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	<title>crónica &#8211; Clases de Periodismo</title>
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	<description>Escuela virtual de periodismo digital para América Latina</description>
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	<title>crónica &#8211; Clases de Periodismo</title>
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		<title>Joseph Zárate: “La crónica es crear un puente de empatía entre esa realidad lejana y la de nosotros”</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Nov 2018 01:17:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Joseph Zárate]]></category>
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					<description><![CDATA[Una de las catástrofes ambientales más grandes de la historia del Peru convirtió al periodista Joseph Zárate en uno de los ganadores del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo en la categoría Texto]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><span lang="ES-TRAD">Texto y fotos <a href="https://twitter.com/valmenfa" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Fabiola Valle</a></span></p>
<p><span lang="ES-TRAD">Una de las catástrofes ambientales más grandes de la historia del Peru convirtió al periodista <strong>Joseph Zárate</strong> en uno de los ganadores del <strong>Premio Gabriel García Márquez de Periodismo en la categoría Texto</strong>. Esta conexión con las comunidades indígenas no es una coincidencia, la abuela de Joseph nació en una de ellas, y él la hizo suya. A sus 32 años, este periodista limeño, hizo que la historia de más de 50 niños que intentaron sacar con baldes el combustible que una tubería rota derramó en un río también fuera nuestra. </span></p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-297384" src="https://ww2.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2018/11/10773416000_IMG_4944.jpg" alt="" width="750" height="500" /></p>
<p><strong><span lang="ES-TRAD"> “La crónica </span>es crear un puente de empatía entre esa realidad lejana y la de nosotros”</strong>, dice.<u></u><u></u></p>
<p>Para elaborar la crónica ‘Un niño manchado de petróleo’, Joseph estuvo como tres meses internado en la comunidad Nazareth, de la amazonia peruana en el año 2016, y tardó un año y medio es escribir la edición que publicó en la revista española «5W».</p>
<p><b>La crónica &#8216;Un niño manchado de petróleo se convirtió en la ganadora en la categoría Texto del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo. ¿Cómo llegas a esta historia?</b></p>
<p><span lang="ES-TRAD">-Una fotografía de un niño que cargaba un balde con petróleo y que tenía el cuerpo manchado con este combustible llamó mi atención. En enero de 2016, una tubería rota derramó unos 500.000 litros de petróleo en Nazareth, en la selva. Fue entonces cuando empecé a averiguar. Ese niño era Osman Cuñachí, de 11 años, y estuvo trabajando limpiando el rio Chiriaco. Es así como comienza la historia.  <u></u><u></u></span></p>
<p><b>¿Qué refleja esta crónica?</b></p>
<p><span lang="ES-TRAD">-La historia del niño ejemplificaba lo perverso que puede ser el sistema en el que vivimos y como un desastre ecológico puede convertirse, de un momento a otra, en una  pesadilla. La gente de la comunidad de Nazareth era consciente de que esto era un desastre que contaminaba su rio y que había una clara irresponsabilidad de la empresa pero, al mismo tiempo, les daba una oportunidad de trabajo que le generaba más dinero limpiando que cultivando yuca en la chacra.<u></u><u></u></span></p>
<p><b>En un mundo que apuesta más por lo audiovisual, ¿qué tan importantes son las crónicas?</b><u></u><u></u></p>
<p><span lang="ES-TRAD">-Es importante porque se complementan con otras formas del periodismo. Lo que la gente conoce o consume más son las formas informativas  o esta nueva tendencia, que cada vez cobra más importancia, que es el periodismo de datos. Nunca he pensado que la crónica sea un género superior sino que se complementa y necesita existir también.<u></u><u></u></span></p>
<p><b>¿Cuál es el atributo más importante de este género?</b><u></u><u></u></p>
<p><span lang="ES-TRAD">-La crónica crea empatía con el lector. Es convertir esa noticia, ese caos, que muchas veces lo sentimos como lejano y que no tiene nada que ver con los que vivimos en Lima, en un hecho de interés público. Lo que hace la crónica es revelar que existen conexiones entre realidades lejanas y nuestra propia vida. El reto es  crear un puente de empatía entre esa realidad y nosotros. La crónica en cuanto a su extensión y sus recursos narrativos estilísticos ofrece esa posibilidad de acercar y de humanizar esa noticia que muchas veces es especializada, técnica o lejana.<u></u><u></u></span></p>
<p><b><span lang="ES-TRAD">Las claves para una buena crónica cuáles son…<u></u><u></u></span></b></p>
<p><span lang="ES-TRAD">-Como profesor lo que les recomiendo siempre a mis alumnos es que salgan a las calles. Que reporteen y que no se queden delante de su computadora googleando. Deben preguntar hablar con la gente. No</span><span lang="ES-TRAD"> deben olvidarse que los recuerdos, emociones y reflexiones de la gente son la materia prima como cronista. Es cierto que están los hechos pero también debe estar esa materia más humana y, para capturar ello, hay que comer lo que ellos comen, tomar lo que ellos toman. Escucharlos.<b><u></u><u></u></b></span></p>
<p><b><span lang="ES-TRAD">¿Cómo ayuda la lectura?</span></b></p>
<p><span lang="ES-TRAD">-Deben leer mucho porque a veces salen a reportear pero no tienen referencias de cómo convertir eso en un relato porque no leen ni siquiera ficción. Algunos estudiantes se limitan a leer lo que le dan en las clases teoría del conocimiento o de marketing. También recomiendo que lean poesía porque es la esencia del lenguaje. Hay que aprender a convertir la realidad que vemos en metáforas. Eso ayuda en la crónica para decir las cosas de una cosa de manera diferente: De una manera que el lector no la olvide.<u></u><u></u></span></p>
<p><b><span lang="ES-TRAD">Luego de este premio que viene…<u></u><u></u></span></b></p>
<p><span lang="ES-TRAD">-Próximamente, publicaré un libro que se llama &#8216;Guerras del Interior&#8217; del sello Debate. Contiene historias de conflictos sociales causados por la extracción de recursos naturales como el oro, madera y petróleo en la amazonia y los andes del Perú.</span></p>
<p><a href="https://www.revista5w.com/who/un-nino-manchado-petroleo" target="_blank" rel="noopener noreferrer">➤➤ Esta es la crónica de Zárate.</a></p>
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		<title>Crónica «Frank Sinatra está resfriado» de Gay Talese podría llegar al cine</title>
		<link>https://www.clasesdeperiodismo.com/cronica-frank-sinatra-esta-resfriado-de-gay-talese-podria-llegar-al-cine/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Feb 2017 12:24:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[cine]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Frank Sinatra]]></category>
		<category><![CDATA[Gay Talese]]></category>
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					<description><![CDATA[Gay Talese escribió un artículo para Esquire hace más de 50 años. Se llamó "Frank Sinatra está resfriado". La pieza es un clásico del nuevo periodismo y hoy se dice que podría llegar a la pantalla grande, informa Deadline. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/tag/gay-talese/" target="_blank"><strong>Gay Talese</strong> </a>escribió un artículo para <em>Esquire </em>hace más de 50 años. Se llamó <strong>«</strong><strong>Frank Sinatra</strong><strong> está resfriado».</strong> La pieza es un clásico del nuevo periodismo y hoy se dice que podría llegar a la pantalla grande, <a href="http://deadline.com/2017/02/frank-sinatra-has-a-cold-movie-rights-gay-talese-1201960101/" target="_blank">informa Deadline.</a></p>
