ejemplo, el periodista de Suiza encuentra información que la cuenta bancaria que buscamos incluye el nombre de una empresa de Inglaterra, bueno pues tomamos la información y la pasamos a Inglaterra, es un intercambio continuo de información. Es la solución para poder rastrearla.

Al final hacemos una visualización de las redes para mostrarlas de una manera fácil a las audiencias y que comprendan cómo se hace. Esto no es un trabajo de un día o dos días que haces y después te mueves a un nuevo tema, este es un trabajo continuo, porque la información que conseguimos la metemos a una base de datos que sigue creciendo con cada nuevo dato que conseguimos.

¿Tú fuiste hacker?

–Digamos que en un nivel muy básico. Estudié un poco en Stanford en EU y estudié lenguajes informáticos. Aunque no es necesario que los periodistas se vuelvan expertos en estos lenguajes, lo importante es entender el lenguaje de los hacker, eso sí es muy importante. Y no es tan difícil, eso facilita la comunicación con los hackers.

Durante toda la charla no deja de darme vueltas la idea en la cabeza que el trabajo de Radu está muy emparentado con la filosofía de Wikileaks, abrir la información, hacerla pública. Y se lo planteó: “Huele un poco a Wikileaks”.

–Creo que Wikileaks es un buena idea, y sí hay mucha información por ahí, pero como periodista veo un problema, y no es un problema de wikileaks, es un problema del periodismo. Cuando estalló el asunto de los cables diplomáticos en muchos periódicos vi está frase: “de acuerdo a wikileaks”, pero esta información era información abierta, que fue obtenida por embajadas de varias fuentes, y no siempre confiables, y para mí el rol del periodista de investigación es de checar y verificarla. Tomar la información de wikileak y comenzar a reportearla, pero lo que pasó es que los periódicos la tomaban y la publicaban tal cual sin confirmar nada.

Creo que Wikileaks debió colaborar con los periódicos de otro modo, porque no es correcto para los periódicos decir “oh, mira esta información que salió de un cable”, pero puede ser que no sea real. Pero, insisto, ese un problema del periodismo de ahora.

Al fin periodista, Radu no pasa por alto la situación que ha envuelto a Julian Assange, el director de Wikileaks que tras la publicación de cables y videos del gobierno de los Estados Unidos vive una persecución legal desde 2010, pero desde el gobierno Sueco, y hace unas semanas se refugió en la embajada de Ecuador para librar una orden extradición:

–Bueno, esta situación con Ecuador es un poco complicada. Estuve en Ecuador y me pude percatar que la relación que mantiene Correa con la presa es muy mala, entonces que ahora Correa esté ofreciéndole asilo a Assange, es sólo una posibilidad para él para mostrarse al mundo que además enfrenta al poder mundial, pero  no creo que la intención del presidente ecuatoriano sea la de ayudar al movimiento de abrir la información, un movimiento del que Wikileaks forma parte. Su razón no es correcta.

Imaginemos: alguien toca a tu puerta. Abres. Un grupo de sujetos entra y pone sobre tu escritorio varios maletines. No necesitas abrirlos. Sabes que su contenido son fajos y fajos de billetes que te tocará “limpiar”. Otros más llegarán días después. Tú pones sobre la mesa una estrategia financiera que pasa por una empresa de lavado de autos en Zapopan, un despacho arquitectónico en Cancún, un banco en Inglaterra, otro más en la Europa del Este para regresar a una empresa registrada en Panamá antes de volver finalmente a las manos del grupo que tienes enfrente.

La ruta trazada, una por la que has llevado ya varias centenas de millones de dólares, es difícil de rastrear para la policía y las autoridades nacionales pues brinca de país en país y arranca en Belice, de donde comenzará el registro de las compañías y algunos de los primeros movimientos.

Este supuesto podría no serlo, Paul Cristian Radu, periodista investigativo nacido en Rumania hace 36 años, ha rastreado varias redes financieras del crimen organizado asentado principalmente en la Europa del Este pero con ramificaciones en todos los continentes –incluso ha encontrado rastros del Cártel de Sinaloa–, resultado de algunas de estas investigaciones es Reporting Project un sitio que muestra de forma gráfica estas redes, cuenta las historias, e incluso ofrece documentos bancarios que no han sido revisados del todo para que cualquiera tenga acceso a ellos.

No es un trabajo que Radu ha hecho solo, el hombre que soñó con hacerse reportero para viajar por el mundo ha creado a su alrededor grupos de investigación periodística en Europa del Este –apoyado por fundaciones como Open Society creada por el empresario húngaro Georges Soros—, pero sobre todo entendió que para sacar a flote mucha de la información que existe ya en la red había que trabajar muy de cerca con hackers y piratas informáticos, pero “hackers buenos, hackers éticos, hackers de sombrero blanco”, puntualiza en la charla que Lado B tuvo con él.

Y ese trabajo colaborativo de los periodistas con los hombres que pueden abrir las puertas cerradas, o abiertas parcialmente, en la red está, sostiene, recién empezando, “en cinco o diez años podremos verlo ya en su apogeo”.

