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	<title>Alma Guillermoprieto &#8211; Clases de Periodismo</title>
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	<description>Escuela virtual de periodismo digital para América Latina</description>
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	<title>Alma Guillermoprieto &#8211; Clases de Periodismo</title>
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		<title>Lee el inspirador discurso de la periodista Alma Guillermoprieto, Premio Princesa de Asturias</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Oct 2018 21:10:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
		<category><![CDATA[Premio Princesa de Asturias de Comunicación]]></category>
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					<description><![CDATA[Alma Guillermoprieto, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, recibió este galardón con un emotivo discurso en el que recuerda a los reporteros asesinados en México o Nicaragua.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Alma Guillermoprieto</strong>, <a href="http://www.fpa.es/es/premios-princesa-de-asturias/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades</a>, recibió este galardón con un emotivo discurso en el que recuerda a los reporteros asesinados en México o Nicaragua, especialmente de su compañero y amigo Javier Valdez, al que mataron de 12 balazos al salir del semanario <em>Ríodoce en mayo del año pasado.</em></p>
<p><strong>Este es el discurso íntegro de Guillermoprieto al recoger el premio en Oviedo.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-297230" src="https://ww2.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2018/10/PREMIOS.jpg" alt="" width="2048" height="1365" /></p>
<p>Desde el día del despertar más raro de mi vida, a las 4:30 de la mañana, con la noticia imposible de que este premio era para mí, supe que la Fundación Princesa de Asturias es en realidad un centro de tejido: teje una red que entrelaza a francesas y españoles, estadounidenses y polacos, suecos y mexicanas, y a través de nosotros un poco más al mundo.</p>
<p>Esto me parece una gran cosa, porque yo soy de las que cree en las matemáticas:<br />
en estos tiempos de división, juntos somos más. De manera que gracias, Majestades, por este honor, y gracias a todos los integrantes del equipo de la Fundación Princesa de Asturias, por su ayuda tan diligente y cariñosa.</p>
<p>Desde ese mismo día del anuncio del premio supe también que en mi caso no me tocaba cargar yo sola con este galardón gigante, sino que se me daba como reportera que soy, una entre muchos. Y me alegra infinitamente este reconocimiento a un oficio al que solo se entra con grandes sueños e ilusiones: ver el mundo, cambiar la historia, ser heroicos.</p>
<p>La realidad es más estrecha: se gana poco; en estos tiempos en que el mundo ha entrado en revolución tecnológica, cibernética, científica, no tenemos certezas en que apoyarnos y el mundo nos quiere mal; se trabaja de sol a sol—aunque eso nos gusta, en realidad— hay una gran confusión en cuanto a cuál debe de ser nuestro papel, y en todo esto, somos el fiel reflejo de la sociedad en general. Y sin embargo, y por lo mismo que existe tanta confusión, hacemos falta.</p>
<p>Un mundo en el que las grandes potencias se involucran en las decisiones de países más pequeños, se trafica con niños; a los migrantes que llegan desesperados a nuestras fronteras se les vuelve a lanzar de una patada al mar o al desierto, es un mundo en el que hacemos falta para que quede constancia de estos horrores. También es un mundo en el que urge prepararnos para tomar decisiones éticas terribles: la vida generada en un laboratorio, ¿es vida? ¿Se deben regular las investigaciones que llevarán a la creación de una inteligencia artificial superior a la humana?</p>
<p><strong>¿Cómo se enterarían ustedes de estos y todos los demás hechos y retos que ocurren fuera de su entorno inmediato sin nosotros, los reporteros? Sin los medios, el mundo viviría en una especie de siglo XI, aislado cada quién en su villorrio o su castillo, igual de ignorantes los dos, convencidos de que son tan reales las sirenas como los rinocerontes. Sin un periodismo poderoso, bien financiado, respetado por los gobiernos, el mundo moderno, el mundo entrelazado, sería imposible.</strong></p>
<p>Pero en este oficio cuesta trabajo no solo vivir, sino sobrevivir. Este año han sido asesinados 45 reporteros, porque a alguien no le gustó lo que dijeron de él. Hace año y medio, en Madrid, regresaba yo al hotel después de la ceremonia del Premio Ortega y Gasset cuando me avisaron que en México, en la ciudad de Culiacán, cuna del narcotráfico de mi país, habían matado a tiros a mi valiente, inclaudicable amigo, <strong>Javier Valdez</strong>. Fue como si apagaran la luz del mundo. Estos asesinatos,siempre impunes, matan un poco no sólo a la víctima sino a todos los que lo rodean, y claro, esa es también la intención. Matan a uno para intimidar a todos. Sin embargo, estoy aquí para decir que donde matan a uno, a la larga suelen surgir dos, o por lo menos otro. Y que si antes intentaba disuadir a los jóvenes que me decían que querían ser periodistas, porque el peligro es mucho, porque los cambios tecnológicos, porque se gana poco, porque.. ay, por qué no hacer algo más fácil y vivir tranquilos.</p>
<p>Hoy sin embargo les digo, háganle, dénle nomás, porque contamos la historia del mundo todos los días. Porque dejamos constancia de lo que otros quieren tapar. Porque somos el antídoto de las redes sociales con su inmediatez y su potenciación de la rabia. Porque hacemos falta. Porque sí se puede ver el mundo, porque no podremos enderezar la historia, pero sí contarla, ser heroicos. Porque el futuro de este oficio lo están inventando hoy los colegas que vienen llegando, y a ustedes les aguarda un oficio generosísimo, que les ofrecerá tesoros a cada vuelta.</p>
<p>Un niño en una empobrecida favela brasileña que se pone por primera vez su traje de carnaval. Un candidato presidencial bien alegre que baila huaynos apretujando muy de cerca a una cholita con minifalda. Una caravana de madres que buscan en el desierto mexicano a sus hijos desaparecidos, año tras año. Un observatorio en el desierto de Atacama donde unos hombres se dedican a ver espejos para medir el tamaño del universo. Un páramo enneblinado en las alturas colombianas, que esconde tanto a guerrilleros como una variedad infinita de orquídeas. Ningún otro oficio como este les va a regalar un mundo, un universo, la realidad entera; trágica, abochornante, terca, chistosísima, horrenda, mágica. El regalo de la realidad real, inmensa y maravillosa.</p>
<p>Agradezco a mi oficio estos cuarenta años de vida vivida tan esforzadamente, agradezco a mis colegas —los reporteros de a pie, y en particular a mis atribulado colegas en Venezuela, Nicaragua, México, a quienes admiro tanto— y a ustedes por escuchar. Gracias, Majestades.</p>
<p><strong>TRAYECTORIA</strong></p>
<p>Nacida en Ciudad de México el 27 de mayo de 1949, Alma Guillermoprieto ha desarrollado toda su carrera en Estados Unidos. Siendo una adolescente se trasladó a Nueva York para vivir con su madre. Con formación de bailarina, en 1969 viajó a La Habana para impartir clases de danza y fue allí donde, en 1978, se inició en el periodismo como <em>freelance</em>. Comenzó como reportera de América Central para el diario <em>The Guardian</em> y más tarde para <em>The Washington Post</em>, donde fue redactora de plantilla en los años 80.</p>
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		<title>Alma Guillermoprieto: «Una historia es grande cuando sirve para hablar de otras cosas»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Oct 2018 12:54:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