<p>La pieza de Sinatra se volvió a publicar esta semana <a href="http://www.bloomsbury.com/uk/high-notes-9781632867476/" target="_blank">en un nuevo libro</a> de Talese. Aunque el propio Sinatra sintió el artículo original como un trabajo no muy agradable, las hijas de Sinatra, Nancy y Tina, han otorgado los derechos a través de <a href="http://www.sinatra.com/content/about-us" target="_blank">Sinatra Enterprises</a> y pidieron a Talese y Nick Pileggi que escriban un guion basado en el artículo.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>«Sinatra con catarro es Picasso sin colores o un Ferrari sin gasolina, sólo que peor. Porque los catarros corrientes roban a Sinatra esa joya que no se puede asegurar, su voz, y hieren en lo más vivo su confianza. No sólo afectan a su psique, sino que parecen provocar una especie de moquillo nasal psicosomático en las docenas de personas que lo rodean y trabajan para él, que beben con él y lo quieren y cuyo bienestar y estabilidad dependen de él. Un Sinatra acatarrado puede, salvando las distancias, enviar vibraciones a la industria del espectáculo y aún más lejos, casi como una enfermedad repentina de un presidente de los Estados Unidos puede sacudir la economía nacional».</em></p>
<p>Puedes leer la famosa crónica <a href="http://www.letraslibres.com/mexico-espana/sinatra-esta-resfriado" target="_blank">aquí</a></p>
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		<title>Óscar Martínez de El Faro: «Un editor de verdad, de esos que escasean, está en todo el proceso de investigación»</title>
		<link>https://www.clasesdeperiodismo.com/oscar-martinez-de-el-faro-un-editor-de-verdad-de-esos-que-escasean-esta-en-todo-el-proceso-de-investigacion/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Sep 2016 22:27:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[El Faro]]></category>
		<category><![CDATA[Óscar Martínez]]></category>
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					<description><![CDATA[Uno de los ganadores del premio María Moors Cabot 2016 de la Universidad de Columbia estará en la cuarta edición del Premio y Festival Gabo en Medellín. Se trata de Óscar Martínez, cronista salvadoreño reconocido por sus trabajos sobre migración, narcotráfico, corrupción y pandillas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://premioggm.org/2016/09/cinco-consejos-de-un-galardonado-cronista-para-lograr-un-mejor-trabajo-periodistico/" target="_blank">Artículo elaborado por la FNPI</a></p>
<p>Uno de los <a href="http://www.elfaro.net/es/201607/el_salvador/19005/Periodista-%C3%93scar-Mart%C3%ADnez-de-El-Faro-gana-el-premio-Moors-Cabot.htm" target="_blank">ganadores del premio</a> María Moors Cabot 2016 de la Universidad de Columbia estará en la cuarta edición del Premio y Festival Gabo en Medellín. Se trata de Óscar Martínez, cronista salvadoreño reconocido por sus trabajos sobre migración, narcotráfico, corrupción y pandillas.</p>
<p>Martínez, autor del libro <i>Los Migrantes que no importan, </i>es miembro del equipo periodístico detrás del portal El Faro, que recibirá en Medellín el <a href="http://premioggm.org/2016/07/ganador-del-reconocimiento-a-la-excelencia/" target="_blank">Reconocimiento a la Excelencia Periodística</a> por su valentía a la hora de contar la violencia en El Salvador.</p>
<p>Martínez también participará en la charla <a href="http://premioggm.org/2016/07/los-incomodos/" target="_blank"><em>Los incómodos de El Faro</em>,</a> el 30 de septiembre en el Jardín Botánico desde las 11 a.m, y en el panel <em>Con documentos/sin documentos, </em>el mismo día a las 4 p.m en el Orquideorama del Jardín Botánico.</p>
<p>Como abrebocas de lo que será su participación en Medellín, Martínez nos comparte cinco claves sobre sus rutinas de investigación y escritura.</p>
<ol>
<li>El reporteo, el terreno, dirá qué tenés. Parece una obviedad, pero no lo es. Muchos periodistas creen que pueden decidir qué género escribirán cuando están frente a la computadora y la página en blanco. El reporteo de una nota no da para una crónica. Tomarse un café con alguien no da para un perfil.</li>
</ol>
<ol start="2">
<li>Muchos reporteros se hacen una pregunta antes de reportear un tema de largo aliento: “¿qué?” Un sicario, una masacre, un corrupto, un pintor. Pocos se hacen una pregunta más importante: “¿por qué? “</li>
</ol>
<ol start="3">
<li>Yo le apuesto más al texto ambicioso que saldrá de un periodista que sepa responder “¿por qué?<i>” </i>en una frase corta.</li>
</ol>
<ol start="4">
<li>Otra obviedad: el editor no es un señor o una señora que revisa tu texto y corrige tus comas. Un editor de verdad, de esos que escasean, está en todo el proceso de investigación. Te reta, te hace dudar todo el rato, y por tanto te hace llegar con más respuestas a ese momento de soledad frente a la computadora.</li>
</ol>
<ol start="5">
<li>Es genial si al final de la investigación en tu libreta ya hay párrafos que solo deben trasladarse al papel. Se escribieron en vivo. Deben ser fuertes.</li>
</ol>
]]></content:encoded>
					
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			</item>
		<item>
		<title>Crónica desde Ecuador: «Ser periodista a veces duele»</title>
		<link>https://www.clasesdeperiodismo.com/cronica-desde-ecuador-ser-periodista-a-veces-duele/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Apr 2016 23:39:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Ecuador]]></category>
		<category><![CDATA[periodista]]></category>
		<category><![CDATA[terremoto]]></category>
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					<description><![CDATA[La noche del sábado 16 de abril armamos viaje junto al equipo de Visión 360 de Ecuavisa. No dormimos. No podíamos. Desde aquella noche el sueño es difícil de conciliar. Dejamos Guayaquil. En el camino, Iván Maestre, Tito Mite, Carlos Sacoto y yo comentábamos las fotos nocturnas que habíamos visto, enviadas por amigos y familiares que tenemos en Manabí. “Grave parece la situación”, concluimos. Pero la realidad nos desbordó, sobre todo al amanecer. Llegamos a Portoviejo y lo que vimos en los siguientes días todavía resulta difícil de plasmar en letras.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div>Por <a href="https://twitter.com/MrVertigo7" target="_blank"><span class="gD">Allen Panchana</span> </a> (*)</div>
<div>
<p><strong>Fotos: Emilio Daniel García</strong></p>
<p>La noche del sábado 16 de abril armamos viaje junto al equipo de Visión 360 de Ecuavisa. No dormimos. No podíamos. Desde aquella noche el sueño es difícil de conciliar. Dejamos Guayaquil. En el camino, Iván Maestre, Tito Mite, Carlos Sacoto y yo comentábamos las fotos nocturnas que habíamos visto, enviadas por amigos y familiares que tenemos en Manabí. “Grave parece la situación”, concluimos. Pero la realidad nos desbordó, sobre todo al amanecer. Llegamos a Portoviejo y lo que vimos en los siguientes días todavía resulta difícil de plasmar en letras.</p>
<p>Si la tragedia en Ecuador tiene una estampa, está en el centro de Portoviejo, cuyas principales edificaciones se han desplomado. Las calles, intransitables, cubiertas por toneladas de estructuras colapsadas parecen una escena de guerra. Si la tragedia tiene olor, está aquí mismo: esa mezcla de polvo, escombros y cadáveres en proceso de descomposición. El corazón histórico, comercial y financiero de la capital de Manabí se ha transformado en zona de muerte.</p>
<div>
<p><img decoding="async" class="media-image" src="http://vistazo.com/sites/default/files/574a2812_0.jpg" alt="" width="5760" height="3840" /></p>