Aunque en ese primer acercamiento lo que el rumano se ha encontrado es que se vive una guerra virtual entre naciones, pero en ese adentrarse más allá del internet superficial también se ha encontrado con hackers que trafican con información, que roban bancos y que trabajan para el crimen organizado.

 LA INFORMACIÓN FRAGMENTADA

Paul Radu comenzó a sistematizar su curiosidad gracias a varias becas periodísticas en Europa Central y en los Estados Unidos, aunque fue en el 2002 cuando estuvo en Austria donde empezó a estudiar seriamente al crimen organizado. “Parte de mi experiencia fue un viaje a Colombia para hacer algunas entrevistas, por ejemplo con el general Rosso José Serrano, que fue el encargado de la operación que terminó con Pablo Escobar”.

Aunque el cruce con el mundo informático llegó después:

–Lo que vi es que hay mucha información en muchos lugares, pero lo que falta es la conexión de esta información. Por ejemplo, hay parte de la información en África, otra parte está en México, otro poco en Rumania. Y la verdad es que cuando se habla de crimen organizado se habla de redes transfronterizas. Lo que vi es que para investigar estas redes debes tener acceso a toda esa información. Y una vía para conectar esa información es la tecnología. Usamos la tecnología para indexar esa información, juntar esos pedazos que se encuentran desperdigados por todos lados y tener una imagen más completa.

Y los que más acceso tienen a esa tecnología, o más bien, los que mejor comprenden esa tecnología son los hacker, y si bien, sostiene, los periodistas deben saber usar herramientas para procesar datos, para visualizarla e incluso para hacer un buen rastreo en internet es difícil que se consiga el nivel de un hacker que vive haciendo esto todos los días.

–Entendí que hay mucho valor en el trabajo en conjunto con los hacker, empezamos entonces un movimiento para conectar periodistas con hackers, pero con los que son buenos, que no roban bancos, que no roban cajeros automáticos. Porque esos son los que dan acceso a la información a la sociedad.

Eres una especie Mikel Blomkvist (personaje creado por el escritor sueco Stieg Larrsen en su saga Millenium),  y te has encontrado con tus propias Lisbeth Salanders.

–Sí, pero eso es un poco exagerado (el libro), pero sí que hay ahora cooperación con hackers y eso se impacta en la calidad de periodismo de investigación. Aunque también hay problemas, porque la cooperación con hackers puede ser problemático, porque te encuentras con hackers que no son buenos, o te encuentras con los que trabajan para el crimen organizado.

Hay en el espacio virtual una lucha entre los hackers white hats (sombrero blanco) y los black hats. Para los periodistas a veces es un poco difícil identificarlos, pero si se empieza a trabajar con uno o dos o tres y se continúa, eso crea un nuevo tipo de periodismo de investigación, mucho más profundo, y eso permite hacer ese periodismo que cruza fronteras.

Y esto es importante sobre todo para seguir las redes financieras y de tráfico del crimen organizado. Hacer periodismo local es importante, pero ahora mucho de lo que tiene impacto local es regional o global, es muy importante que los periodistas comiencen a colaborar con sus colegas de otros países y con hackers de otros países.

Todo lo que pasa en México tiene conexión con lo que pasa en Estados Unidos, y tiene conexión con lo que pasa en África. Por ejemplo, la cocaína de Colombia llega a México, pasando por Centroamérica y termina en los Estados Unidos, pero una gran parte de los cargamentos también se mueven a África, a países como Sierra Leona y otros. Ahora mismo hay gente de México que trabaja el narcotráfico en el continente africano. Y el dinero producto del narco se va Europa, a Suiza y países así. Todo está conectado, todo. Especialmente cuando se habla de mucho dinero, de demasiado dinero.

Planteas un ambientes que hace unos años se describía en las novelas ciberpunk, donde los hackers trafican información, donde hay una guerra en el mundo en línea…

–Ahora sí que hay una guerra en el ciberespacio, pero es de múltiples niveles. Hay una guerra entre estados que emplean hackers para atacar otros países, por ejemplo hay hackers chinos atacando a los Estados Unidos o a Rusia o a Alemania. También hay hackers que trabajan para el crimen organizado, que atacan bancos o sitios en internet para robar información.

También hay un tercer nivel, el del movimiento opensource, este movimiento de hackers blancos que trabajan para abrir información. Y los periodistas deben moverse entre estos mundos. Porque los periodistas también trabajan con información sobre gobiernos, con información sobre crimen organizado y trabajan con este nivel de información que es supranacional.

La ley y las fuerzas policiales de cada país actúan sólo a nivel local y las redes del crimen organizado se mueven a nivel global. Por ejemplo, criminales de México que trabajan con rumanos o con estadunidenses, o de cualquier parte del mundo, en cambio las fuerzas de la ley no trabaja junto con sus colegas de otros países, o lo hacen en una escala mucho menor.