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					<description><![CDATA["Los buenos reporteros, los buenos periodistas, somos todos unos grandes tramposos. Yo soy una gran manipuladora", sostiene Alma Guillermoprieto para reconocer que esas 'cualidades' le han servido en su carrera para acercarse a las historias que quería contar.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Una de las periodistas más notables del mundo, la mexicana Alma Guillermoprieto sostiene que una historia es importante «cuando sirve para hablar de otras cosas» que van más allá del mero relato de los hechos como su reportaje sobre las indígenas aimaras de Bolivia que, ataviadas con sus ropas tradicionales, se dedicaban en su país a la lucha libre, una actividad que convertía a unas mujeres «aplastadas y pobres» en seres teatrales y en artistas del escenario.</p>
<p><strong>«Los buenos reporteros, los buenos periodistas, somos todos unos grandes tramposos. Yo soy una gran manipuladora»,</strong> sostiene Alma Guillermoprieto para reconocer que esas &#8216;cualidades&#8217; le han servido en su carrera para acercarse a las historias que quería contar.</p>
<p>La reportera mantuvo un encuentro con escolares en un instituto de Mieres y una cita con el público titulada «Atesorando palabras» que fue moderada por el periodista Juan Cruz.</p>
<p>«La vida es dura, pero no es sólo dura, y en América Latina se asume que la dureza de la vida y la fiesta están compaginadas», indica respecto al continente sobre el que ha escrito todas sus crónicas y reportajes que la llevaron a relatar la revolución sandinista que derrocó a Anastasio Somoza, su primer entrevistado.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-297185" src="https://ww2.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2018/10/ALMA.jpg" alt="" width="1772" height="1183" /></p>
<p>Esas mujeres, ha recordado, tenían pánico a su jefe, al que pudo convencer de que le dejara hablar con ellas haciéndose pasar por una gran aficionada a la lucha libre en su México natal tras recurrir a esa faceta tramposa y manipuladora propia del buen reportero.</p>
<p>Guillermoprieto fue premiada por su escritura «clara, rotunda y comprometida» y el «enorme coraje» con el que ha dado a conocer la difícil realidad de Iberoamérica a lo largo de una trayectoria profesional marcada por su «profundo conocimiento de la compleja realidad» latinoamericana y para saber transmitirlo a los lectores angloparlantes, «tendiendo puentes en todo el continente».</p>
<p>La periodista mexicana Alma Estela Guillermoprieto, Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018, ha sido la primera de los ocho galardonados este año con estos premios en llegar a Oviedo, donde el próximo viernes el Rey presidirá la gala de entrega de estas distinciones.</p>
<p>Guillermoprieto, que recibió en 2017 el <a href="https://elpais.com/politica/2017/05/11/actualidad/1494503288_635154.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Ortega y Gasset a su trayectoria,</a> ha desarrollado la mayor parte de su carrera en medios anglosajones como <em>The New Yorker, The New York Review of Books, The Guardian</em> o <em>The Washington Post</em> y sus crónicas las encontramos en libros como <em>Al pie de un volcán te escribo</em> o <em>Desde el país de nunca jamás.</em></p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-297186" src="https://ww2.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2018/10/ALMA-EVENTO.jpg" alt="" width="1772" height="1183" /></p>
<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/14/actualidad/1539529195_144455.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer"> En entrevista con El País de España</a> respondió a una pregunta clave sobre el oficio:</p>
<p><strong>¿El periodismo se hace caminando?</strong></p>
<p>-Sí, a pie. Si no, no has hecho nada. Caminando y dándole el tiempo que se necesita. Yo he tenido el lujo de poder ser <em>freelance</em> y escribir en la época próspera de los medios. De poderle dedicar un mes a una nota o un año a mi primer libro.</p>
<p>La periodista opinó que el periodismo es para los jóvenes porque se requiere una cantidad de energía como en pocos oficios y porque es necesario sorprenderse cada vez. En mi caso, me resulta cada vez más difícil porque ves mucho mundo. Pero cuando se sorprende, escribe.</p>
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		<title>Alma Guillermoprieto: «Ser reportera es ir a ver»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 May 2018 22:38:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
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					<description><![CDATA[Alma Guillermoprieto, la cronista mexicana que ha recorrido el mundo para contar la historia de América Latina en medios como The New Yorker, ganó esta semana el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/tag/alma-guillermoprieto/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Alma Guillermoprieto</a>, la cronista mexicana que ha recorrido el mundo para contar la historia de América Latina en medios como The New Yorker, ganó esta semana el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018.</p>
<p><strong>Guillermoprieto reportó los conflictos en América Central, primero para The Guardian y luego para el Washington Post. En 1982, reveló junto a otro colega la masacre de civiles en El Mozote, </strong>en la que el ejército mató a cerca de 1.000 personas en el marco de la guerra civil en El Salvador.</p>
<p>Fue la corresponsal para América del Sur del semanario Newsweek, hasta que en la década de los 90 continuó como independiente.</p>
<p><strong>En sus reportajes ha abordado temas como la guerrilla de Sendero Luminoso en Perú, el terrorismo de Estado en Argentina o el drama del narcotráfico en Colombia y México. </strong></p>
<p>La profesora de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez fue entrevistada por diversos medios y esta es una selección de las lecciones que dejó:</p>
<ol>
<li>«El desencanto con el periodismo tiene que ver en parte con un desencanto con la realidad, la gente no quiere leer noticias tan malas. Por otro lado tiene que ver con el periodismo escandaloso que la gente identifica con todo el periodismo».</li>
<li>«Los periodistas por personalidad buscan historias tristes o terribles&#8230; Pero la realidad es más ancha que esa, incluye una enorme gama que los humanos no hacemos para ser felices y eso lo reporteamos poco, eso nos ha desprestigiado».</li>
<li>«La base del periodismo es encontrarse con la realidad lo más cerca posible, es llegar a la piel de la realidad, eso no ha cambiado y eso es lo que me mantiene interesada. Esa esencia es lo que emociona a los lectores».</li>
<li>«El periodismo sigue siendo el garante del derecho a la información. Su tarea es incomodar a los poderosos y empoderar a los que no tienen nada. La tarea del periodismo es molestar, decir verdades que no son bien recibidas, pintar el mundo. De ahí también vienen las amenazas que sufrimos y los asesinatos que sufrimos, porque nuestro trabajo es incomodar».</li>
<li>«Tengo la impresión de que la gente está empezando a darse cuenta de que necesita más información; está empezando a saturarse de periodismo chatarra, de eso internético que ni siquiera alcanza a llamarse periodismo, y que en tiempos tan confusos, como los de hoy, necesita más. No sé si este nuevo periodismo que creo que va a nacer sea capaz de unificar sociedades tan divididas como las nuestras, pero definitivamente contribuye».</li>
<li> «Ser reportera es ir a ver».</li>
<li>«Hacemos falta siempre. Y nuestro trabajo, hecho con respeto, quedará para la <strong>historia</strong>“.Fuentes: El Universal / EFE /NTR</li>
</ol>
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		<title>Alma Guillermoprieto, premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018</title>