<p>Bajamos de la camioneta.<strong> Y ser periodista a veces duele, porque la gente, desesperada, se abalanza a pedirte ayuda. No comprendía lo que gritaba Isabel Quijije. En llanto, la mujer de 40 años y piel tostada me gritaba que su familia estaba atrapada. No entendía. Veía un edificio a medio colapsar. Pero dos de los cinco pisos estaban enterrados.</strong></p>
<p>Isabel, falda larga, camiseta gris y gruesos lentes, escarbaba entre hierros retorcidos y toneladas de ruinas. “¡Allí están, allí están! ¡Por este huequito veo la pierna del niño!”. Más gritos. Más lágrimas. No terminaba de asimilarlo. “¡De aquí los veo! ¡Ese es el brazo de mi ñaño!”. Allí, bajo las ruinas, funcionaba una farmacia, a la que llegaron a comprar el hermano menor de Isabel, Junior, de 29 años; su esposa Ileana, de 27. Y el hijo menor de ambos, Santiago, de 2 años. Solo aquí murieron seis personas.</p>
<p><img decoding="async" class="media-image" src="http://vistazo.com/sites/default/files/574a3058_0.jpg" alt="" width="5760" height="3840" /></p>
<p>Ha sido un desafío informar. No solo por las limitaciones técnicas, sino por el shock de encontrarnos con un escenario impensable, ni siquiera en los pensamientos más pesimistas. Entre nosotros, no lo comentamos. Simplemente, trabajamos sin parar. Para Iván, seguramente, ha sido más difícil. Ha vivido en esta capital 31 de sus 34 años. Yo nací en Chone, pero en Portoviejo está parte de mi corazón. Trabajé aquí algo más de un año.</p>
<p>Manabitas que vuelven a su tierra y la encuentran irreconocible. Pero no es necesaria la procedencia para sentir el dolor. Un hondo golpe que no lo digieres por la vorágine del oficio, buscar historias y luego escribirlas. Estás a mil, aunque hay momentos que te quiebran.</p>
<p>Llegamos a la avenida Pedro Gual. Por ella manejaba todos los días de 2004 a 2005, cuando era editor de Diario La Hora. La conocía muy bien. O al menos lo que dictaba la memoria: tráfico intenso, comercio efervescente, gente por doquier y el típico habitante que reía escandalosamente en la calle, echado a la broma. Pero hay algo que no se puede comprender: encontrar la oficina donde te reunías todos los días con el grupo periodístico convertida en una montaña de escombros y hierro retorcido.</p>
<p>Caminaba, preguntaba, recababa información… preso de la inercia. Anotaba todo sin parar en la libreta naranja del canal. Al pie del mítico edificio del IESS, que ocupaba toda una manzana, estaba Jaime Ugalde, editor de El Diario, el periódico más importante de la provincia que ese domingo no circuló. Un hecho sin precedentes en sus 82 años de historia. Era imposible imprimirlo por la secuelas del terremoto. Tampoco pudo estar al aire la radio (Amiga) ni el canal del mismo grupo editorial (Manavisión). Algo grave estaba pasando para que la voz de Manabí se silenciara un domingo.</p>
</div>
<p>“¡No lo puedo creer! ¡No lo puedo creer! Tenía que venirlo a ver yo mismo”, decía, abrumado, Jaime Ugalde. Con sus manos se agarraba la cabeza. ¡Esto no puede ser! ¡Esto no está pasando!”. Nos vimos fijamente. Él lloraba, pero debía seguir trabajando. ¿Por qué, carajo, no me puedo dar la licencia de quebrarme cuando trabajo? Me despedí de Jaime y recuerdo lo que me dijo al estrechar su mano. “Ahorita vuelvo a la casa, para abrazar a mi esposa y mis dos hijos. Estamos vivos de milagro”.</p>
<p>Ese domingo parecía interminable. Había tragedia en cada esquina. Al mediodía ya me sentía abrumado. Lo que más me impactaba era ver ataúdes en las calles, en especial unos de color blanco. Unos muy pequeños. Me acercaba a preguntar y la respuesta me aniquilaba. Ataúd para Matías, de apenas ocho meses. Él, su hermana mayor y sus padres murieron aplastados por la estructura del Hotel El Gato. El terremoto los sorprendió en un semáforo en rojo. Allí se detuvo la Chevy Blazer en la que iban. Allí también se detuvo su vida.</p>
<p>En la morgue, más ataúdes. Muchos blancos. El niño Miguel; los bebés Yandri, Josué, Juan Carlos. Los dejé de contar. El color de su última morada, blanca. Pureza. Los pequeños hijos de Portoviejo que se llevó el terremoto.</p>
</div>
<p>Entiendes entonces lo que significa la vida en 42 segundos. La vida y la muerte. Solo eso duró el sismo. Toda una existencia. La vida en 42 segundos…</p>
<p>Un domingo eterno terminaba. En la madrugada del lunes iniciamos nuestro retorno a Guayaquil. No dormí. Era imposible. Pensé: mejor estar lejos de tanto dolor. Es difícil sobrellevarlo.</p>
<p>A media mañana del lunes dos llamadas telefónicas. La de mi jefe y maestro de Ecuavisa pidiéndome un informe especial. Luego, la AP preguntándome si podía volver a Portoviejo. Regresé. A hacer lo que más me gusta, pero también, en ocasiones como esta, lo que más duele. Casi cuatro días en medio de un panorama desolador: gente durmiendo en la calle, saqueos; más cuerpos encontrados (a decir verdad, lo que quedaba de ellos). Padres, tíos, hermanos o amigos escarbando con sus manos. Rescatistas confundidos, que no sabían por dónde empezar. Imposible saberlo: todo era zona cero.</p>
<p>Nada qué comer, nada qué beber (al menos las primeras horas). Tanques de guerra. Y ese olor aterrador que se impregna hasta en el último reducto del alma, ese olor que significa muerte. Cuatro días de cobertura en un panorama así es demasiado, sobre todo, porque te niegas a admitir la desgracia y prefieres quedarte con aquel recuerdo de la ciudad que te acogió. Ese Portoviejo donde fui feliz.</p>
<p><strong>A veces sentía que, en vez de trabajar, tenía que ir a los albergues y otras áreas afectadas a ayudar. Pero también comprendí la esencia de este oficio: contar la historia al planeta entero también es importante. Al conocer los hechos, habitantes de Ecuador y el mundo se han movilizado. Y es cuando sientes que Manabí no está sola. ¡El mundo te abraza, provincia mía! </strong></p>
<p>Tal vez no he tenido tiempo de llorar. Este viernes 22 de abril, que estamos cerrando el especial de Visión 360 para este domingo, me he tomado una hora. Estas líneas son una catarsis. Y, mientras escribo, la tierra no para de temblar. Van más de 600 réplicas. En cualquier lugar de Ecuador, el corazón está en vilo. Carlos Jijón, director de La República, me animó a redactar esta columna. También Alina Manrique, directora de Ecuavisa.com, mujer sensible y mi hermanita menor. Y sentado frente al teclado recuerdo una de las obras del austriaco Peter Handke, cuando él admitía: “Estas historias tienen que ver realmente con lo que no tiene nombre, con segundos de espanto para los que no hay lenguaje”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="media-image" src="http://vistazo.com/sites/default/files/574a2884_2.jpg" alt="" width="5760" height="3840" /></p>
<p>Es verdad. No hay lenguaje. Segundos de espanto. Esta columna pretendía ser breve, pero las palabras no alcanzan. Cuando salía de la capital manabita, anoté una líneas en aquella libreta naranja: “Portoviejo, si no te lo había dicho antes, lo hago esta madrugada que recién termino de recorrer tus calles: cuánto te quiero. Gracias por regalarme una nueva vida hace tantos años. Por darme los mejores amigos y una nueva familia. Por hacerme más periodista. Hoy, ciudad devastada, con vidas segadas bajo escombros, pero con gente generosa y de amor infinito. Te levantarás. Volverás a sonreír. Así somos en Manabí: no nos dejamos vencer. Portoviejo, aunque tus edificios se han derrumbado, tu alma está intacta”. No solo es Portoviejo ni mi Chone adorado. Gran parte de Manabí es un amasijo de hierros y pilares retorcidos. Pero, repito, el alma de esta valiente provincia está intacta y lista para levantarse.</p>
<p><em><strong>(*) Este artículo fue publicado inicialmente en <a href="http://vistazo.com/opinion/opinion-allen-panchana/allen-panchana/la-vida-en-42-segundos" target="_blank">Vistazo</a> con el titular «La vida en 42 segundos» y se difundió en esta web con autorización del autor.</strong></em></p>
