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De Justin Bieber a la Tigresa del Oriente

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¿Cómo entender los fenómenos de Justin Bieber o de la Tigresa del Oriente? ¿Qué tienen en común sus carreras? ¿Cómo se relacionan con el caso de Megaupload o Napster? El concepto de “tecnología disruptiva” nos da algunas pistas como veremos.

Justin Bieber, el mundialmente conocido cantante juvenil, no existiría sin esta disrupción a la que aludimos en el post anterior. Descubierto a partir de unos videos que un productor con ojo encontró de casualidad en YouTube lo suyo supone el camino inverso, una ruptura, de lo que se entendía hasta entonces debían ser los pasos de la carrera de un artista.

La historia de éxito de Elvis o The Beatles, por nombrar dos momentos cumbres de la música moderna, estuvo precedida por años tortuosos en los que mientras tocaban en locales de poca reputación, audicionaban soñando encontrar al productor que los hiciera famosos y conocidos. En la actualidad sucede lo contrario, ahí están los productores buscando entre bites y bites de información colgada en la red a la futura estrella musical.

Es más, incluso a veces estos cazatalentos ya no son necesarios. Tal es el caso de los Artic Monkeys , banda de rock inglesa, que incluso antes de firmar algún contrato y de grabar un disco oficial, eran ya conocidos por un importante número de seguidores, quienes dieron con ellos gracias a un MySpace creado por los propios fans. En este caso fueron los mismos seguidores quienes descubrieron, distribuyeron y consumieron la música del grupo. No hizo falta un sello discográfico, tampoco un productor, ni siquiera material físico para que los Artic Monkeys sean conocidos y escuchados. Lo único necesario fue una plataforma, contenido y alguien dispuesto a escuchar y pasar. En palabras de Carlos Scolari (2008), se puede hablar de una coevolución eficaz entre usuarios y tecnologías.

La historia de la primera intervención cracker se funda en el desarrollo tecnológico, que invita, de manera fácil, a ser usado por todos. Aquel es uno de sus pilares.

Una experiencia más cercana es el éxito de la peruanísima Juana Judith Bustos Ahuite, conocida en internet como la Tigresa del Oriente, quien se hizo popular mundialmente gracias al video de su tema Nuevo Amanecer , colgado en YouTube y que en el 2009 alcanzó las 10 millones de reproducciones en el mundo. No hay forma de entender el éxito de la Tigresa ni sus giras mundiales sin volver al concepto disruptivo. Varias veces la artista de más de sesenta años ha contado que dejó sus canciones por varios años en las radios y sus videos en los canales de televisión peruanos sin encontrar respuestas positivas. Los directores, productores y programadores nunca imaginaron que la misma señora que les pedía una oportunidad, se convertiría en un éxito en internet tiempo después. Ni siquiera ella misma.

Solo fue necesario como dijimos una plataforma, contenido y alguien que lo suba y lo pase. Hace poco la artista firmó un contrato con la Warner Music, una de las principales disqueras del mundo. Una evidencia del poder de la audiencia para generar productos (que consiste en un cambio de modelo de negocio -de oferta a demanda- de las industrias culturales) y también una respuesta aún débil de la industria de la música. La ruta habitual de construcción de contenidos y artistas en la industria musical ha sido alterada para siempre por los crackers.