		<link>https://www.clasesdeperiodismo.com/alma-guillermoprieto-premio-princesa-de-asturias-de-comunicacion-y-humanidades-2018/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 May 2018 14:23:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
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					<description><![CDATA[El galardón reconoce la larga "trayectoria profesional y su profundo conocimiento de la compleja realidad de Iberoamérica" de esta escritora, periodista y profesora que representa los mejores valores del oficio.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Aplausos. La periodista mexicana <a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/tag/alma-guillermoprieto/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Alma Guillermoprieto</a> (1949) ha sido galardonada con el <a href="http://www.fpa.es/es/premios-princesa-de-asturias/premiados/2018-alma-guillermoprieto.html?texto=trayectoria&amp;especifica=0" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018. </strong></a></p>
<p>Como reportera inició su carrera cubriendo para <em>The Guardian</em> la revolución sandinista en la Nicaragua de los setenta y más tarde se pasó al <em>Washington Post</em>, periódico estadounidense en el que reveló la masacre del Mozote en El Salvador.</p>
<section id="sumario_1|apoyos" class="sumario_apoyos derecha">El jurado, señala El País, destacó la escritura «clara, rotunda y comprometida», con la que ha sabido tender «puentes en todo el continente americano» y su «con enorme coraje, también en el ámbito de la comunicación anglosajona».</section>
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<section class="sumario_apoyos derecha">El galardón reconoce la larga «trayectoria profesional y su profundo conocimiento de la compleja realidad de Iberoamérica» de esta escritora, periodista y profesora que representa los mejores valores del oficio. </section>
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<section class="sumario_apoyos derecha"><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/tag/alma-guillermoprieto/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Alma Guillermoprieto</a>  forma parte de la Fundación para el Nuevo Periodismo fundada por García Márquez.</section>
<section class="sumario_apoyos derecha"></section>
<h2 class="sumario_apoyos derecha">UN HONOR INMENSO</h2>
<section class="sumario_apoyos derecha"></section>
<section class="sumario_apoyos derecha"><strong>«Este premio me llena de asombro, alegría -y susto- por su significado e historia. El Premio Princesa de Asturias es la institución por medio de la cual España se enlaza al mundo y el mundo a España. Es un honor inmenso ser un eslabón más de esta historia y por fortuna no cargo con el peso del premio yo sola, pues sé que es un reconocimiento a todos los de mi oficio, el periodismo, que ha sido y sigue siendo la manera más emocionante de vivir el mundo”</strong>, declaró Alma tras conocer que había sido galardonada.</p>
<h2>ESTOS SON ALGUNOS DE SUS LIBROS</h2>
<p>-Samba (1990), sobre una temporada en una escuela de samba en Río de Janeiro<br />
-El año en que no fuimos felices (1998) Colección de artículos sobre la crisis mexicana.<br />
-Al pie de un volcán te escribo — Crónicas latinoamericanas (1995; publicada primero en inglés, el año anterior, bajo el título de The Heart That Bleeds: Latin America Now)<br />
-Las guerras en Colombia: Tres ensayos (1999)<br />
-Looking for History: Dispatches from Latin America (2001).<br />
-La Habana en un espejo (2005)<br />
-Los placeres y los días (2016)</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-296656" src="https://ww2.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2018/05/ag-4-4-alma-esp.jpg" alt="" width="865" height="315" srcset="https://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2018/05/ag-4-4-alma-esp.jpg 865w, https://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2018/05/ag-4-4-alma-esp-300x109.jpg 300w, https://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2018/05/ag-4-4-alma-esp-768x280.jpg 768w" sizes="(max-width: 865px) 100vw, 865px" /></p>
</section>
<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/2016/08/28/alma-guillermoprieto-los-editores-son-la-gran-ausencia-en-internet/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">En diálogo con El País</a>, la mexicana sostuvo hace poco que el odio y la rabia son lo peor de Internet, pero reconoce que en la web hay un periodismo excelente.</p>
<p>Guillermoprieto es miembro honoraria de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias y doctora honoris causa por el Baruch College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Entre los premios que ha recibido están el Maria Moors Cabot (EE.UU., 1990), el de la Asociación de Estudios Lationamericanos a Medios (EE.UU., 1992); el MacArthur Fellow (EE.UU., 1995); el George Polk (EE.UU., 2000); dos del Overseas Press Club of America en 2008 y 2010 (compartido con Shaul Schwarz); el Lifetime Achievement de la International Women’s Media Foundation (EE.UU., 2010) y el Premio Ortega y Gasset a la Trayectoria Profesional del diario <em>El País</em> (España, 2017).</p>
<p>&nbsp;</p>
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			</item>
		<item>
		<title>¿Por qué debes leer todo lo que publica Alma Guillermoprieto?</title>
		<link>https://www.clasesdeperiodismo.com/por-que-debes-leer-todo-lo-que-publica-alma-guillermoprieto/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Apr 2017 18:00:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Alma Guillermoprieto (Ciudad de México, 1949) es una de las mejores reporteras del mundo. Lo hemos dicho varias veces en esta web. Esta semana ha sido galardonada por su trayectoria profesional con el premio Ortega y Gasset.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/tag/alma-guillermoprieto/" target="_blank"><strong>Alma Guillermoprieto</strong></a> (Ciudad de México, 1949) es una de las mejores reporteras del mundo. Lo hemos dicho varias veces en esta web. Esta semana ha sido galardonada por su trayectoria profesional con el <a href="http://www.premiosortegaygasset.com/ediciones-anteriores.html" target="_blank">premio Ortega y Gasset.</a></p>
<p>La periodista y escritora mexicana Alma Guillermoprieto comenzó su carrera profesional a mediados de la década de los 70 en The Guardian y The Washington Post. En los años ochenta, fue jefa para América del Sur de la revista Newsweek. En la década siguiente comenzó a escribir reportajes para las revistas The New Yorker y The New York Review of Books.</p>
<p>El jurado destacó la capacidad de Guillermoprieto para hacer como mexicana un periodismo de alcance internacional, «con el que ha sabido transmitir las complejidades de la realidad latinoamericana en general y de su país en particular».</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-275798" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2016/03/Alma-Guillermoprieto-1.jpg" alt="Alma-Guillermoprieto" width="1500" height="800" /></p>
<h2>ESTOS SON ALGUNOS DE SUS LIBROS</h2>
<p>-Samba (1990), sobre una temporada en una escuela de samba en Río de Janeiro<br />
-El año en que no fuimos felices (1998) Colección de artículos sobre la crisis mexicana.<br />
-Al pie de un volcán te escribo — Crónicas latinoamericanas (1995; publicada primero en inglés, el año anterior, bajo el título de The Heart That Bleeds: Latin America Now)<br />
-Las guerras en Colombia: Tres ensayos (1999)<br />
-Looking for History: Dispatches from Latin America (2001).<br />
-La Habana en un espejo (2005)<br />
-Los placeres y los días (2016)</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-275797" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2016/03/Alma-Guillermoprieto.jpg" alt="Alma-Guillermoprieto" width="1500" height="800" /></p>