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		<title>Crónica: el lenguaje que baila, entre la literatura y los hechos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Mar 2016 19:20:25 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Por Joel Cintrón Arbasetti  (*) Fotos: FNPI Afuera, los escritores eran escritores, pero cuando pasaron el umbral del salón donde Juan Cruz impartió su taller de crónica, la línea imaginaria que separa al escritor del periodista  desapareció. Cruz, periodista español, autor de una veintena de libros y parte de la directiva]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por <a class="url fn n" title="Leer todas las entradas por Joel Cintrón Arbasetti" href="http://periodismoinvestigativo.com/author/joel-cintron-arbasetti/" rel="author">Joel Cintrón Arbasetti</a>  (*)</p>
<p>Fotos: FNPI</p>
<p>Afuera, los escritores eran escritores, pero cuando pasaron el umbral del salón donde Juan Cruz impartió su taller de crónica, la línea imaginaria que separa al escritor del periodista  desapareció. Cruz, periodista español, autor de una veintena de libros y parte de la directiva de El País, “secuestró” a varios escritores que andaban por el Centro de Convenciones en San Juan, donde se celebraba el VII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE). Los metió en un salón frío, donde hibernaban diez periodistas latinoamericanos que por cinco días re aprendieron su oficio.</p>
<p><strong>“La pregunta es esa: ¿escritor o periodista?”</strong>, lanzó Cruz al cubano Leonardo Padura, quien estudió filología y literatura y tuvo que “aprender periodismo haciendo periodismo” en el periódico Juventud Rebelde.</p>
<p>“Lo que yo traté de hacer fundamentalmente fue una mezcla de periodismo y literatura. Es decir, una serie de investigaciones periodísticas y escribirlas como si fueran relatos. Eso creó una revolución en el periodismo cubano de esos años, se la llamó el periodismo literario cubano o el nuevo periodismo cubano. Y ha tenido la virtud de que 35 años después de escritos algunos de esos trabajos se siguen publicando en forma de libro y en forma de reportaje y se siguen leyendo. Eso se debe por supuesto a que no son noticiosos. La noticia tiene un tiempo de vida y de acuerdo a los intereses de un lector muy específico se va a buscar la noticia. Pero el lector que va a leer por conocer una historia, a ese ya la noticia no le dice lo suficiente y el reportaje sí”.</p>
<div id="attachment_7399" class="wp-caption module image alignleft">
<figure id="attachment_7399" aria-describedby="caption-attachment-7399" style="width: 500px" class="wp-caption alignright module image"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-7399 size-full" src="http://27bzcmukscr11z1wycuem83o5.wpengine.netdna-cdn.com/files/2016/03/Padura.jpg" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" srcset="http://periodismoinvestigativo.com/files/2016/03/Padura-336x224.jpg 336w, http://periodismoinvestigativo.com/files/2016/03/Padura.jpg 500w" alt=" " width="500" height="334" /><figcaption id="caption-attachment-7399" class="wp-caption-text">El escritor cubano Leonardo Padura</figcaption></figure>
<p class="wp-media-credit">
</div>
<p>Padura reconoció que el “salto de la capacidad profesional de escritor” entre su primera novela, Fiebre de Caballo (1983) y su primera novela de la serie del detective Mario Conde, Pasado Perfecto (1989), se produjo gracias a su práctica periodística. “La crónica es el género periodístico por excelencia”, resaltó.</p>
<p>¿Cómo bailar entre un lado y el otro?, entre la literatura y los hechos, ¿cómo confluyen, cómo se enriquecen mutuamente? No todos están de acuerdo en la manera de hilvanar un género con el otro, porque los periodistas que practican el llamado nuevo periodismo, el periodismo narrativo o la crónica, no son un grupo homogéneo.</p>
<p>El escritor nicaragüense Sergio Ramírez fue otro de los secuestrados. “Uno tiene que pensar siempre qué es lo que yo quiero contar y no salirse de ese propósito, eso va tanto para la ficción como para la crónica. La mala literatura siempre está llena de comentarios. Eso tiene que ver con el tono; igual en la literatura, como en el periodismo, uno está transmitiendo información, situando al lector en un marco, en el marco que uno le está ofreciendo. El tono de lo que uno escribe no puede ser violentado por exageraciones ni por salirse del marco que uno mismo se ha fijado… En la literatura periodística ya sabes quién va a narrar, no podemos recurrir a un ‘yo’ como personaje narrativo, eso es bien riesgoso. No hay crónicas periodísticas narradas en el ‘yo’ personal: ‘yo fui’, ‘yo salí’, ‘yo entré’, porque eso hace que la crónica parezca muy egocentrista”, planteó al grupo.</p>
<p>Álex Grijelmo, autor del manual <i>El estilo del periodista</i>, uno de los más utilizados en las escuelas de periodismo en español, y editor del <i>Manual de estilo de El País</i>, dejó clara de entrada su aversión al ‘yo’ narrativo. “Solo por elegir elementos de la realidad ya hay un ‘yo’, ya hay una persona”, comentó. “Partimos de la realidad de que toda obra humana es subjetiva, como somos sujetos somos subjetivos, si fuéramos objetos seríamos objetivos”. A pesar de este reconocimiento, Grijelmo defiende que el periodista debe quedar fuera de las historias que cuenta.</p>
<p><strong>¿Por qué el periodista debe desaparecer de las historias?</strong></p>
<div id="attachment_7403" class="wp-caption module image alignright">
<figure id="attachment_7403" aria-describedby="caption-attachment-7403" style="width: 500px" class="wp-caption alignright module image"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-7403 size-full" src="http://27bzcmukscr11z1wycuem83o5.wpengine.netdna-cdn.com/files/2016/03/AlexGrijelmo.jpg" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" srcset="http://periodismoinvestigativo.com/files/2016/03/AlexGrijelmo-336x224.jpg 336w, http://periodismoinvestigativo.com/files/2016/03/AlexGrijelmo.jpg 500w" alt=" " width="500" height="334" /><figcaption id="caption-attachment-7403" class="wp-caption-text">Álex Grijelmo, periodista y escritor español.</figcaption></figure>
<p class="wp-media-credit">
</div>
<p>“Porque el lector se mete más en la realidad. Tienes que conseguir que el lector se meta en una realidad a través de los elementos que le muestras. Si le metes el ‘yo’ ya se mete en una realidad a través del periodista, la realidad queda más lejos, le pones el lector, el periodista, la realidad, y no: quítate del medio”, dice Grijelmo a los periodistas.</p>
<p>¿Qué hubiera dicho el argentino Martín Caparrós?, periodista calvo de bigote espeso y puntiagudo que anduvo por el Congreso firmando sus libros de crónicas escritas en primera persona. “Entré al Chapare acechando al mosquito asesino”, dice la primera línea de su crónica <i>Los ejércitos de la coca</i>, que aparece en su más reciente publicación, una compilación bajo el nombre de <a href="http://www.elcultural.com/revista/letras/Lacronica/37322">Lacrónica</a>; como le llama él, porque dice que está harto de la palabra crónica. No lo dijo allí, pero lo que tiene que decir sobre el ‘yo’ narrativo, Caparrós lo dice en ese libro:</p>
<p>“Frente a la ideología de los medios, que tratan de imponer ese lenguaje neutro y sin sujeto que los disfraza de purísimos portadores de la &#8216;realidad&#8217;, relato irrefutable, <i>lacrónica</i> dice &#8216;yo&#8217; no para hablar de mí sino para decir aquí hay un sujeto que mira y que cuenta, creánle si quieren, pero nunca se crean que eso que escribe es &#8216;la realidad&#8217;: es una de las muchas miradas posibles”.</p>
