Entrevistas

Alberto Salcedo Ramos: “El cronista se forma ejercitando la curiosidad y renovándola cada día”

Por Esther Vargas

Publicado el 03 de marzo del 2014

Alberto Salcedo Ramos escribe una frase en Facebook que resume la pasión del oficio de periodista: “Tan bonito que es ganarse la vida haciendo lo que a uno le gusta”. El colombiano que ganó el Premios Ortega y Gasset  al contarnos la vida de Wikdi, un niño que vive en Chocó y que camina cinco horas diarias para ir y volver a su colegio es un cazador de historias en esa “gran despensa que es la realidad”.

A fines de mes, Salcedo Ramos –maestros de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo (FNPI)– estará en Lima para la Bienal Mario Vargas Llosa. Mientras lo esperamos, adelantamos una conversa sobre la crónica, el periodismo y las nuevas generaciones.

-Parece que la crónica se hubiera puesto de moda. Hay periodistas que hoy se presentan como cronistas y no pocos estudiantes de periodismo salen de las universidades con la idea de escribir crónicas. Yo creo que no es tan fácil hacer una crónica y que demanda más que entusiasmo. ¿Qué está pasando con la crónica en América Latina? ¿Es este su mejor momento?

-Es curioso, Esther. En una época me molestaba que nadie hablara de la crónica y ahora me molesta que todo el mundo hable de la crónica. Me preocupa que muchos de quienes se apasionan hoy por este género lo vean como un deporte exótico que está de moda. La crónica no estaba muerta antes porque nadie hablara de ella, ni es la salvación del periodismo ahora porque todo el mundo hable de ella. No estoy seguro de que la crónica esté en su mejor momento, como andan diciendo. En nuestro continente siempre ha habido esta forma de periodismo a través de narraciones. Últimamente me está asaltando una duda, ¿sabes?: cuando yo era muchacho a este tipo de textos se les llamaba “reportajes”, y casi todas las piezas de ese género que conocíamos entonces procedían de Estados Unidos. De un momento a otro nos cambiaron la palabra “reportaje” por “crónica”, y todos empezamos a seguir la corriente. Es posible que el cambio se deba a que el tipo de texto narrativo cultivado en América Latina es más personal, más subjetivo, y le permite al autor un cierto libertinaje en la mirada.

-¿Qué necesita una crónica para ser propiamente una crónica? Hay muchos híbridos que llaman crónica y he escuchado la temible palabra ‘acronicar’ en boca de editores cada vez que buscan ‘color’ en las notas. 

-Para mí los géneros periodísticos no se excluyen sino que se complementan. En el mismo diario pueden convivir la noticia breve con el reportaje profundo y la columna de opinión con la entrevista de actualidad.  Cuando los temas son explorados a través de distintos géneros, el lector gana porque tiene más formas de interacción con la realidad. En todo caso, cada género tiene sus particularidades. Cuando decimos crónica, hablamos de un género informativo e interpretativo. Vale por la calidad de su investigación y vale por la calidad de su texto.

-¿Cómo se forma un cronista?

-Se forma leyendo a grandes autores de la literatura, tanto la de ficción como la de no ficción. Perdona que empiece la respuesta recordando algo tan obvio, pero es que todo el mundo sabe que hay que leer y pocos son los que de verdad leen. En cuanto a escribir, ya García Márquez lo dijo: una cosa es querer ser escritor y otra, escribir. El brazo de los escritores es como el de los pitchers en el béisbol: si no se calienta mediante el ejercicio constante, no aprende a tirar strikes. El cronista se forma ensuciándose los zapatos de polvo en su trabajo como reportero, se forma ejercitando la curiosidad y renovándola cada día, se forma sacando lecciones de la experiencia que va acumulando a través de los años. Una cosa muy importante para la formación del cronista actual es contar con buenos editores, editores que lo reten, que le digan “no” de vez en cuando, que no se fijen en su nombre sino en sus textos, editores que le ayuden a dar lo mejor de sí mismo.

-Leí en El Malpensante que las telenovelas de los años 70 te inspiraron para contar historias. Y este contador de historias que es Alberto Salcedo Ramos, ¿dónde encuentra las historias?

