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Periodismo participado: ¿la construcción colectiva de la información?

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Introducción de Tesis de Grado-”Periodismo participado: los prosumidores de información periodística en tiempos 2.0″ 

Cada vez que surge una nueva herramienta tecnológica, las prácticas y los usos de la sociedad se modifican, y con ellas cambian los modos de ver el mundo y las maneras de intervenir en él. Hoy, los seres humanos, habitantes del mundo urbanizado, además de ansiar el amor, la felicidad, el dinero, o el poder, equiparan esos deseos con el de estar comunicados en línea, conectados de manera ubicua: a cada momento, con todos, desde todas partes.

Se estima[1] que en un día se consume la suficiente información para llenar más de 168 millones de DVDs, se escriben 2 millones de posts en blogs que llenarían revistas Time por 770 años, se actualizan 532 millones de estados en redes sociales y se suben a YouTube[2] 864 mil horas de vídeo. Jamás ha habido tanta información disponible como ahora, y en ningún momento de la historia los humanos la han consumido de manera tan simultánea como en la actualidad.

Por eso, en esta tesis, fue de interés estudiar a los nuevos actores que, servidos del avance de cada vez más herramientas tecnológicas, construyen inteligencia colectiva a la hora de producir, emitir y circular específicamente información con valor periodístico. En este marco, se analizó la avanzada del periodismo participado en donde los ciudadanos juegan un papel activo en el proceso de colectar, reportar, analizar, producir y diseminar información periodística. Ante ello, se preguntó acerca de la implicancia que tiene este fenómeno comunicacional a la hora de pensar la figura y rol del periodismo profesional en la actualidad.

Deberá entenderse por información periodística en su sentido más amplio al resultado de la búsqueda, producción, transmisión y recepción de mensajes de actualidad y de interés general, a través de cualquier medio de comunicación. Ésta puede especializarse en distintos terrenos de los cuales surgen las diferentes tipologías existentes: política, economía, cultura, sociedad, entre otras. Además debe contar con algún sesgo de los siguientes factores: impacto, proximidad, pertinencia e importancia.

Esta información puede tener tres diferentes alcances en cuanto a interés, accesos y niveles de interacción pública. Para definirlos se pueden retomar las clasificaciones que utiliza el Antropólogo Néstor García Canclini en su libro “Cultura y comunicación: entre lo global y lo local”[3]:

En primera instancia indica que existe una “esfera micropública” en donde interactúan decenas, centenares o miles de participantes, como pueden ser las agrupaciones vecinales que se desempeñan en una ciudad o región con, por ejemplo, una publicación en reclamo a un municipio.

Luego la “esfera mesopública” es aquella que comprende a millones de personas en interacción a nivel Estado-Nación mediados por diarios, radios y cadenas televisivas de alcance nacional.

Finalmente, la “macropública” que engloba a cientos de millones y hasta billones de personas involucradas con medios de alcance masivo como las agencia de noticias internacionales, las coproducciones de cine y telenovelas, Internet con su inmediatez global, las redes sociales, entre otros.

Estas esferas de lo público interactúan entre sí y con los ámbitos privados, por lo que deben entenderse como espacios donde circula la información periodística de la que se va a hacer referencia a lo largo de este trabajo. No importa la trascendencia que tenga esa información, sino que es válida si al menos pueda interesar o modificar la realidad de unos pocos.

Nuevas tecnologías: nuevos públicos y alcances

Cada vez que ocurre un significativo cambio social, económico o tecnológico, se sucede una transformación en las formas de producir y transmitir noticias. Esto lo demuestra lo que ocurrió entre 1830 y 1840 con el advenimiento del telégrafo y la creación de agencias de noticias; entre 1880 y 1890, con una caída de los precios del papel y el aumento de tirada de diarios; entre 1920 y 1930, con la radio y el aumento de la cultura de la farándula, y entre 1950 y 1960, con la Guerra Fría y la masificación de las producciones televisivas.

No más de quince años atrás, toda emisión y recepción mediática, era controlada sólo por los grandes grupos concentrados de comunicación, decidiendo éstos qué, cuándo, dónde se podía tener información, y cuánto se debía pagar por ella.