<p>La mirada es fundamental, añadió Juan Cruz. <strong>“Hay que pensar dónde dirigir la mirada&#8230;Tú (el periodista) eres la mirada del lector en el evento, el lector no necesita saberlo todo&#8230; contar todo sería el infierno del periodismo”,</strong> dijo Juan Cruz, otro oponente del ‘yo’, pero defensor acérrimo de realzar la mirada del que cuenta: “nosotros somos un espejo enviado por otro”.</p>
<div id="attachment_7404" class="wp-caption module image alignright"></div>
<p>Caparrós entró al salón a saludar, junto a Héctor Feliciano, periodista y presidente del comité organizador del CILE, responsable acaso de que el congreso de la lengua se haya tornado en una especie de Woodstock para periodistas entusiastas de la crónica.</p>
<figure id="attachment_276025" aria-describedby="caption-attachment-276025" style="width: 500px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-276025 size-full" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2016/03/HéctorFeliciano.jpg" alt=" " width="500" height="333" /><figcaption id="caption-attachment-276025" class="wp-caption-text">Héctor Feliciano, periodista puertorriqueño</figcaption></figure>
<p>Como parte de las actividades del CILE, la<a href="http://www.fnpi.org/">Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano</a> (FNPI) presentó el libro <i>Gabo Periodista </i>en el teatro Raúl Juliá del Museo de Arte de Puerto Rico, con un panel que juntó al director de la FNPI, Jaime Albello, los periodistas Jean-François Fogel, Héctor Feliciano, Álex Grijelmo y Juan Cruz. El libro es una antología de la obra periodística de García Márquez, seleccionada por periodistas como Juan Villoro, Jon Lee Anderson o Martín Caparrós y editado por Héctor Feliciano.</p>
<p>García Márquez fundó la FNPI en Cartagena de Indias, Colombia, en 1994 con el objetivo de promover el periodismo narrativo, a través de publicaciones, actividades y talleres, de los que se han realizado más de 700 en 15 países de Iberoamérica. El taller con Juan Cruz, “Periodismo que cuenta”, fue el primero que se celebró en Puerto Rico y aglutinó a periodistas de Venezuela, Colombia, Argentina, Bolivia, Panamá, México y Puerto Rico. El <i>leitmotiv</i> que guió a Juan Cruz fue el “entusiasmo de contar una historia”, la felicidad de narrar, un elemento lúdico del periodismo que no está en los manuales y que también reivindicaba García Márquez al decir, “si te aburres escribiendo, el lector se aburrirá leyendo”.</p>
<p><em><strong>(*) Comenzó su práctica periodística como fotógrafo y redactor para la revista de cultura urbana Noctámbulo. Luego fundó su blog “Post-Data”, donde cubría la escena de música y arte subterránea mientras hacía su bachillerato en Periodismo en la Universidad del Sagrado Corazón. Siendo estudiante colaboró con el semanario Claridad y con Diálogo, donde trabajó mientras cursaba su maestría en Teoría de la Comunicación en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Escribió para la publicación El Rehén, ha colaborado con la Revista Cruce y fue parte del equipo de 80grados.net. En 2012 comenzó a trabajar con el Centro de Periodismo Investigativo. Síguelo en <a href="https://twitter.com/JCArbasetti" target="_blank">@JCArbasetti</a> o escribe a jcintron@periodismoinvestigativo.com.</strong></em></p>
<p>NOTA DE REDACCIÓN. Este texto se publicó inicialmente en el <a href="http://periodismoinvestigativo.com/" target="_blank">Centro de Periodismo Investigativo </a>y se reproduce en esta web con el permiso de la organización.</p>
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		<title>Martín Caparrós: «Hay muchos periodistas que no van ni a la esquina»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Mar 2016 23:26:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Caparrós]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Martín Caparrós está fuera de su país, Argentina, y en una entrevista amplia con La Nación, el autor de "El hambre" opina sobre la crónica, el gobierno de Macri, el kirchnerismo y el efecto de Internet en el periodismo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Martín Caparrós está fuera de su país, Argentina, y <a href="http://www.lanacion.com.ar/1881927-martin-caparros-es-imposible-no-tener-ideologia" target="_blank">en una entrevista amplia con La Nación</a>, el autor de «El hambre» opina sobre la crónica, el gobierno de Macri, el kirchnerismo y el efecto de Internet en el periodismo.</p>
<p>El periodista opina que el llamado  <b>periodismo militante de la era kirchnerista  «</b>fue insoportable mientras duró. Pero por otro le hizo un servicio curioso, por supuesto involuntario, a la relación de los lectores con el periodismo. Este enfrentamiento constante durante años hizo que los lectores lean buscando la intención. Es más incómodo para nosotros, quizá, pero es interesante que haya una lectura crítica».</p>
<p><b>¿Cuánto influyó la lógica de Internet en esa suerte de domesticación del periodismo?</b></p>
<p>Internet tuvo infinitos efectos. Hay una auditoría instantánea que es interesante, porque produce una tensión por la verdad. No hay manera de sanatear y me parece bueno. Pero también tiene consecuencias bastante negativas, como el hecho de que hay muchos periodistas que no van ni a la esquina. Quieren saber si llueve y entran en el Weather Channel.</p>
<p><b>También pesan mucho la inmediatez y la facilidad con que se puede saber lo que le gusta al público.</b></p>
<p>Hoy miraba un prestigioso periódico de Madrid (abre su laptop, busca, lee). Lo más leído: «Kim Kardashian se desnuda para probar que su dieta funciona», «Cómo revivir el viejo ordenador y que funcione como nuevo», «Leyes para hacer un buen filete a la plancha», «Cuándo es mejor lavarse los dientes: después de cenar o justo antes de dormir». Existe la tentación de ofrecer cada vez más de esto, porque te da clics. Tenemos que revisar eso que nos enseñaron sobre que el periodismo es contar aquello que alguien no quiere que se cuente. Cada vez más creo que el periodismo es contar aquello que alguien no quiere que le cuentes. Hay que hacer periodismo en contra del público.</p>
<p><b>¿Puede sobrevivir el periodismo en esas condiciones?</b></p>
<p>Creo que vale la pena seguir buscando lo importante. Yo llamo trabajar contra el público a ir en contra de esa demanda que te pide a Kim Kardashian. Que sea tan rápida la constatación del éxito o del fracaso es preocupante. Y entramos en el ciclo de la basura: te doy basura, te entreno en la lectura de basura, me pedís más basura, te la doy. Pero siempre hay formas nuevas y hay gente dispuesta a buscarlas. Internet también te ofrece grandes ventajas: como el espacio ilimitado, el alcance y la facilidad para intentar un medio.</p>
<p>Lee la entrevista completa <a href="http://www.lanacion.com.ar/1881927-martin-caparros-es-imposible-no-tener-ideologia" target="_blank">aquí </a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Federico Bianchini: «Usé el periodismo para acercarme a sensaciones que solo podía imaginar»</title>
		<link>https://www.clasesdeperiodismo.com/federico-bianchini-use-el-periodismo-para-acercarme-a-sensaciones-que-solo-podia-imaginar/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Salazar]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Feb 2016 17:58:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Antártida]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Federico Bianchini]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo deportivo]]></category>
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					<description><![CDATA[Federico  Bianchini viajó a la Antártida por un mes tras ganar la Beca Michael Jacobs 2016, otorgada por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), por su crónica viajera "La Antártida: donde el tiempo no pasa”.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.revistaanfibia.com/autor/federico-bianchini/" target="_blank">Federico  Bianchini </a>viajó a la Antártida por un mes tras ganar la Beca Michael Jacobs 2016, otorgada por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), por su crónica viajera <strong>“La Antártida: donde el tiempo no pasa”. </strong></p>