<p>La periodista, tallerista de la Fundación Gabriel García Márquez de Nuevo Periodismo, <a href="http://elpais.com/diario/2009/02/01/domingo/1233463955_850215.html" target="_blank">respondió así a Juan Cruz</a> sobre lo que enseña a los estudiantes de periodismo.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>¿Qué les ha enseñado a los chicos?</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">-Nada. Les puse a leer sus propios textos, y a criticarse. Como para dejarles con la idea de que el periodismo en comunidad con los lectores, pero también entre ellos mismos. No hay nada más sabroso que juntarse en una cantina un jueves por la tarde una vez al mes a comentar todos los textos de la semana. Eso es un taller. Un taller mío, por lo menos.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>El periodista ahora es multimedia. ¿Cuál es su definición del periodista hoy?</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">-Hay muchos periodistas. Yo suelo hablar del periodista que quisiera ser: equitativa, que trata de seguir una cierta orientación moral en cuanto a lo que quiere reportear… En fin, que quisiera estar llena de virtudes. Pero, qué va, también manipulo, por mucho que trate de no hacerlo. Vi debates entre republicanos norteamericanos durante la campaña para elegir a Trump y la manipulación era atroz, los ataques a los candidatos demócratas eran desvergonzados… ¿Los periodistas que los seguían eran de veras objetivos, no estaban siendo manipulados? Los procesos de Internet hacen que esté ausente la edición que ayuda a moderarte un poco. Creo que al periodismo lo que le falta es el proceso de edición. Los editores son la gran ausencia en Internet, porque ellos obligan a no potenciar nuestro lado débil, el que se acomoda a lo que oye. La figura del editor es la gran pérdida de Internet.</p>
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		<title>Alma Guillermoprieto: «Los editores son la gran ausencia en Internet»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Aug 2016 18:03:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[La maestra Alma Guillermoprieto no es de conceder muchas entrevistas, pero cuando eso pasa deja grandes lecciones.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La maestra<strong> Alma Guillermoprieto</strong> no es de conceder muchas entrevistas, pero cuando eso pasa deja grandes lecciones.</p>
<p><a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/27/actualidad/1472301308_229432.html?id_externo_rsoc=TW_CC" target="_blank">En diálogo con El País</a>, la mexicana –considerada una de las mejores reporteras del mundo–,  sostiene que el odio y la rabia son lo peor de Internet, pero reconoce que en la web hay un periodismo excelente.</p>
<p>Para ella, Internet ha sido una bendición para el periodismo, sin embargo, ha traído castigos: “Ha hecho estragos. Ha roto la plaza pública de las opiniones diferentes, y ha hecho que acudan a esa plaza multitudes que buscan a quienes opinan lo mismo que ellos. Para alguien que estudia en Texas sobre el arte renacentista en Ravenna, Internet es una bendición, porque tiene accesos a los archivos de aquella universidad italiana. Y para el periodismo ha sido una bendición también, porque podemos mandar nuestras crónicas de inmediato, y salen como las enviamos. Y, además, ha sido una bendición para el periodismo porque las investigaciones previas las podemos hacer a gran profundidad. Pero también ha traído grandes castigos. Uno de ellos es que la gente ya no tiene que acudir a mí para recibir información, puede acudir al vecino que estaba en el lugar de los hechos. Mira lo que pasó con el Chapo: lo que se vio fue el famoso videíto que alguien tomó con su teléfono. Eso está ahí y eso vale mucho más que una profunda investigación sobre los antecedentes del Chapo”.</p>
<p><strong>El periodista ahora es multimedia. ¿Cuál es su definición del periodista hoy?</strong></p>
<p><strong>&#8211;</strong>Hay muchos periodistas. Yo suelo hablar del periodista que quisiera ser: equitativa, que trata de seguir una cierta orientación moral en cuanto a lo que quiere reportear… En fin, que quisiera estar llena de virtudes. Pero, qué va, también manipulo, por mucho que trate de no hacerlo. Vi debates entre republicanos norteamericanos durante la campaña para elegir a Trump y la manipulación era atroz, los ataques a los candidatos demócratas eran desvergonzados… ¿Los periodistas que los seguían eran de veras objetivos, no estaban siendo manipulados? Los procesos de Internet hacen que esté ausente la edición que ayuda a moderarte un poco. <strong>Creo que al periodismo lo que le falta es el proceso de edición. Los editores son la gran ausencia en Internet, porque ellos obligan a no potenciar nuestro lado débil, el que se acomoda a lo que oye. La figura del editor es la gran pérdida de Internet</strong>.</p>
<p>Lee la entrevista completa <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/27/actualidad/1472301308_229432.html?id_externo_rsoc=TW_CC" target="_blank">aquí </a></p>
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		<title>Alma Guillermoprieto: «La reportería me ha regalado infinidad de mundos»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Mar 2016 03:18:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
		<category><![CDATA[México]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[La periodista Alma Guillermoprieto, reportera de raza y autora de libros como «Al pie del volcán te escribo» o «El páis del nunca jamás» sostiene en una entrevista con AM de México que la narrativa es esencial para el periodismo. “Siempre he sido una persona que hace una sola cosa obsesivamente.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La periodista Alma Guillermoprieto, reportera de raza y autora de libros como «Al pie del volcán te escribo» o «El páis del nunca jamás» sostiene en una entrevista con <a href="http://www.am.com.mx/2016/03/21/mexico/el-periodismo-no-se-va-a-terminar-271442" target="_blank">AM de México</a> que la narrativa es esencial para el periodismo.</p>
<p><strong>“Siempre he sido una persona que hace una sola cosa obsesivamente. La tarea de la reportería actual exige hacer muchas cosas al mismo tiempo”</strong>, apunta la periodista de 66 años, quien reconoce que no ha cambiado, pero el mundo sí. Y en ese sentido, está escribiendo notas menos extensas: <strong>«Porque los medios para los que yo trabajo, que han sido los grandes medios, no tienen el presupuesto. Una palabra cuesta dinero. Cuesta el dinero que me pagan a mí, cuesta el dinero que hay que pagar por el papel donde va impresa esa palabra. Cuesta el tiempo del editor que va a editar esa palabra. Mil palabras cuestan mil unidades de dinero”.</strong></p>
<p>Guillermoprieto -que no tiene ni Twitter, Facebook, Instagram o blog– reconoce que los nuevos modelos periodísticos no son para ella, y posiblemente no hubiera podido sobrevivir al periodismo actual de inmediatez informativa y multitasking.</p>
<p>La periodista reconoce que en América Latina está pendiente la falta de investigación.<br />
“No estoy diciendo que no haya periodistas corruptos que tengan fuentes en la procuraduría, por ejemplo, digo que hace falta que periodistas no corruptos desarrollen fuentes en la procuraduría. Se piensa que si uno tiene acceso al expediente de un caso, es señal automática de corrupción. Eso es un prejuicio».</p>
<p><strong>-¿Cuáles son los pendientes del periodismo de investigación en América Latina?- se le pregunta.</strong></p>
<p>-El periodismo empresarial. No hay periodismo que haga reportería real sobre las empresas y sus actos. Hace falta también el periodismo de investigación científico. Es urgente. Estamos en América Latina como bebés de chupete. Y los cambios nos los imponen sin que nosotros ni siquiera sepamos lo que nos están haciendo. Llega la tecnología, nos dicen: “es buena”. Y lo asumimos porque no sabemos cómo funcionan las cosas. Ese periodismo científico es urgente.</p>
