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James Foley, el periodista que quería tener más tiempo

Por Milagros Olivera Noriega

Publicado el 20 de agosto del 2014

En esta época donde morir puede ser elección, es probable que James Foley haya querido vivir en lugar de ser mal expuesto como si fuera un botín, a través de una serie de páginas web que no dudaron en reproducir una cabeza ausente de cuerpo, cereza posterior al espectáculo del dolor.

Lo dice su rostro agotado y digno, lo dicen las únicas palabras espontáneas que parece pronunciar a lo largo del video previo a su decapitación: “Me gustaría tener más tiempo. Me gustaría tener más esperanza de libertad y ver a mi familia una vez más. Pero este barco ya ha zarpado”.

Hace dos años, en el norte de Siria, James Foley desapareció. Era noviembre. No sé supo más de su paradero hasta que ayer un video colgado en YouTube lo mostraba con un traje anaranjado (similar al de un preso de Guantánamo) aguardando de rodillas la muerte inminente. A su lado, un integrante del Ejército Islámico pronuncia unas palabras mientras sostiene una navaja con la que degüella al periodista.

Este hecho ha conmocionado al mundo. El asesino del periodista hablaba inglés con acento británico. Es por ello que el secretario de estado de asuntos exteriores del Reino Unido, Philip Hammond, ha manifestado la necesidad de descubrir la identidad del asesino.

En el video, Foley emite un polémico discurso donde acusa al gobierno de Estados Unidos de ser sus “verdaderos asesinos”. Es probable que el manifiesto previo a su muerte haya formado parte de un guión al que accedió para no extender su suplicio ni despertar la ira de sus captores.

“Piensa en lo que estás haciendo, en las vidas que destruyen, incluyendo a tu propia familia”, le dice James a su hermano John, quien es  miembro de la fuerza área de EE.UU. Justamente esta relación familiar puede haber ocasionado que el Ejército Islámico asesine al periodista, buscando generar mayor impacto a nivel político y social.

“Yo morí ese día, John, cuando tus compañeros tiraron esa bomba en aquellas personas que firmaron mi certificado de defunción”, le dice a su hermano.

“Un mundo en problemas” era el nombre del blog donde Foley relataba las experiencias que no compartía para las agencias en las que trabajaba (como AFP y GlobalPost). Como epígrafe del espacio se leía: “La guerra se libra por los seres humanos”, frase de Carl von Clausewitz.

Justamente el Consejero Delegado de GlobalPost, Phil Balboni, había reconocido que la inversión económica para encontrar a Foley había sido alta. En esa oportunidad –mediados del 2013– reveló que James estaba en manos del gobierno de Bashar Al Asad. Entonces, ¿cómo acabó en manos del Estado Islámico, agrupación que no existía en Siria en el momento en que desapareció?

No se tiene conocimiento ni donde ni cuando se cometió el asesinato, pero por el mensaje del video se desprende que fue hace dos semanas, cuando la aviación estadounidense bombardeó el norte de Irak.

Si bien la muerte suele ennoblecer al fallecido, las declaraciones de Diane Foley sobre su hijo mayor no son excesivas. “Él dio su vida tratando de exponer al mundo el sufrimiento del pueblo sirio”, dijo.

Sobre Steven Sotloff, colaborador de la revista Time que aparece al final del vídeo siendo amenazado. “Como Jim, son inocentes y no tienen control sobre la política del Gobierno estadounidense en Irak, Siria ni en ningún lugar del mundo”, escribió Diana Foley en la página familiar de la red social.

segundo periodista

Antes de llegar a Siria, Foley pasó 44 días detenido en una cárcel de Libia, país al que llegó en calidad de reportero. Fue ahí donde realizó una amplia cobertura previa a la caída del régimen de Muamar Gadafi. Además, narró para GlobalPost su cautiverio en calidad de preso político de forma rigurosa y detallada.

“Me arrastré hacia adelante hacia una duna de arena más grande con mi cámara rodando. Anton estaba agachado cerca de 10 a 15 metros delante de mí. Las balas golpeaban directamente sobre mi casco y los hombros. Esto no era crossfire. Nos estaban disparando, y estaban disparando a matar”, narra en el primer capítulo del texto, donde cuenta como se vio envuelto en medio de un enfrentamiento entre el gobierno y los rebeldes. 

“He oído decir que Libia era la guerra perfecta para periodistas. Pero en realidad, esta guerra era cualquier cosa menos perfecta”, se lee al inicio del texto.

Hay periodistas que disfrutan la fama y la remuneración que les da estar frente a una cámara. Otros, prefieren comunicar desde el anonimato o a partir del reconocimiento menor, asumiendo riesgos e informando por pasión y vocación. James Foley era de los segundos.

Lo paradójico de la guerra -decía Voltaire- es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo.

En Twitter, sus colegas lo recuerdan con cariño.

Este clip corresponde a una de las coberturas en vídeo realizadas por James desde una zona de conflicto.

Y este es el último registro de Foley antes de ser secuestrado.

Publicado por:

Feminista. Estudio Periodismo en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Fui editora de Cultura de Diario16.

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