<p>En entrevista para <a href="http://m.eldeber.com.bo/" target="_blank">eldeber.com</a>, el periodista cuenta que siempre quiso ir a la Antártida:  «No sé si porque es un lugar tan inaccesible o por los relatos que la describían como un lugar hermoso e intrigante».</p>
<p>Federico  Bianchini cuenta que en 2010 hizo una nota sobre los militares que entrenan para ir a la Antártida:  «Estuve con ellos en una cumbre, a 3.500 metros de altura. Después de que se publicara la nota en la revista VIVA del diario Clarín, les pedí me llevaran a una de las bases, pero no me prestaron atención. En noviembre de 2013, el rector de la Universidad Nacional de San Martín, comentó que se construirían los laboratorios del Instituto Antártico. Gestioné el viaje, y al volver, me di cuenta, que la idea de una crónica había sido una excusa para viajar. Había vuelto, ¡Y no tenía ganas de escribir! Pero tenía un compromiso moral. Así que hice una crónica en la revista Anfibia sobre un biólogo, que en su tiempo libre graba sonidos de animales».</p>
<p><strong>¿Qué resaltas de esta experiencia?</strong><br />
Los días de sol y poco viento, ayudé a pescar unos animales cabezones y raros, acompañé a algunos biólogos a sacar sangre a los pingüinos y a otros a hacer un censo de lobos y elefantes marinos; visité glaciares y vi paisajes oníricos y surrealistas. Traté de entender cómo funcionan las bases y por qué hay gente que decide pasar un año lejos de sus familias en ese confín maravilloso.</p>
<h3>➤➤ Mira su trabajo <a href="http://www.revistaanfibia.com/cronica/escuchar-la-antartida/" target="_blank">aquí.</a></h3>
<p><strong>Luego de ganar el premio «Las nuevas plumas» con un perfil sobre Fogwill y su relación con la natación te dedicaste a las historias de nadadores, y hacer una sobre el juez Eugenio Zaffaroni con la que ganaste el premio Rey de España. Que hablaba de su faceta como nadador argentino. ¿Qué ha representado para usted, narrar desde el agua?</strong></p>
<p>-Con la entrevista a Zaffaroni quería conocer a un juez que, además de tener 32 honoris causa, piensa distinto al resto de los magistrados. Un hombre cuyo contacto con los Derechos Humanos y su preocupación por los mecanismos de poder que funcionan detrás de la justicia lo hizo reconocido en el mundo. Cuando entrevisté a deportistas que nadaban más de 90 kilómetros sin detenerse o se sumergían en aguas heladas, también usé el periodismo para acercarme a sensaciones que solo podía imaginar.</p>
<p><b>¿Cuál es la importancia de usar estas herramientas en el periodismo deportivo?<br />
</b>-Creo que el periodismo deportivo suele estar condensado a su mínima expresión. Cuando se habla de un partido, de una pelea o una carrera se incluye una breve sinopsis de lo ocurrido y la opinión de alguno de los protagonistas. Y sin embargo, si uno fue al estadio, vio la pelea o estuvo en la carrera puede notar que esas líneas representan un porcentaje mínimo de lo que sucedió. ¿Qué sintieron esas personas mientras transpiraban? Se pusieron nerviosos antes de empezar? Hay emociones y sensaciones que el periodismo deportivo deja de lado y que, con recursos narrativos y literarios podrían ser incluidas para hacer que el lector “pueda sentir que estuvo ahí”.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El periodista que regresó a Libia para contar la historia del hombre con la pistola de oro de Gadafi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Carlos Salazar]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Feb 2016 17:08:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[BBC]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Estado Islámico]]></category>
		<category><![CDATA[Gadafi]]></category>
		<category><![CDATA[libia]]></category>
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					<description><![CDATA[El 11 de octubre de 2011, los rebeldes en Libia celebraron la captura y la muerte de Muamar Gadafi.  Gabriel Gatehouse, periodista de la BBC, estuvo presente cuando un grupo de insurgentes empuñaba el arma personal de Gadafi en señal de triunfo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El 11 de octubre de 2011, los rebeldes en Libia celebraron la captura y la muerte de Muamar Gadafi.  <a href="https://twitter.com/ggatehouse?lang=es" target="_blank">Gabriel Gatehouse,</a> periodista de la BBC, estuvo presente cuando un grupo de insurgentes empuñaba <strong style="font-style: inherit;">el arma personal de Gadafi</strong> en señal de triunfo.</p>
<p><strong>“</strong><strong>Fui testigo de cómo se pasaban el arma entre ellos.</strong> <strong>Cuando los rebeldes en Libia celebraron la muerte de Muammar Gadafi, la pistola enchapada en oro del coronel fue enarbolada como símbolo de su victoria”</strong>, relata.</p>
<p>Regresó a Libia en busca del arma, y compartió  su experiencia en una cronica para la BBC</p>
<h3><strong>Ver <a href="http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160203_libia_gadafi_pistola_oro_gatehouse_bbc_wbm" target="_blank">«Cómo encontré al hombre con la pistola de oro de Gadafi»</a></strong></h3>
<p style="padding-left: 30px;">Cuatro años después, he regresado a Libia para encontrar al hombre con la pistola de oro. El país está convulsionado. Gobiernos rivales, respaldados por sus propias milicias, luchan por el control. En mi celular tengo una foto, de aquel <strong>20 de octubre de 2011</strong> donde muestra a un hombre joven con una camisa azul y una gorra de béisbol de los Yankees de Nueva York. Pasea sonriente en los hombros de sus camaradas por la localidad de Sirte.  El autodenominado Estado Islámico (EI) ha aprovechado el vacío de poder y tomado control de Sirte, la ciudad natal de Gadafi. En medio de todo, he regresado a <strong>Misrata, una ciudad 200 kilómetros al este de Trípoli que funciona ahora como una ciudad-estado semiindependiente</strong>.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Vine hasta aquí en busca del hombre con la pistola de oro. Quiero saber qué pasó con él y los que capturaron a Gadafi. Aquellos que llevaron su cuerpo a Anwar Suwan, una figura clave de la revolución, y que expuso a la vista pública dentro de un gran congelador de carnes.</p>
<p style="padding-left: 30px;">«La situación no es buena», dice Anwar, «Cortaron la cabeza de la serpiente. Pero ahora hay cientos de serpientes en su lugar. Todavía luchamos por la misma cosa, para encontrar a un líder justo en Libia. Pero todos quieren gobernar».</p>
<p>Lee la historia completa <a href="http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160203_libia_gadafi_pistola_oro_gatehouse_bbc_wbm" target="_blank">aquí </a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Leila Guerriero: «Un periodista no puede estar por delante de la historia»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Esther Vargas]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Dec 2015 15:15:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[cronistas]]></category>
		<category><![CDATA[Leila Guerriero]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Leila Guerriero escribe, escribe. Escribe. Pero antes mira a la gente, se encuentra con lectores –los contempla y escucha–, y vive la vida como cualquiera]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fotos: <a href="https://twitter.com/silvanawalk" target="_blank">Milagros Herrera</a> </strong></p>