Pero la globalización[4], es decir, el proceso socio-económico, tecnológico y cultural que propició la apertura de las fronteras nacionales, la revolución informática y fundamentalmente la masificación de las comunicaciones, generó hechos claves para plantear también una incipiente negación a la concentración de capitales informativos en pocos medios. En el marco de esta resistencia, surgió un influyente uso de las tecnologías conocidas como “2.0” cuya primera definición fue pensada por Tim O´Reilly[5] en 2004 cuando se refirió a ellas en el quinto Foro Internacional de Contenidos Digitales (FICOD) . Enunció que se trataba de una segunda generación en la historia del desarrollo de tecnología web, basada en comunidades de usuarios y una gama especial de servicios, como las redes sociales, los blogs o los wikis[6] que fomentan la colaboración y el intercambio ágil de información.

La llegada del cable, seguida por Internet y las tecnologías móviles, ha traído el más reciente cambio para las noticias, porque los usuarios comenzaron a usar estas herramientas de manera dinámica y original para informarse mutuamente y crear información, tanto a nivel global como en ámbitos locales. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que deben entenderse como medios que brindan herramientas como portales web, redes sociales, blogs, foros, chats y versiones digitales de radios, se considera que se materializa el establecimiento de una dicotomía, en pos de la democracia de voces, entre el emisor y el receptor. Ambos entes fortalecen a lo que se denominará “Sociedad de la información”, al poder intercambiar equitativa y libremente opiniones e información alrededor del mundo en un mismo instante, así como refutar ideas, debatir, dialogar, y construir consenso acerca de múltiples temáticas.

Todo esto se logra a través del gran canal de distribución que es Internet que permite superar fronteras para llevar los hechos “en vivo y en directo” a cualquier lugar del mundo a un bajo costo y con fácil acceso. Sin embargo, respecto de esta masividad no debe ser interpretada como que todos los países y sus poblaciones tienen igualdad de condiciones económicas y educativas para el uso masivo y asiduo de Internet. Incluso, según un estudio realizado por el sitio The Next Web[7] sólo el 28,7% de los habitantes del planeta tienen acceso a la red, pero su uso ha crecido 44,8% durante en la última década. Además, África y Medio Oriente, dos regiones con la menor cantidad de usuarios conectados, han tenido un incremento de 2.357% y 1.825% respectivamente desde el año 2000; lo que significa que , eventualmente, podrían nivelarse la brecha con el resto del mundo.

Pensando en este crecimiento de los internautas alrededor de la tierra, esta investigación buscó adentrarse centralmente en el fenómeno del periodismo participado, es decir, en la posibilidad de intervención de los usuarios como generadores de información, convertidos en creadores de nuevos mensajes.

Entonces, en este trabajo se puso en discusión la concepción de información, hasta entonces sólo comercializada y transformada en mercancía por los grandes medios tradicionales. En esta lógica se fue desdibujado así su verdadero rol social, que según los periodistas Kovach y Rosenstiel en su libro “Los elementos del periodismo”[8] la información debería consistir en ser proporcionada al ciudadano como un medio para ser libre y capaz de gobernarse a sí mismo. Y junto a ello, también, el desvanecimiento de la misión periodística, que siguiendo con la línea de los autores citados es la de informar de manera veraz, con compromiso e imparcialidad, cuya primera lealtad es con el público. Todo ello debe ser logrado sin disiparse en medio de la competencia entre las empresas de comunicación, la avidez sin límite por dar primicias y la lucha feroz por captar o mantener a las audiencias y lectores.

Entre este contexto de mercantilización informativa y el desgaste de credibilidad mediática también se retomó un fenómeno contrapuesto que surgió a fines de los 80´s y durante los 90´s con el surgimiento de una propuesta denominada periodismo social/ periodismo ciudadano.

Si bien tanto el periodismo tradicional como el social/ ciudadano garantizan la libertad de expresión y opinión, el derecho a la información y la comunicación, el respeto por las diferencias, la pluralidad ideológica y de opiniones, la búsqueda de la verdad y la equidad, para generar información como bien público; el periodismo ciudadano, de la mano del periodismo social por su parte afirman una real libertad de expresión y opinión, priorizando el interés colectivo en todas las dimensiones humanas. A su vez, buscan reducir las asimetrías sociales y de los excluidos, en él prima la función social de mediación en la solución de problemas comunicacionales en lo local, regional, nacional e inclusive internacional. Tienen una amplia divulgación de los hechos coyunturales, construyen la democracia participativa y la democratización de la comunicación. Por último incentivan movimientos y organizaciones sociales para el desarrollo y el bienestar social.