<p>Durante casi 40 años, Guillermoprieto se ha lanzado a las calles para contar historias, las cuales recopila en su nuevo libro &#8216;Los placeres y los días&#8217;.</p>
<blockquote class="instagram-media" style="background: #FFF; border: 0; border-radius: 3px; box-shadow: 0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width: 658px; padding: 0; width: calc(100% - 2px);" data-instgrm-captioned="" data-instgrm-version="6">
<div style="padding: 8px;">
<div style="background: #F8F8F8; line-height: 0; margin-top: 40px; padding: 61.4814814815% 0; text-align: center; width: 100%;"></div>
<p style="margin: 8px 0 0 0; padding: 0 4px;"><a style="color: #000; font-family: Arial,sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 17px; text-decoration: none; word-wrap: break-word;" href="https://www.instagram.com/p/BA57Dathm42/" target="_blank">#librosparaperiodistas</a></p>
<p style="color: #c9c8cd; font-family: Arial,sans-serif; font-size: 14px; line-height: 17px; margin-bottom: 0; margin-top: 8px; overflow: hidden; padding: 8px 0 7px; text-align: center; text-overflow: ellipsis; white-space: nowrap;">Una foto publicada por Clases de Periodismo (@cdperiodismo) el <time style="font-family: Arial,sans-serif; font-size: 14px; line-height: 17px;" datetime="2016-01-24T02:28:58+00:00">23 de Ene de 2016 a la(s) 6:28 PST</time></p>
</div>
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		<title>&#034;Los buenos editores son más preciosos que un rubí y mucho más escasos&#034;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Esther Vargas]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 May 2011 17:40:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
		<category><![CDATA[medios]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[La maestra Alma Guillermoprieto ofreció esta ponencia magistral de clausura en el Foro Centroamericano de Periodismo El Faro 2011. Compartimos el texto íntegro.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La maestra <a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/2011/05/13/la-tarea-de-un-reportero-es-mirar-mirar-bien-y-no-parpadear/" target="_blank">Alma Guillermoprieto</a> ofreció esta <a href="http://www.elfaro.net/es/201105/opinion/4160/" target="_blank">ponencia magistral </a>de clausura en el Foro Centroamericano de Periodismo El Faro 2011<em>. </em>Compartimos el texto íntegro.</p>
<figure id="attachment_37437" aria-describedby="caption-attachment-37437" style="width: 500px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2011/05/get_img.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-37437" title="Alma Guillermoprieto" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2011/05/get_img-500x334.jpg" alt="" width="500" height="334" /></a><figcaption id="caption-attachment-37437" class="wp-caption-text">El Faro</figcaption></figure>
<p>Hace ya casi treinta y cuatro años, por ahí de finales de octubre de 1978, llegué por primera vez a El Salvador. Hace ya treinta años que no había vuelto a este país. Para mí, pues, esta visita está cargada de emociones y recuerdos añejos, y de desconcierto. He encontrado una ciudad en partes casi irreconocible, pero también el mismo calor de antes. El mismo acento entrañable, y en los rostros, la huella genética de los actores—hoy ya muertos casi todos—que protagonizaron las jornadas terribles de una época que no acaba de terminar. Es un encuentro entre aterrado y expectante con una realidad que, antes de que muchos de ustedes nacieran, me fue íntima y me perteneció.</p>
<p>Cuando llegué acá llevaba ya casi dos meses como reportera, y hasta puedo decir que me comenzaba a sentir un poco veterana. A Nicaragua había llegado a comienzos de septiembre, en plena insurrección sandinista y como una perfecta novata, pero me había encontrado en seguida con toda una comunidad de reporteros internacionales que me acogieron en su medio y se encargaron de ayudarme a hacer mis pininos en el periodismo. En cambio a San Salvador llegué sola. Tenía apenas una lista de nombres recomendados por mis colegas. Ese primer día me sentí huérfana.</p>
<p>Por fortuna, entre los nombres venían el de Pepe Simán, de cuya bondad y valentía puede dar fe cualquiera de los presentes, y el de César Jerez, un guatemalteco rebotón y simpático que era a la sazón el provincial de los jesuitas. No sé por qué—quizás por la cara de despistada que tenía—me tuvo confianza, en un momento en que la desconfianza rayana en la paranoia era necesaria para sobrevivir al terror que amenazaba a quienes buscaban cambiar un sistema, un modo de vida, una cultura criminalmente injusta y enajenante. Le dije a César que quería conocer la realidad del país—frase de principiante—y él no se rió, sino que tras pensarlo un momento me dijo que conocía a un joven cristiano que me podría llevar el domingo después de misa a conocer un lugar que vivía circunstancias muy difíciles. Me dijo el nombre, Cinquera, que no me significó nada. Pero vestíte de una manera decente, vos, me encargó. Tratá de no llamar la atención.</p>
<p>Hice lo posible: me compré medias, me puse tacones, cambié mi falda larga de jipiteca por una más corta, y me declaré decente. El joven cristiano pasó por mí en una combi acompañado de un campesino aun más joven y con cara de asustado. Siguiendo sus indicaciones nos fuimos por veredas y entre montes un par de horas, durante las cuales disfruté del paisaje y agradecí la bonita excursión.</p>
<p>Párese allá donde está el tunco, le dijo nuestro guía al que manejaba. Yo pensé que ‘tunco’ era algo así como esas bolardas de cemento que marcan los kilómetros en las carreteras, y cuando ví que se trataba más bien de un enorme chancho me pareció que estos salvadoreños eran de verdad gente muy organizada—ya me lo habían advertido en Nicaragua—que mandaba acostarse a un chancho en el lugar indicado para que los viajeros supiéramos por dónde iba el camino. Nos bajamos del van.<br />
-¿Y ahora?<br />
Y ahora a caminar, me dijo el joven cristiano. Procurá no llamar la atención.</p>
<p>Como a la media hora, con los zapatos y las medias deshechas, empapados los pies, me di cuenta de que el camino por el que íbamos descendiendo no era tal, sino el lecho no muy seco de un riachuelo. De manera confusa fui entendiendo que de los que no había que llamar la atención era de los ORDEN, que, quién sabe cómo, merodeaban por ahí. ¿Qué, o quiénes eran? ¿En qué se les distinguía? ¿Dónde estaban? Nada me quedaba claro. Yo siempre he logrado parecer más lista de lo que soy, pero en ese paisaje y en esa situación no había manera de disfrazar mi condición de tonta absoluta. Llovía.</p>
<p>Llegamos, por fin, a un caserío, una vereda bordeada de unas cuantas casuchas de bahareque. Alguien nos metió apresuradamente en una. Nos indicaron silencio, nos dijeron que no nos asomáramos a la puerta, que nos mantuviéramos agachados. De uno en uno, fueron llegando los vecinos, mujeres con las coyunturas nudosas típicas de la desnutrición, con vestiditos de percal y delantales amarrados arriba de las barrigas protuberantes, hombres encorvados por el trabajo de campo, cholcos, cansados, asustados. De uno en uno, nos fueron contando la realidad que yo había dicho que quería conocer. Resultó un conocimiento pesado.</p>
<p>Que si a una mujer le habían matado a su hijo, que si otra había encontrado a su marido muerto, todo tuqueadito con un corvo. Otro, y otro más, todos tuqueaditos. Batallando por entender el acento campesino, tardé en entender el significado de la frase. Creo que fue el diminutivo lo que me mató: tuqueadito&#8230;</p>