Estamos viviendo un tiempo en el que se están creando muchas redes de periodismo de investigación, y hay mucha información que se está intercambiando, y apenas estamos empezando, yo creo que en 10 años será más como una guerra informática pero ya no entre gobiernos sino entre redes globales del crimen organizado y redes globales de periodistas.

¿Piensa global, actúa local, como decía el slogan de mac hace algunos años?

–Es muy importante conectar la información local, porque la información global es la suma, es el colectivo de las localidades. Ahora, hay un problema, la información local está en lenguajes locales, en muchos idiomas distintos, pero además la forma en que se almacena o concentra la información en cada país es diferente, tiene sus propias características, esto hace difícil conectar la información porque no hay estándares, creo que estamos en una fase incipiente, pero en 5 o 10 años las redes van a crecer y la calidad de la información también.

 

TRANSFORMANDO LAS BASES DE DATOS

El grupo que comanda Radu no es club cerrado, no sólo trabajan con hackers sino que también se acercan a reporteros de los países en donde han detectado que existe un nodo por el que pasa el flujo de dinero para, a través de ellos, rastrear información en bases de datos locales. De nuevo lo local como parte de un mundo global, interconectado.

–Tenemos un sistema de inteligencia global, y es un sistema abierto. Sabemos que las redes trabajan en muchos países, y tenemos un sistema para checar nombres, empresas, y todas las conexiones. Cuando tenemos un nombre, por ejemplo de un narco, pues empezamos a rastrearlo en las bases de datos, y buscamos todas las conexiones de este nombre. Con empresas, con casos en cortes de muchos países, con cuentas bancarias, vamos por una búsqueda larga.

Después mandamos esta información a nuestros contactos locales. Por ejemplo, si vemos que este personaje tiene una cuenta en Suiza, contactamos con un periodista suizo que puede buscar más desde lo local. Entonces empezamos a rastrear a nivel global y vamos focalizando a nivel local, y si, por ejemplo, el periodista de Suiza encuentra información que la cuenta bancaria que buscamos incluye el nombre de una empresa de Inglaterra, bueno pues tomamos la información y la pasamos a Inglaterra, es un intercambio continuo de información. Es la solución para poder rastrearla.

Al final hacemos una visualización de las redes para mostrarlas de una manera fácil a las audiencias y que comprendan cómo se hace. Esto no es un trabajo de un día o dos días que haces y después te mueves a un nuevo tema, este es un trabajo continuo, porque la información que conseguimos la metemos a una base de datos que sigue creciendo con cada nuevo dato que conseguimos.

 

¿Tú fuiste hacker?

 

–Digamos que en un nivel muy básico. Estudié un poco en Stanford en EU y estudié lenguajes informáticos. Aunque no es necesario que los periodistas se vuelvan expertos en estos lenguajes, lo importante es entender el lenguaje de los hacker, eso sí es muy importante. Y no es tan difícil, eso facilita la comunicación con los hackers.

Durante toda la charla no deja de darme vueltas la idea en la cabeza que el trabajo de Radu está muy emparentado con la filosofía de WikiLeaks, abrir la información, hacerla pública. Y se lo planteó: “Huele un poco a WikiLeaks”. 

Creo que WikiLeaks es un buena idea, y sí hay mucha información por ahí, pero como periodista veo un problema, y no es un problema de WikiLeaks, es un problema del periodismo. Cuando estalló el asunto de los cables diplomáticos en muchos periódicos vi está frase: “de acuerdo a wikileaks”, pero esta información era información abierta, que fue obtenida por embajadas de varias fuentes, y no siempre confiables, y para mí el rol del periodista de investigación es de checar y verificarla. Tomar la información de wikileak y comenzar a reportearla, pero lo que pasó es que los periódicos la tomaban y la publicaban tal cual sin confirmar nada. Creo que WikiLeaks debió colaborar con los periódicos de otro modo, porque no es correcto para los periódicos decir “oh, mira esta información que salió de un cable”, pero puede ser que no sea real. Pero, insisto, ese un problema del periodismo de ahora.

Al fin periodista, Radu no pasa por alto la situación que ha envuelto a Julian Assange, el director de WikiLeaks que tras la publicación de cables y videos del gobierno de los Estados Unidos vive una persecución legal desde 2010, pero desde el gobierno Sueco, y hace unas semanas se refugió en la embajada de Ecuador para librar una orden extradición:

–Bueno, esta situación con Ecuador es un poco complicada. Estuve en Ecuador y me pude percatar que la relación que mantiene Correa con la presa es muy mala, entonces que ahora Correa esté ofreciéndole asilo a Assange, es sólo una posibilidad para él para mostrarse al mundo que además enfrenta al poder mundial, pero  no creo que la intención del presidente ecuatoriano sea la de ayudar al movimiento de abrir la información, un movimiento del que WikiLeaks forma parte. Su razón no es correcta.
(*) Ernesto Aroche es periodista mexicano y fundador del diario digital Lado B

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