<p>Leila Guerriero escribe, escribe. Escribe. Pero antes mira a la gente, se encuentra con lectores –los contempla y escucha–, y vive la vida como cualquiera. Hay que pagar las cuentas. Hay que hacer a veces más cosas de las que uno se imagina. Y todo para seguir escribiendo. Necesita silencio, un silencio que le permite concentrarse y hundirse en los papeles. Debe tener todo en orden, sobre todo la cabeza, y eso es lo más difícil.</p>
<p>La periodista y escritora argentina visita por primera vez  Arequipa, pero ya ha estado varias en Lima. Es invitada al <strong>Hay Festival</strong>. Los alumnos de periodismo la rodean, le piden una foto o la firma de un libro. Ella –larguísima, con la melena alborotada y siempre en jeans–accede. Firma, se deja tomar fotos, sonríe. Luego vuelve a un silencio que parece como una capa protectora. La autora de «<i>Frutos extraños</i>, crónicas reunidas» y «<i>Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico»</i> se confiesa lenta para escribir, pero «antes era más».</p>
<p><strong>¿Qué se necesita para hacer una buena crónica? Me imagino que todos te preguntan la receta ahora que pareciera que la crónica está de moda.</strong></p>
<p>-Me parece una mala noticia que la crónica parezca algo de moda. Siempre tuvo un lugar marginal dentro del periodismo, y creo que ese es su lugar. Y al no haber tantos lugares para publicar sigue siendo un género complicado. Me parece bastante torpe pensar que uno se recibe de periodista si escribe una crónica. El periodismo tiene muchos géneros interesantes. Ahora, me parece saludable que la gente quiera escribir crónicas, y hacerlo bien. Pero no es una maestría, o algo así para recibirse de periodista. Hacer una crónica buena no creo que sea fácil, pero tampoco es tan complejo como puede llegar a parecer. <strong>Hay que tener curiosidad, paciencia, saber qué quieres contar, hacer una muy buena tarea de reporteo y escribirlo asquerosamente bien</strong>. No hay fórmula, pero si quieres una se me ocurre esa. Básicamente debes ser un periodista serio, informado, y con una cabeza amueblada de lecturas de historia, ensayo, ficción&#8230;Y que sea capaz de llevar eso a un texto. No se tiene un buen manejo del lenguaje sino se lee. Hay que leer mucho, y de todo. No solo a periodistas. Saber que no es fácil, ya es bastante para empezar. Sentarse y esperar que las musas ayudan no es.</p>
<p><strong>La crónica además de estar hermosamente narrada debe tener información, datos. A veces me da la impresión que se busca privilegiar lo bello por encima de la información dura. ¿Qué opinas? </strong></p>
<p>-Creo que sin un gran reporteo, no hay una crónica. No se trata de un regodeo de la forma. La fórmula: sin mirada no hay reporteo, sin reportero no hay texto, y sin estilo no hay texto. Sin hacer una buena investigación no tienes la historia. No basta escribir divinamente. Si faltan instancias de la situación, no sirve. Es un texto malo.</p>
<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2015/12/Leila-Guerriero.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-270574" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2015/12/Leila-Guerriero.png" alt="Leila Guerriero" width="754" height="1258" /></a></p>
<p><strong>En las redacciones, los periodistas tiene menos tiempo para reportar. ¿Solo queda el libro para publicar las grandes crónica que sueñan?</strong></p>
<p>-Trabajé muchos años en redacciones y siempre pude hacer crónicas, y defendí el espacio. Es verdad que hay una tendencia a hacerlo rápido, urgente y en diez minutos. Hay quienes hemos aceptado esas formas de trabajo no adecuado, pero a veces hay que plantarse y decir: «así no lo hago». Y aceptar las consecuencias de eso. Es cierto que ningún editor va a permitir que uno trabaje cuatro meses en una sola cosa. Un periodista hace como siete u ocho cosas a la vez. Trabajar en notas pequeñas, en notas más posibles, y al mismo tiempo en textos que demandan más tiempo es lo que siempre he hecho. Es inocente pensar que uno puede dedicarse a pintar el techo de la Capilla Sixtina, mientras el editor aplaude. Yo no puedo hacer cosas cada siete meses porque sin no hay manera de pagar las cuentas, por ejemplo. Hay que abandonar esa inocencia de que los periodistas somos periodistas que estamos encerrados en nuestra cueva siete meses para luego salir con la gran historia. Hacemos muchas cosas: columnas de opinión, talleres, conferencias, textos cortos..  Todo eso da tiempo para hacer la gran crónica, la cual quizás no será tan bien pagada, pero de alguna manera es financiada con todo lo que uno hace.</p>
<p><strong>Cuando leía «Los Malos» –ese libro de perfiles sobre personajes oscuros y crueles de América Latina–me preguntaba si tenías que lidiar mucho con los escritores, con los cronistas.   </strong></p>
<p>-Empecé a editar en Gatopardo, donde edito hasta hoy. La idea de editar empieza con Los Malditos, en el año 2011. No se trata de lidiar. Se trata de acompañar. Un editor debe ser una sombra noble de ese periodista que puede terminar con aplausos y brillos. Un editor debe acompaña a un autor, queriendo que el autor brille, y que la historia encuentre su mejor forma. Yo no lidio. Yo converso, escucho, por supuesto siempre habrá alguien difícil, pero no he tenido encontronazos. Yo aprendo muchísimo editando. Y es un privilegio lidiar -allí sí lidiar- con los textos, y con esa materia exquisita que son los textos. Entablar una conversación con el escritor es muy rico. Debes tener respeto y mucho cuidado porque él (el cronista) considera que su texto es lo mejor que pudo dar hasta ese momento. Allí empieza tu trabajo.</p>
<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2015/12/Leila-.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-270580" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2015/12/Leila-.jpg" alt="Leila" width="750" height="375" /></a></p>
<p><strong>¿Y te tocaron buenos editores?</strong></p>
<p>-Siempre tuve buenos editores. Quizás no hicieron esta tarea de ida y vuelta con los textos. Pero yo he tenido editores maravillosos. Han hecho lo mejor que puede hacer un editor: desafiarte, ponerte en lugares de incomodidad o proponerte cosas arriesgadas. He tenido editores generosos. Y no publicadores. La lectura del editor es muy importante.</p>
<h3><strong>EGO, HUMILDAD, UN POQUITO DE MODESTIA </strong></h3>
<p>Esta mujer que no es esclava de Twitter ni de Facebook, se &#8216;pega&#8217; a las webs de los medios para informarse y a la tele. El día previo a la entrevista siguió el desarrollo de las elecciones en Venezuela, a través de Telesur y CNN. Estaba leyendo El País, El Nacional, Contrapunto. «Es importante buscar todas las miradas. Pero no necesito Facebook. Si llegara el día en que solo a través de Facebook se accedería a la información, yo me sacaría una cuenta que se llame &#8216;Cartelito de Navidad'».</p>
<p><strong>La humildad del periodista a veces me parece en extinción. Siento que hay mucho ego. No sé. Quizás sea solo una percepción.</strong></p>
<p>-Yo conozco buenos periodistas nada humildes, pero uno debe ser modesto. No puede estar uno por delante de la historia. Un periodista va a contar la historia de otro, y no su propia historia. Lo que vuelve el foco de la cámara demasiado hacia vos me parece que no está bien. Aspiras a saberlo todo, pero en el fondo sabes que no puedes saberlo todo. Creo que eso también es importante, y es parte de la humildad. Me gusta pensar al periodista más en un lugar de modestia.</p>
<p><strong>Se debate en algunas clases de redacción sobre el uso de la primera persona en la crónica. ¿Es innecesaria esta discusión? ¿La historia es la que manda al fin y al cabo?</strong></p>
<p>-Es una decisión completamente personal. Hay escritos en primera persona que me encantan. Yo no la uso para mí, salvo en las columnas de opinión. Me da pudor. No creo que sea buena o mala, lo mismo pasa con la tercera persona. Si la mirada está puesta sobre sí mismo (sobre el periodista), en primera persona o en tercera, eso se va a notar. Eso es un acto de soberbia. Puedes ser un egocéntrico, los hay.</p>