El punto de origen del periodismo social/ periodismo ciudadano se marca en los Estados Unidos. Luego, su práctica se trasladó a América Latina, donde el primero en aplicarlo fue Brasil, al que se sumaron, entre otros, Argentina y Colombia a partir del año 2000.

Particularmente en Argentina, para ese comienzo de siglo, se generó un fenómeno de crisis de representatividad y descreimiento político-mediático en donde ninguno de los referentes de poder y la comunicación favorecían a las necesidades sociales del momento. Y es casualmente allí donde comenzó a avanzar Internet, con un desarrollo tecnológico dinámico que comenzó a masificarse, generándose un nuevo canal de comunicación, hoy conocido como las herramientas web 2.0.

Un sitio o aplicación[9] de características 2.0 permite, interactuar a sus usuarios con otros y, sobre todo intervenir de cualquier modo, ya sea agregando, difundiendo y hasta eliminando contenido. Un usuario común con acceso a la red puede compartir opiniones, crónicas, reportajes, spots, fotografías y vídeos desde su propia realidad. Incluso, tiene a su alcance las herramientas para generar y publicar eventos de todo tipo y denunciar desde falencias barriales, trabas judiciales, hasta a funcionarios corruptos.

Pero es necesario hacer una salvedad: la información y el análisis aún están en manos de los periodistas profesionales, como editores de contenido. Y estos agentes capaces de colaborar y crear su propia información, son parte de los que se denomina de ahora en más periodismo participado y en cuanto a sus usuarios, se los identifica y estudia como prosumidores.

Capacidad de prosumir en el mundo 2.0

La palabra prosumidor, originalmente, proviene de los estudios de mercado y economía, donde se los entiende como sujetos que crean dinero mientras lo gastan. Es decir, que hacen una inversión, que con el tiempo y las mejoras que se puedan hacer, tendrá mayor valor en un futuro no muy lejano. Por ejemplo, en el caso de la compra de una casa se gasta dinero pero, con el paso de los años, si se producen modificaciones sobre ellas, se crea un patrimonio que irá creciendo o decreciendo día a día, generando un nuevo producto.

En cuanto al concepto de prosumidor dentro de los estudios sobre comunicación fue anticipado por Marshall McLuhan y Barrington Nevitt en el libro “Tome Hoy: el Ejecutivo de deserción”[10], en donde afirmaban que la tecnología electrónica permitiría al consumidor asumir simultáneamente los roles de productor y consumidor de contenidos. Siguiendo esta línea de pensamiento, en 1980 el Doctor en Letras y Leyes, Alvin Toffler, conocido por sus predicciones acerca de la revolución digital y la revolución de las comunicaciones, introdujo formalmente el término prosumidor en el libro “La tercera ola” [11]. En él usó el concepto de “ola” que se refiere a cada uno de los hechos biológicos, psicológicos, sociales y económicos que marcan a los distintos momentos de las civilizaciones.

Vaticina un resurgimiento. Plantea que originalmente en la “primera ola”, los humanos dentro del proceso de la revolución agrícola, consumían lo que ellos mismos producían, es decir, un autoabastecimiento en el que no eran ni productores ni consumidores en el sentido mercantil que hoy en día se conoce, sino que eran lo que podrían denominarse prosumidores.

Pero luego, con la revolución industrial y el advenimiento de las máquinas en la sociedad se pasa de producir a consumir, dando lugar a las “segunda ola” cuyas consecuencias culturales fueron la uniformidad, la especialización, la sincronización, la concentración, la maximización y la centralización. Aquí se separaron estas dos funciones antes unificadas y se dio nacimiento a dos agentes conceptuales diferentes: productor y consumidor. La imagen de poder en esta “segunda ola” lo tienen los que se ocupan de coordinar y optimizar los procesos de producción. En este caso, analizando los medios de comunicación, serían los dueños de las empresas y los periodistas.
Sin embargo, finalmente propone que con el avance de la tecnología y el surgimiento de nuevos medios de producción se genera la “tercera ola”. “Están desapareciendo los días de la omnipotente red centralizada que controla la producción de imágenes (…) los medios de comunicación de la tercera ola están destruyendo en un amplio frente el dominio ejercido por los dueños de los medios de comunicación de la segunda ola”.[12]

En medio de este juego de embates entre las distintas etapas de producción-consumo, se puede ver imbricada en la “tercera ola” el surgimiento de este nuevo rol virtual de los usuarios de Internet y sus nuevos soportes. Pierden vigencia las antiguas webs no-interactivas, donde al internauta sólo se lo limitaba a una visita pasiva entendida así por su incapacidad instrumental de producir nuevos contenidos, reducido a la sola recepción de la data hermética que se le proporcionara.

