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Reflexiones sobre el asesinato de un periodista: Sensacionalismo y no interés periodístico

Por @cdperiodismo

Publicado el 07 de septiembre del 2014

Mariane Pearl es una periodista francesa que trabaja en España, y que en los últimos días ha sido acosada por reporteros de diversas partes del mundo que buscaban con obsesión su opinión sobre la muerte de James Foley.  Su voz es importante, sin duda. Mariane es la viuda de Daniel Pearl, el reportero de The Wall Street Journal secuestrado y decapitado por terroristas en Pakistán, solo cuatro meses después del 11 de septiembre. 

En un texto para The Berkshire Eagle, Mariane Pearl –que trabaja en Barcelona– cuenta que una tarde Glenn Drohan, un veterano periodista, y algunos otros excompañeros de Danny se reunieron en el diario (donde aparece su columna y donde trabajó su esposo) para un intercambio apasionado sobre lo que eran las buenas prácticas del periodismo y las que no. “La ética es mi religión”, le dijo Daniel Pearl a Mariane en otro momento.

“Cuando mi marido fue secuestrado y asesinado por afiliados a Al Qaeda, estas conversaciones se convirtieron en mi soporte, en el terreno sobre el que caminaba y en el que aún estoy parada. En ese momento, múltiples verdades explotaron con fuerza. Todo el mundo parecía interpretar a Danny y etiquetarlo como un judío, un periodista, un estadounidense, un héroe –y soy fiel a la verdad cuando digo que era todas esas cosas–. Él era el hombre en el que se había convertido, alguien que había logrado asimilarlo todo. Se volvió ese gran periodista que me llevó a hacer muchos paseos locos solo para hacer un esfuerzo adicional en una historia”, escribe.

EL HAMBRE DE SENSACIONALISMO NO TIENE LÍMITE

A lo largo del texto recuerda el impacto que causó el asesinato de su esposo, la fuerza que sacó para afrontar el tema, y las cuestiones éticas que el caso desató y el dolor adicional que causaron “algunos de los medios del mundo” en su cobertura.

“El primer periodista con el que hablé, unas horas después de haberme enterado de lo que le había sucedido a Danny, tenía un extraño y excitado aspecto en sus ojos. Me tomó un segundo comprender que acababa de ver el video del horripilante asesinato de Danny. En lo que estaba interesado era en saber si yo lo había visto, y probablemente esperaba ver cómo me rompía en pedazos para su espectáculo. Lo mandé al infierno y me controlé. Aquí tienen su humanismo: el hambre de sensacionalismo no tiene límites. O yo lo aceptaba y hacía mi mejor esfuerzo para estar por encima de eso, o la misma gente que debería identificarse con Danny me hubiera arrastrado al abismo. Vi que aquellos cuyo trabajo era hacer preguntas pasaban por el momento más duro cuestionándose a sí mismos. Aun así, no me esperaba pelear con una gran cadena estadounidense cuando estaba a punto de transmitir el video con el pretexto de que era “de interés periodístico””, anota Mariane.

La bendita excusa del “interés periodístico” le sonaba a la periodista “como un débil intento de disfrazar las decisiones impulsadas comercialmente con la credibilidad periodística“:  “Rastreando el proceso de toma de decisiones, rápidamente llegué a profesiones que no son conocidas por llevar el gen periodístico: costosos ejércitos de abogados y juntas directivas. El último culpable parecía ser el mercado. Solo había que alimentar a la bestia. “Estamos dando a nuestros televidentes lo que piden”, me dijeron una vez”.

NOTICIAS DE “ÚLTIMA HORA

La muerte de James Foley hizo que Mariane recibiera una cadena de mensajes de colegas que le pedían el “lado humano de la historia”, otra de esas frases que a menudo usan los medios para justificar la exposición dramática de los involucrados (y no involucrados) en una historia. Ella –como muchos convocados por las organizaciones de noticias y sus emisarios, los reporteros– sintió que le estaban pidiendo amplificar el mensaje de dolor y horror. No aceptó los pedidos de entrevista.

“Contesté las diez primeras solicitudes, más o menos, explicando brevemente mis motivos para declinar. Las respuestas llegaron: “Entendemos”. ¿De verdad lo entienden? Probablemente. Todo el mundo está bajo la presión de producir “noticias de última hora”. Para ser líder en el ciclo de noticias. Esto se convirtió en un objetivo en sí mismo, y su existencia deja daños insondables. Confío en que la mayoría de los periodistas odiaron el hecho de enviarme ese correo electrónico, pero lo hicieron porque tenían que mantener sus trabajos. La mayoría de los periodistas son trabajadores, personas decentes y valientes, atrapadas en una profesión que está atascada entre los intereses empresariales y el coqueteo extraño con los medios de entretenimiento”, explica Mariane, quien al término de su artículo (traducido aquí por El Tiempo) comenta que las coberturas deberían cambiar, con un poco de decencia, y dejar las explicaciones simplistas y los propósitos sensacionalistas.

Leer: No olvides a Daniel Pearl, el reportero que decapitaron en 2002

 

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