<p>Organizados como estaban en esa comunidad por los curas, habían aprendido a hacer listas de todo. Me presentaron, uno a uno, los inventarios de su pobreza. Que si en la casa de uno se le habían llevado un cesto con naranjas y otro de maíz en grano&#8230; Entregaron la lista. Que si a otro le habían robado el radio y le habían cortado todas las pitas de su catre&#8230; Hicieron entrega de la lista, con fecha y nombre del denunciante. Aprendí así que en El Salvador se dormía encima de un marco atravesado por un entramado de cuerdas o pitas, y que pobreza significaba que, una vez cortadas esas pitas, no había para comprar otras nuevas y tocaba dormir en el suelo. Y seguía el listado. Que si a la niña la habían violado, que si a la declarante también&#8230; Presentaban el testimonio firmado. ¿Quiénes habían hecho todo esto? Los ORDEN, decían, bajando todavía más la voz. ¿Quiénes eran estos ORDEN, dónde estaban? Señalaban con los labios: Allí, afuerita nomás.</p>
<p>Yo creo que pasaron años antes de que pudiera entender que los ORDEN eran ellos mismos, los mismos campesinos del lugar, pero convertidos en verdugos aquellos de estos otros. Saco en conclusión ahora que la guerra llamada civil de El Salvador no fue tal, no fue una mitad de la población alzada en armas en contra de la otra, pero sí fue una guerra intestina, larvada, en la que, entre otras barbaridades, unos campesinos—sobre todo campesinos—fueron usados para asesinar a sus vecinos, a sus compadres y a sus primos, haciendo de noche y a escondidas lo que el gobierno no podía hacer a la luz del día.</p>
<p><strong>Nunca he sido de los que creen que el periodismo sirve para cambiar al mundo. Mi experiencia personal es más bien que el periodismo sirve para muy poca cosa. Después de ese viaje a Cinquera escribí puntualmente lo que ví y escuché, y ese artículo y muchos más se publicaron, primero en The Guardian de Inglaterra y después en The Washington Post, sin efecto alguno. Con el tiempo fuimos cientos los periodistas que desde Nicaragua, desde El Salvador, desde Guatemala, describimos para el mundo atrocidades sin límite, día tras día, año con año, y ni se detuvieron las matanzas ni se paró la guerra, ni hubo un muerto menos como consecuencia de nuestro trabajo.</strong></p>
<p>Y sin embargo, treinta años después, sigo aquí, y ustedes, jóvenes periodistas que en muchos casos ni siquiera habían nacido aquel día en que yo escuché por primera vez aquel verbo horrendo, están aquí hoy, entusiastas y atentos, reunidos con gran esfuerzo de todos para hablar del oficio y discutir qué hacer, cómo hacer, en dónde ejercer el periodismo, con qué materiales armar hoy lo que García Márquez bautizó hace tiempo, con toda sinceridad, el mejor oficio del mundo. Y lo estamos haciendo en un momento en que se dice hasta la saciedad que el periodismo está en crisis, que se acaba, que se cae, que los grandes medios están condenados a muerte, que los periodistas tradicionales no tenemos futuro. Cosas que además yo creo. ¿Entonces, por qué estamos aquí?</p>
<p>Déjenme aclarar, además, que tampoco creo que tengo obligación alguna de hacer, o ser, o creer, cualquier cosa. No creo que los intelectuales tengamos la obligación de dar testimonio de nuestro tiempo, ni los artistas la obligación de reflejar la realidad en su arte, ni siquiera los obreros la obligación de tener conciencia de clase. Ni los chicanos de hacer estudios chicanos ni los mexicanos de bailar el jarabe tapatío, ni las tamaleras de cocinar tamales enraizados en su auténtica tradición cultural. No soy militante, y creo firmemente en un periodismo alejado de todos los ismos. No creía lo mismo cuando llegué por primera vez a este país, por cierto. Es una convicción ganada a pulso. ¿Para qué, entonces, hacer periodismo? A falta de militancia y en ausencia de la obligación moral en abstracto, ¿por qué seguir en el oficio?</p>
<p><strong>En mi caso personal, para satisfacer una curiosidad inagotable, para entender el mundo, o la porción del mundo que me ha sido dado ver, y para vivir una aventura maravillosa, pues yo creo que es sano reconocer que los reporteros vamos en busca tal vez de la verdad, pero con toda seguridad también de la aventura. Para mí—hablo solamente por mí—una parte importante de esa aventura es el placer de la mirada, el placer del asiento de primera fila ante el gran teatro del mundo. Esa mirada es la que le prestamos a nuestros lectores y por la cual vale la pena correr los riesgos que por momentos se nos atraviesan. Pero a esa mirada, que es quizá la principal herramienta de nuestro oficio, toca pulirla, refinarla, cultivarla, disciplinarla.</strong></p>
<p><strong>Voy a tratar de ser un poquito menos lírica y más clara. A estas alturas es tonto pretender que una reportera es igual a una máquina fotográfica. La objetividad no existe. Cada uno de nosotros llega al lugar de la reportería desde su propia historia, y llega con su propia personalidad, y con todos sus conocimientos, o falta de ellos, y todas sus ilusiones o prejuicios a cuestas. Lo que le transmitimos a nuestra lectora inevitablemente reflejará quiénes somos y de dónde venimos. Y lo mismo es válido para los fotógrafos. Lo que una fotógrafa enmarca es al mismo tiempo lo que elimina del encuadre, y lo que encuadra y lo que elimina están igualmente definidos por su historia, sus prejuicios y sus pasiones. Nadie es una máquina fotográfica. Entonces, para poder equlibrar, es importante saber quiénes somos, conocernos a nosotros mismos, reconocer los prejuicios y las pasiones con que salimos a reportear. No ser objetivos, puesto que es imposible, sino equitativos, y decir, implícitamente, ‘lo que ustedes están leyendo no es la realidad, es mi experiencia de la realidad el dia de hoy, y he tratado de presentarles, lo mejor que pude, una visión completa de ella.’<br />
</strong><br />
En lo que a veces llamamos crónica y otras veces narrativa no-ficción hay mucha más libertad para dejar clara nuestra presencia a través del uso de la ironía, de los adjetivos y los adverbios, del humor, de aquello que llamamos la voz de la autora—o sea, la manera característica en que narramos lo que nuestros ojos vieron. Un lector busca tal vez leer una crónica porque le interesa el tema. Pero se quedará con nosotros hasta el final del texto porque se enamoró de la voz. No hay de otra. Todo está en la voz, que algunos llamarían estilo, pero que yo prefiero llamar voz. El estilo parece una cosa superpuesta, adquirida, como un abrigo muy fashion, pero la voz refleja lo que somos y lo que sentimos.</p>
<p>Mi editor y gran amigo, Bob Gottlieb, se rie mucho de mí, y siempre me dice: tú no estás contenta hasta que no logras meter en tu crónica a una viejecita andrajosa, campesina, que va caminando desde un río trabajosamente, cuesta arriba, cargando un cántaro pesado lleno de agua, y cantando. Pues es cierto. Desde que me lo dijo la primera vez lucho contra esa necesidad mía pero no hay nada que hacer, reaparece la viejita encorvada una y otra vez en mis textos. Por lo menos ahora, desde que me hice conciente de ella, la disfrazo de mil modos.</p>
<p><strong>De esta anécdota saco algunas conclusiones: que un buen editor sabe enseñar a sus reporteros a reírse de si mismos con cariño y sin sacar sangre, y que los editores que se apasionan tanto como su autor por un texto son colaboradores indispensables de un buen reportaje. Y otra más: todos sabemos que en América Latina los buenos editores son más preciosos que un rubí y mucho más escasos. He aquí tal vez la gran ausencia que hay que suplir para lograr que el periodismo latinoamericano dé el gran salto hacia la madurez. Hacen falta grandes dueños de medios—dueños idealistas, apostadores, arriesgados, patriotas, inclaudicables, sagaces, implacables, soñadores y buenos para la grilla. Y hace falta que nombren editores de su mismo talante y que les den vía libre para hacer el periodismo del mañana. En papel o en virtual, poco importa el medio. Yo creo que este foro existe y tiene la capacidad de convocatoria que tiene justamente porque refleja la conciencia de esa necesidad. Aquí estamos todos discutiendo no sólo cómo hacer mejor reportería y escribir textos mejores, sino cómo hacer el periodismo de mañana, y eso necesariamente pasa por los editores y los dueños de medios. El Faro, por cierto, es una clara muestra de que no se necesita empezar con proyectos grandes y lujosos, y que de pronto, ante una realidad tan incierta, frente a una tecnología tan arrasadora y tan cambiante, hasta sea mejor, tal vez, empezar con proyectos muy modestos.</strong></p>