Fue a principios de los años 90, cuando comenzó a surgir una apertura de los medios hacia lo que se entendió en su momento como periodismo cívico. Buscaban la participación del público y las comunidades en la forma de sesiones de grupo o ‘focus groups’, encuestas y observación de las reacciones ante las historias noticiosas diarias. La mayoría de estos primeros acercamientos se centraron especialmente en la cobertura de climas electorales. Pero luego, en particular los periódicos buscaron involucrar a los lectores en temas que pudieran generar debate.

Pero ahora, con el acceso a las herramientas adecuadas, quienes tienen llegada económica y educativa a Internet se convierten directamente en potenciales productores de nueva información.

Así, se da un gran paso adelante en la democratización de la información, tanto para los emisores como los receptores. La información ha dejado de ser propiedad de pocos, para ser de muchos. Tanto es así, que algunas de las noticias más importantes de los últimos tiempos se han nutrido de imágenes de ciudadanos que estaban en el lugar del suceso antes de que llegara la prensa tradicional.

Pero la verdadera riqueza del periodismo colaborativo radica, en que viene a ampliar el abanico temático sobre el que cotidianamente se ha desempeñado el periodismo. Los ciudadanos publican vídeos, fotografías y textos referentes a aquellas cuestiones que los preocupan e interesan, sin grandes filtros ni manipulaciones de por medio.

Son libres para manifestarse en primera persona, para hacerse cargo e incluso darle entidad a lo que transmiten. Además, este tipo de usuarios puede llegar a tener un enorme poder para cuestionar o complementar información publicada por medios de tipo tradicional, antes inescrutable o sólo cuestionada a través de las cartas de lectores o con llamados telefónicos al medio.

El fenómeno de participación ha tomado tal crecimiento que en el año 2006, la revista norteamericana TIME eligió como “personaje del año” a “You”-“Vos”/“Ustedes” en reconocimento a los millones de ciudadanos por su influencia en la era colaborativa de la creación de información como usuarios activos de Internet.

(Siguiente capítulo
¿Cómo se conforman los medios de Periodismo Participado?-”

la próxima semana)


[1] Mba Online. Estudio “Un día en Internet” Consulta: 7 de agosto de 2012 Disponible en: <http://www.mbaonline.com/a-day-in-the-internet/>

[2] Es un sitio web en el cual los usuarios pueden subir, compartir, comentar y valorar vídeos de toda índole.

[3] GARCIA CANCLINI, Néstor. “Zonas de indecisión entre lo público y lo privado” en Cultura y comunicación: entre lo global y lo local. La Plata, Ediciones de Periodismo y Comunicación, 1997.

[4] GARCIA CANCLINI, Néstor. Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalización. México. Grijalbo,1995.

[5] Es un fuerte impulsor de los movimientos de software libre y código abierto, así como uno de los autores del concepto Web 2.0

[6] Sitio cuyas páginas pueden ser editadas por múltiples voluntarios a través del navegador. Los usuarios pueden crear, modificar o borrar lo que comparten.

[8]KOVACH Bill y ROSENSTIEL Tom. “Los elementos del periodismo” Madrid, Ed. El País, 2003

[9] Herramienta que los usuarios pueden utilizar accediendo a un servidor web a través de Internet o de una intranet mediante un navegador.

[10] MCLUHAN, Marshall y BARRINGTON, Nevitt. Tome Hoy: El Ejecutivo de deserción. Nueva York, Hacourt Brace Jovanovish, 1970.

[11]TOFFLER, Alvin. La Tercera Ola. Madrid, Biblioteca de divulgación científica Muy Interesante, 1980.

[12] Idem 11. Pág. 167

 

Periodista argentina entusiasta de la tecnología e interesada en la información participada. www.letracompartida.com es mi laboratorio. Soy parte de la Secretaría de Vinculación Tecnológica de la Facultad de Periodismo de la UNLP. Tw: @ohcarool




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