<p><strong>En una conferencia en México, hace muchos años, dijiste que no te interesaba Twitter o Facebook. ¿Cuéntame de esta resistencia? Aunque resistencia no sé si es la palabra adecuada.</strong></p>
<p>–No sé si es resistencia. Lo cierto es que no necesito las redes sociales. No uso Twitter, Facebook, Instagram y conozco a mucha gente que no lo hace. Me llama la atención que llame la atención que no use redes sociales. Me preguntan a menudo (risas) Tampoco tengo un Mercedes Benz, tampoco tengo un caballo, tampoco soy rubia. Un periodista necesita concentración para poder ver, leer y escribir. Creo que muchos de estos medios son terriblemente distractores. Es como un pajarito que taladrea tu cabeza y te grita &#8216;mirá lo que dicen en Twitter de vos&#8217;, &#8216;mirá lo que pusieron en Facebook&#8217;. No creo que sea bueno saber tanto. No creo que uno tenga tantas cosas para decir. Escribo  notas, columnas de opinión, escribo crónicas, doy conferencias, doy entrevistas y además debo salir a decir cosas en Twitter. ¿Por qué? ¿Por qué hay que pensar que uno es tan importante para decir tantas cosas?</p>
<p><strong>Para algunos, las redes sociales permiten conocer a tus lectores. ¿Cuál es la relación que tienes con los lectores?</strong></p>
<p>-Cara a cara. El Hay Festival, por ejemplo. Las conferencias, las ferias del libro, las presentaciones&#8230; Todo ello me permite conocer gente. En Lima conocí a una chica que llegaba de una provincia. Su enamorado le había regalado por su cumpleaños el viaje a la librería donde yo iba a presentar mi libro. Fue muy conmovedor para mí. Es un contacto fantástico, humano, y posible. No sé si pasa eso en Facebook. Si alguien me dice algo en las redes sociales, a favor o en contra, a mi me gustaría responder, agradecer&#8230; Es imposible mantener una conversación fluida con 400 personas a la vez.</p>
<p><strong>¿Como logras esa concentración de la que me hablas?</strong></p>
<p>-Lo primero que necesito es que no sea feriado. Escribir en feriado es mala idea, el silencio reinante no me hace bien. Tengo que tener 10 o 15 días sin obligaciones, como presentar un libro, ir al médico, La casa debe estar razonablemente  silenciosa, y lo está: vivimos mi marido y yo. Es un lugar de trabajo, los dos trabajamos en casa. Cierta serenidad interna es fundamental, que es lo más diicil de lograr. El silencio de la cabeza, libre de preocupaciones externa. Así logro encerrarme con todos mis papeles, leer y pensar en empezar. Y al fin escribir.</p>
<p>Entonces escribe, escribe. Escribe.</p>
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		<title>12 reflexiones de Leila Guerriero para periodistas que todavía creen en el oficio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[@cdperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Dec 2015 13:54:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claves]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Leila Guerriero]]></category>
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		<category><![CDATA[Zona de obras]]></category>
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					<description><![CDATA[A propósito de la lectura de su libro "Zona de obras" compartimos 12 reflexiones que nos gustaron, pero como toda lista es arbitraria y recomendamos devorar completamente su obra.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Leila Guerriero</strong>  no tiene solo lectores. Tiene fans.</p>
<p>A propósito de la lectura de su libro <strong>«Zona de obras»</strong> compartimos 12 reflexiones que nos gustaron, pero como toda lista es arbitraria y recomendamos devorar completamente su obra.</p>
<p><strong>NO LE GUSTA DAR CONSEJOS A LOS PERIODISTAS, PERO&#8230; un día se animó</strong></p>
<p>1. Les diría: corran. Les diría: sientan los huesos mientras corran como sentirán después las catástrofes ajenas: sin acusar el golpe. Aguanten, les diría. Pasen por las historias sin hacerles daño (sin hacerse daño)</p>
<p>2. Sean invisibles: escuchen lo que la gente tiene para decir. Y no interrumpan. Frente a una taza de té o un vaso de agua sientan la incomodidad atragantada del silencio. Y respeten.</p>
<p><a href="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2015/12/zona_de_obras.png"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-270270" src="http://www.clasesdeperiodismo.com/wp-content/uploads/2015/12/zona_de_obras.png" alt="zona_de_obras" width="458" height="722" /></a></p>
<h3>EL OFICIO</h3>
<p>3. La crónica es un género que necesita tiempo para producirse, tiempo para escribirse, y mucho espacio para publicarse: ninguna crónica que lleva meses de trabajo puede publicarse en media página.</p>
<p>4. Mi bendita ignorancia me dice, una vez más, que no lo sé, y mi estúpido optimismo me dice que esta tendencia a la subestimación de los lectores terminará cayendo por su propio peso, que alguna vez algunos editores recordarán que lo que publican no es un catálogo de avisos sino unos artículos que aspiran a contar el mundo en que vivimos, y que entonces volverán a sentar su trasero en una silla doce, quince, dieciséis horas por día, tal como hasta ahora seguimos haciéndolo los pocos privilegiados que podemos publicar crónicas aquí y allá, en el puñado de revistas que son las que, quizás, justifican el mito del auge de la crónica, gracias a que, todavía y por suerte, un puñado de buenos editores confía en la potencia de un texto bien escrito.</p>
<p>5. No hay un decálogo del buen cronista , pero, si lo hubiera diría que es alguien que entra en iglesias y mezquitas, en bares y en cementerios, en clubes y en las casas, que habla poco, que escucha mucho, que lo mira todo -carteles y colegios, la gente por la calle, los perros, el clima y las comidas- y que, después de mirar, hace que eso signifique que descubre, en aquello que miraron tantos, una cosa nueva; que cuenta Nueva York-París o Toledo- como si fueran <em>terra incógnita. </em></p>
<p>6. No supe que quería ser periodista hasta que lo fui y, desde entonces, ya no quise ser otra cosa.</p>
<p>7.  No hay, para un periodista, ponzoña peor que el barro fofo donde chapotean el eufemismo y la corrección política y, sin embargo, ese barro abunda.</p>
<p>8. Un perfil es una carrera de resistencia, en la que no tiene chances el que llega primero, sino el que más tiempo permanece.</p>
<p>9. Cualquier historia sucumbe si se le salpica con polvos como la superación humana, el ejemplo de vida o la tragedia inmarcesible.</p>
<p>10. Lo diré corto, lo diré rápido y lo diré claro: yo no creo que le periodismo sea un oficio menor, una suerte de escritura de bajo voltaje a la que puede aplicarse una creatividad rotosa y de segunda mano.</p>
<p>11. Yo encuentro ciertas diferencias entre la vocación necesaria para gerenciar una fábrica de condones y la que se necesita para editar una revista o un periódico. El hecho de que tantos editores hayan decidido que los lectores no leen, pero insistan en hacer periódicos y revistas —objetos que sólo están hechos para ser leídos—, es, al menos, desconcertante. ¿Para qué insistir en la fabricación de algo que está destinado al fracaso? ¿Por qué no venden sus diarios y sus revistas y se compran canales de televisión?</p>
<p>12. Por eso, a los buenos periodistas que aún no hemos leído, a los que están empezando, a los que no tienen tíos o amigos en el mundo editorial ni dinero para pagarse una carrera, a los que no encuentran sitio donde publicar sus crónicas, vendría bien recordarles eso: que siempre habrá un buen editor acechando en las sombras.</p>
<p>&nbsp;</p>
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