<p>Los nuevos medios y sus editores seguramente se hacen todas las mañanas la misma pregunta que me hago yo al salir a reportear:¿Cuáles son los temas candentes de hoy? ¿A qué le debo dedicar mi primera plana hoy, y cuál debe ser mi primera plana de aquí a seis meses? Es decir, ¿cuál es la noticia del día, y cuál es la realidad de mi país, de mis lectores, a la que le debo invertir más tiempo y dinero? ¿Y cómo enfocar esa realidad? ¿Qué encuadrar en la máquina fotográfica, y qué dejar por fuera? ¿Cuántos proyectos de largo aliento tengo en el horno que buscan entender el pasado, y cuántos que se ocupen del futuro? ¿Qué es lo que está sucediendo hoy que va a cambiar la realidad de mañana?</p>
<p>Las cien horas que llevo aquí alcanzan para darme cuenta de que la lista de prioridades, los temas del día y del mañana se parecen asombrosamente, ya sea que miremos hacia Colombia o Venezuela o hacia México, Honduras, o El Salvador. Corrijo: no sólo se parecen sino que nos unen. La falta de democracia; la disfuncionalidad de nuestros sistemas judiciales; nuestro deseo de ser seducidos por mercachifles y demagogos; nuestros campesinos, que trabajan una tierra cada vez más áspera y terminan por huir. Y claro, el gran tema, el que no nos deja en paz y que también nos seduce: la violencia, que hoy se manifiesta a través del narcotráfico.</p>
<p>Todos tenemos claro que entre la violencia actual y la de ayer hay una diferencia moral cualitativa. Y al mismo tiempo entendemos que sin los conflictos que desgarraron Centroamérica hace tres décadas no existirían ni las armas ni la costumbre de la muerte que hoy potencian a los zetas, a las maras, y a tantos otros protagonistas de nuestras pesadillas. Y hay medios centroamericanos, notablemente El Faro, que han explorado los resquicios e intersticios de la violencia como muy pocos en el continente. Pero creo que hace falta también hacer un examen, y auto-examen, de nuestro amor por la violencia. No es una tarea necesariamente para los reporteros; corresponde más a los sociólogos y a los historiadores, pero sí creo que es bueno mantener por lo menos un diálogo entre nosotros al respecto: ¿Por qué siempre nos llamó más la atención el Ché que Ghandi? ¿Por qué nuestros santos preferidos son los mártires y no los poetas como Juan de la Cruz, o incluso los buenos gobernantes como dicen que fue San Luis? Si reflexionamos un poco, podemos concluir que Pablo Escobar cambió el mundo mucho menos que Gregory Pincus, el inventor de la primera píldora anticonceptiva.  ¿Por qué, entonces, somos tantos los que preferimos cubrir la fuente de violencia a la de ciencia o sociedad?</p>
<p>No estoy diciendo que no haya que cubrir, o haya que cubrir menos, el fenómeno del narcotráfico. Obvio. Es la forma de violencia que hoy día constituye la mayor amenaza a nuestra sociedad y llevar la noticia de él a los ojos del mundo es una actividad peligrosa y desgastante. Simplemente señalo que el mundo es más que eso, mucho más, y que hay que cubrirlo entero.</p>
<p>Volver después de treinta años a un país es volver a un lugar desconocido. Los que estaban ya no están, los que están nos son extraños. Las cosas que uno quisiera no encontrar siguen allí. Basta con asomarse desde la extensa terraza de mi hotel de lujo para ver una barranca en la que las casuchas de techo de latón viven agazapadas, como queriendo que nadie las descubra. Uno se asoma por el otro costado y ve las casas—ni siquiera de los ricos, sino de los acomodados—prácticamente envueltas en alambre de púas, envueltas, en realidad, en el terror a los pobres. Estoy en la zona en la que hace tantos años caminaba uno por la avenida Escalón y las señoras de sociedad bajaban el vidrio de sus 4&#215;4 a gritarnos “¡Periodistas asesinos, digan la verdad!” Quisiera sentir que esas rabias e intolerancias, esos rencores asesinos, han desaparecido. Más bien siento que las amenazas que se ciernen sobre los periodistas se multiplican—es otro tema que nos une, desde Brasil hasta la frontera norte de México—y que sigue esa voluntad incomprensible de confundir la bala con el mensajero. Aclaro: nosotros no somos la bala.</p>
<p>Hace unos días volví a Cinquera, buscando allá a alguien que se acordara de mí, que me devolviera el rostro de la persona que estuvo y que miró en aquel entonces. No tuve suerte, pero encontré otras cosas, como siempre ocurre cuando uno sale a reportear. Pensaba encontrar un lugar que había logrado la paz y  encontré más bien un pueblo rabiosamente dividido. Pensaba encontrar un lugar de escombros, y lo que había era un pueblo marginado todavía, con terribles carencias, todavía, pero levantado ladrillo sobre ladrillo, casa por casa, por sus tesoneros habitantes. Adentro de esas nuevas casas habitan también dos ideologías y dos maneras encontradas de ver el mundo. Tienen también dos maneras de ver las ruinas que dejó la guerra—la verdadera guerra, que empezó después de que yo me fui. Unos, los habitantes históricos, quieren que ciertos sitios bombardeados queden como monumento a los caídos, que fueron tantos. Otros, los recién llegados, quisieran usar las retroexcavadoras y los tractores que han traído para tapar el pasado y comenzar de nuevo.</p>
<p>No sé muy bien en qué punto encontrar el término medio de este debate—o mejor dicho, el término justo—pero sé que nada de eso lo sabría si no hubiera salido a reportear. Y salí a hacer lo que después de 35 años me sale más fácil porque no se me ocurrió mejor manera de volver.</p>
<p>Y supongo que si fuera yo reportera salvadoreña la pregunta que me atormentaría desde el espejo retrovisor sería si valió la pena tanto sufrimiento, tanta abyección, tanto dolor, tanta muerte, para que Cinquera terminara en lo que es hoy: un pueblo marginado y pobre. Es imposible encontrar la respuesta, claro, pero no es inútil buscarla.</p>
<p>Y reportearía otra cosa también: los mecanismos invisibles e inconscientes que logran que, con todas las divisiones rabiosas de por medio, los de Cinquera ahora no se estén matando entre sí.<br />
Antes de salir de Cinquera me detuve un momento a conversar con una bandada de adolescentes que iba saliendo de la escuela, seis muchachas y tres muchachos, todos muy formales y con sus uniformes limpísimos. Todos eran fuertes y sanos, a diferencia de sus padres—aquellos campesinos con los cuerpos tallados por la pobreza. Fue una sorpresa, pero luego vino otra: todos tenían claro que al terminar el bachillerato irían a la universidad. No sé a qué atribuirle ese cambio radical, esa capacidad de ser ambiciosos y dar por sentado que tenían derecho a serlo. Algo tuvo que ver el trabajo de la iglesia contestataria, con su empeño por dignificar al hombre; algo tuvo que ver el avance educativo y en salud que se ha dado en estas últimas décadas en toda América Latina. ¿Hubieran aspirado a ser universitarios sin la visión radical de la guerrilla? ¿Sería El Salvador un lugar más próspero sin los años de destrucción económica provocada por la guerra? No lo sé.<br />
¿Padeceríamos menos la violencia renacida que asola el continente, ahora hueca de lógica y razones, sin las armas y el culto machista de la guerra que nos dejaron las conflictos del fin del siglo? Sin duda que sí.</p>