-En esa gran despensa que es la realidad. Cuando uno lee noticias encuentra posibles historias, cuando uno oye a la gente de la calle, encuentra posibles historias. Lo mismo pasa si uno tiene buenos editores que sugieran temas con los cuales podamos establecer química. Yo tengo dos mandamientos que siempre cito. El primero es del escritor húngaro Stephen Vizinczey: “todo aquello en lo que no pueda dejar de pensar es mi tema”. El segundo es de Norman Mailer: “si el tema te pone a trabajar, no lo sometas a la duda”. A mí me parece que Mailer nos regala una recomendación importante, porque a veces yo veo chicos enamoradas de temas malísimos, y me digo: ese tema podrá ser malo pero al menos los inspira y les produce ganas de sentarse frente al computador.

-¿Cuál es la relación con tus personajes? En La Eterna Parranda, que por suerte conseguí hace un tiempo en algún aeropuerto, sentí que llegabas a tus personajes con una mirada afectuosa y cálida. Sin embargo, este enamoramiento del personaje no opacaba la mirada crítica del periodista.

-Procuro mantener con ellos una relación de trabajo que no vaya más allá de eso. Creo que los personajes lo entienden. Eso sí: siempre hago el ejercicio de preguntarme si estoy siendo justo. Una vez le oí decir a Jon Lee Anderson que lo mejor del periodismo es que nos brinda la oportunidad de ponernos en los zapatos ajenos para tratar de entender a los demás.

-¿Qué le recomendarías a un estudiante de periodismo que quiere hacer crónicas?

-La frase que me decía mi abuelo cuando yo era adolescente: quien quiere besar, busca la boca.

-Me pregunto si ingresar a una redacción es la única vía o si encuentras que los espacios alternativos pueden ser también una buena escuela.

-Las salas de redacción eran la única opción cuando yo empecé mi carrera. Ahora no. Acuérdate del famoso verso que canta el Gran Combo de Puerto Rico: ‘no hay cama pa’ tanta gente’. Ahora hay portales web, blogs y muchas más opciones alternativas. Los libros y las revistas son desde hace rato un terreno más propicio para quienes quieren hacer crónicas. Yo, más que decirles a los muchachos cuáles son las opciones distintas que han surgido, les recordaría que los periodistas nos parecemos un poco a los curas: ellos hacen un voto de castidad y nosotros uno de pobreza. Quien esté planeando hacerse millonario como reportero está grave porque no ha entendido nada. En el periodismo uno no se enriquece, lo cual no quiere decir que no pueda pasarla de maravillas ejerciendo el oficio.

MENOS TWITTER Y MÁS CALLE

-Cuéntame un secreto. ¿Cómo empiezas a escribir una crónica? ¿Cómo haces el primer párrafo? ¿Te cuesta trabajo?

-Ni a los charcos ni a los primeros párrafos hay que entrarles con rodeos. Hay que lanzarse a ver qué pasa. A estas alturas de mi vida yo voy pensando el primer párrafo desde antes de empezar a escribir. Aquí vuelvo a Mailer, quien decía que la mayor parte del trabajo de escritura se hace lejos de la máquina de escribir. Si solo piensas en lo que vas a decir cuando te sientas frente al computador, el texto se te rebela. Pero si le echas cabeza mientras te bañas, o mientras caminas, se te van a ocurrir ideas útiles. Yo siempre me doy ánimo pensando que este primer párrafo de hoy va a ser menos complicado que el de las crónicas anteriores. Esa es una gran mentira, claro, pero uno tiene que aprender a envalentonarse o si no, no hace la tarea.

-¿Qué haría Alberto Salcedo Ramos si no fuera periodista?

-Puedes jurar que si hubiera podido cantar como Caetano Veloso no habría escrito ni un renglón”.

¿Cómo rescatar las historias invisibles? A veces los periodistas hemos dejado de ver a chicos como Wikdi.

-Uno ve lo que busca ver. Para encontrar a Wikdi me tocó viajar desde mi casa en Bogotá hasta la remota selva chocoana donde él vive. Es lo que te dije ahorita: el periodismo se hace con la suela de los zapatos. Si uno camina ve más realidad que si se queda en la sala de redacción leyendo la cuenta de Twitter de los famosos o jugando Candy Crush.

NOTA DE REDACCIÓN

Recomendamos el libro La Eterna Parranda de Salcedo Ramos.

Hay que leerlo en El Colombiano, buscar sus crónicas en Soho y  seguirlo en Twitter y en Facebook.

 

Publicado por:

Periodista. Profesora especialista en periodismo digital, comunicación digital y social media. Directora de Clases de Periodismo y Sin Etiquetas. Consultora en Social Media. Soy editora de Audiencias del diario Perú21 del grupo El Comercio de Perú. Colaboro con la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez (FNPI).

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