Claves

Jon Lee Anderson cree que el futuro del periodismo es incierto, pero se puede sobrevivir

Por @cdperiodismo

Publicado el 14 de junio del 2015

Jon Lee Anderson es un periodista que se debe tener como referente desde las aulas. Hace poco fue entrevistado por El Deber, un diario de Bolivia, y podemos aprender más de la experiencia del reportero que ha vivido al límite.

El Deber lo invitó a la Feria del Libro en ese país, en donde escribió la biografía más periodística sobre el Che Guevara, y descubrió dónde estaban enterrados sus restos.

ALGUNAS PREGUNTAS CLAVES

¿Qué te interesaba de la guerra que la buscaste con tanto afán?

-Primero pensé que era interesante conocer la guerra para completar mi formación personal. Así como yo quería ir al Sahara, al Amazonas, a las pirámides, quería conocer la guerra, no en plan turístico, sino de primera mano para saber qué pensaba sobre ese fenómeno. Era como una afrenta a la moral, a mi moral. Yo no podía comprender cómo eso era algo tan aceptado y cotidiano aunque todos la aborrecían. Una vez que la conocí, se convirtió en condición permanente. En ese tiempo, las guerras eran distintas. No era que uno pudiera visitar una trinchera y volver a casa, como en Verdún, en 1916. Las guerras de hoy son diferentes, tienen sus capas y te das cuenta de lo poco que conoces al presenciarla la primera vez. Es todo un proceso de aprendizaje y acercamiento. No encontraba las respuestas que buscaba y me adentraba más y más. Finalmente me enfoqué en la guerrilla, en las personas que fueron voluntariamente a la guerra. Nunca me interesaron los soldados, que generalmente están allí obligados por sus países. Me interesaba la gente que quería estar en un mundo violento.

Uno siempre tiene como figuras literarias a las cuales seguir, copiar, ¿cuáles eran las tuyas?

-No eran periodistas. El periodismo era como una plusvalía a la experiencia. Era una forma de transitar las experiencias que yo buscaba, y publicarlas era al final un trabajo, pero no buscaba un trabajo. Sí sentía que al final iba a ser un escritor, pero no sabía qué tipo de escritor.

Admiraba a las personas que escribían pero que también tenían vidas de acción. Hemingway era un tipo importante, pero también otra gente que no eran ni escritores. Me interesaban algunos naturalistas, exploradores. A los que más admiré eran personas que venían de una vertiente posrenacentistas, más artística que de escritor, que sabían dibujar, escribir. Darwin y otros menos conocidos, por ejemplo. También a Carl Akeley, el padre de la taxidermia y a su vez explorador. Por él me hice taxidermista. Aflred Wallace fue otro explorador que fue a Asia, Levy Strauss… Me interesaba gente que iba a la selva con una idea, no tanto para llegar primero. Cuando se trata de literatura, me interesaban personas como Hemingway y algunos románticos que hayan vivido sus vidas, como Byron, que murió tratando de meterse en una guerrilla, que era mujeriego. O Coleridge, que fumaba opio. Hasta Poe hacía cosas.

Luego había cuentistas cortos, como Chejov. Graham Green era toda una revelación para mí, a pesar de que no entendía su lucha con la fe. Era un hombre muy de su clase social, muy del Imperio Británico, que andaba al borde del vicio y de la perdición, que iba por la cintura del mundo. Genet y Gide eran buenos escritores que anduvieron entre gays, rateros y panteras negras. Escritores radicales como Malcom X, el mismo Che. A los 12 o 13 años estaba muy atraído por los radicales, gente de acción directa que eran capaces de hacer cosas. A los 27 descubrí a Kapuscinski, que era como el posGreen. También a Conrad, no sé por qué me olvidé de Conrad. Me crie entre muchas culturas y muchas situaciones no propias de mi nivel social ni de mi generación. Mis referentes entonces tenían que ser distintos. Mientras amigos míos admiran a Martin Amis, Richard Ford, Don DeLillo, grandes novelistas, pero siempre me parecían demasiado literarios, con mundos muy artificiales como para que yo me interesara.

John Carlin dice que este es el mejor momento para hacer periodismo, pero el peor para vivir de él, ¿cómo ves el momento?

-Incierto, pero sin duda en tránsito hacia algo sobrevivible. Nunca antes tuvimos que competir ante tantos conductos de información. Ahora cada ciudadano puede ser su propio informador, aunque nosotros estamos empeñados en hacerle entender que eso no es información. No está claro cómo va a lucir este bicho al final. De momento, la vaca se ha enflaquecido muy rápidamente. No hay una respuesta. Vemos cómo responde el mercado, buscando sostenibilidad y ganancia con inventos nuevos, pero no sabemos cómo va a pasar. Los nuevos mecenas que emergen de la penumbra es una especie de respuesta. Es posible que el periodismo deje de ser rentable y que dependamos de mecenas. Una especie de Mediccis, pero más benévolos.

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