<p>Cuando llegué al hotel tan bonito en donde me han alojado, con su vista al volcán que ya nadie usa para esconder  armas, y al que suben los turistas, me di cuenta de que una de las cosas que he extrañado durante tantos años, sin saberlo, es el canto de los pájaros en las ciudades centroamericanas. En la ciudad de México no gozamos de ese privilegio. Desde los peores tiempos aquí eran las aves las que me consolaban con sus trinos y silbidos y gorgoreos, porque me parecía que iban bordando un quehacer infinito y alegre a lo largo de los días. Y cuando los escuché de nuevo me acordé de los muchachos de Cinquera y su alegre parlotear, su existencia tan libre de los recuerdos que a los viejos nos llenan de espanto. Y pensé—fue un consuelo—que la vida es siempre más fuerte que nuestra capacidad de matar.</p>
<p>(Gracias a<a href="http://twitter.com/#!/Jaime_Abello" target="_blank"> Jaime Abello </a>por descubrirnos este magnífico texto)</p>
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		<title>La tarea de un reportero &#034;es mirar, mirar bien y no parpadear&#034;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Esther Vargas]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 May 2011 14:31:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
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					<description><![CDATA[Para The Wall Street Journal  el periodismo de Alma Guillermoprieto es “temerario, al igual que sus espléndidas descripciones y sus fascinantes retratos de personajes".]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2010/10/20081210203029_Alma-Guillermoprieto21.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-16080" title="20081210203029_Alma Guillermoprieto2" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2010/10/20081210203029_Alma-Guillermoprieto21.jpg" alt="" width="360" height="231" srcset="https://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2010/10/20081210203029_Alma-Guillermoprieto21.jpg 360w, https://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2010/10/20081210203029_Alma-Guillermoprieto21-300x193.jpg 300w" sizes="(max-width: 360px) 100vw, 360px" /></a></p>
<p>La maestra Alma Guillermoprieto está presentando el libro <strong>«Desde el país de nunca jamás» (Debate, 2011)</strong>, una selección de 24 reportajes escritos en inglés entre 1980 y 2010 para el Washington Post, The New Yorker y The New York Review of Books.</p>
<p>La ocasión ha sido un buen pretexto para recibir sus lecciones. Guillermoprieto, en principio, augura cambios profundos en la profesión con las nuevas tecnologías, pero no su muerte.</p>
<blockquote><p><strong>«Después de treinta años yo reivindico que no he dejado de mirar, y es importante mirar. Esa es la tarea que cumplimos los reporteros: mirar, mirar bien y no parpadear» .</strong></p></blockquote>
<p>En declaraciones a <a href="http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5jN155MF1tb-r5Lo6hQDL3CO7kMLQ?docId=1527858">EFE</a>, la periodista mexicana de 61 años confiesa que lo que más le interesa de su trabajo es explorar «la situación de la gente que vive la cotidianeidad» y en qué condiciones lo hace, más que las relaciones de poder o las disquisiciones ideológicas.</p>
<blockquote><p>«Yo voy a ver lo que me indigna, lo que me enoja, lo que me causa curiosidad, lo que me apasiona, lo que creo que está quedando invisible&#8217;, como los basureros de México y los &#8216;pepenadores&#8217; (trabajadores de recogida), y lo escribo».</p>
<p>«Me quedo con la gente, con los paisajes, con la comida, con la música, con ese humor ladeado, sesgado, ladino, me quedo con los diferentes acentos del español, con la diferente manera de hablar tan rico, tan variado. Por eso vivo aquí, no por la violencia, sino por todo lo otro».</p></blockquote>
<p>Para <em>The Wall Street Journal </em>el <a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/tag/alma-guillermoprieto/" target="_blank">periodismo de Alma Guillermoprieto </a>es “temerario, al igual que sus espléndidas descripciones y sus fascinantes retratos de personajes».</p>
<p>En una <a href="http://www4.elcomercio.com/2011-05-12/Noticias/Mundo-(1)/Noticias-Secundarias/Alma-Guillermoprieto_periodismo.aspx" target="_blank">entrevista</a> dijo:</p>
<blockquote><p>«Trato siempre de respetar la vulnerabilidad de mis entrevistados. No quiero que nadie corra el menor riesgo por hablar conmigo. No creo que mi nota sea más importante que la vida de un entrevistado o que la paliza que le puedan dar por hablar conmigo».</p></blockquote>
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		<title>Los periodistas deben distinguir la verdad de la mentira y hacer comprensible lo confuso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Feb 2011 17:20:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[Alma Guillermoprieto]]></category>
		<category><![CDATA[desde el país de nunca jamás]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[periodista]]></category>
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					<description><![CDATA[Alma Guillermoprieto, quien ha retratado -a través de entrevistas y reportajes- la historias de su país, México, y de Latinoamérica durante las tres últimas décadas, aseguró que para hacer periodismo se debe «contar la verdad con todos los trucos de la magia». En una entrevista con la Agencia EFE, la]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_27008" aria-describedby="caption-attachment-27008" style="width: 330px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2011/02/Alma-Guillermoprieto.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-27008" title="Alma-Guillermoprieto" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2011/02/Alma-Guillermoprieto.jpg" alt="" width="330" height="429" srcset="https://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2011/02/Alma-Guillermoprieto.jpg 330w, https://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2011/02/Alma-Guillermoprieto-231x300.jpg 231w" sizes="(max-width: 330px) 100vw, 330px" /></a><figcaption id="caption-attachment-27008" class="wp-caption-text">Foto vivirmexico.com</figcaption></figure>
<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/2009/02/03/alma-guillermoprieto-la-historia-con-alma/" target="_blank">Alma Guillermoprieto</a>, quien ha retratado -a través de entrevistas y reportajes- la historias de su país, México, y de Latinoamérica durante las tres  últimas décadas, aseguró que para hacer periodismo se debe «contar la verdad con todos los trucos de la magia».</p>
<p>En una<a href="http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5i72kb3Hrf6gDSfPOCEfelCJZRgsg?docId=1468949" target="_blank"> entrevista con la Agencia EFE,</a> la veterana periodista -que trabaja en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)- señala que sus colegas deben saber «distinguir la verdad de la mentira, e identificar y hacer comprensibles los hechos confusos».</p>
<p>Guillermoprieto ha publicado recientemente su libro <a href="http://www.lecturalia.com/libro/57178/desde-el-pais-de-nunca-jamas" target="_blank">«Desde el país de nunca jamás»</a>, una selección de artículos publicados entre 1980 y 2010 para The Washington Post, The New Yorker y The New York Review of Books. Se ha encargado de destapar los actos de corrupción de algunos políticos, así como la indignante violencia en México. Lecciones que debemos tener en cuenta.</p>
<p>Lee la entrevista<a href="http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5i72kb3Hrf6gDSfPOCEfelCJZRgsg?docId=1468949"> aquí.</a></p>
<p>Enlace relacionado: <strong><a title="Permanent Link to Alma Guillermoprieto: “El periodismo está bajo ataque mortal”" rel="bookmark" href="http://www.clasesdeperiodismo.com/2010/10/23/alma-guillermoprieto-%e2%80%9cel-periodismo-esta-bajo-ataque-mortal%e2%80%9d/">Alma Guillermoprieto: “El periodismo está bajo ataque mortal”</a></strong></p>
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