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La difícil y delicada tarea de cubrir noticias sobre tragedias en niños, niñas y adolescentes

Por @cdperiodismo

Publicado el 08 de diciembre del 2016

Por Óscar Durán Ibatá

Son momentos duros para la infancia en Colombia. En los últimos cuarenta días, sólo en Bogotá, cuatro niñas han muerto tras ser abusadas sexualmente y golpeadas. Tenían tres, dos, cuatro y siete años. Los medios han cubierto en menor y mayor escala cada una de estas historias. En general, da la sensación que los medios no tienen preparados a sus periodistas para abordar este tipo de problemáticas.

Desde hace cinco años, un grupo de periodistas y expertos en temas de comunicación con enfoque de derechos y género, sobre abuso y explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes, pertenecientes a diferentes proyectos en el Observatorio de Comunicación del Departamento de Comunicación y Cinematografía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, venimos trabajando para entregarle a los comunicadores una guía para informar debidamente sobre estos temas, y proteger la vida y dignidad de los infantes.

La mayoría de manuales de estilo o códigos de ética en los medios de comunicación, establecen que un tratamiento incompleto y común es el que se le da al crimen de un niño, niña o adolescente cuando se trata como un asunto sensacional: titulares de escándalo, fotografías excitantes, e información que despierta y trata de satisfacer únicamente la curiosidad morbosa de los lectores. La información así publicada es incompleta porque va dirigida solamente a los sentidos de los lectores: vea lo que pasó y oiga lo que dijeron o vieron los protagonistas, los testigos o los involucrados, pero no se estimula la inteligencia. Javier Darío Restrepo, en su segundo volumen del libro El zumbido y el moscardón, establece que “también este tipo de información es incompleta, porque omite el hecho o lo disimula, porque el acto criminal desdice, o porque se trata de noticias que alejan a los turistas, o porque ese es el trabajo del periodismo negativo, o porque publicarlo le hace más difícil su gestión al gobierno, o porque se trata de un periódico o medio para toda la familia y estas son informaciones que no deben llegar a los niños. Estas y otras son las usuales razones para convertir la noticia de los actos criminales y violentos, sobre todo que tienen que ver con infantes, en información incompleta o enmascarada”.

Lo ideal, escribe Javier Darío, “es contar el hecho en la forma más completa, pero no se detiene ahí: indaga sobre las causas posibles del acto violento o de actos parecidos, da elementos para pensar en las posibles o actuales respuestas de la sociedad al hecho criminal y sobre las acciones en marcha o en proyecto para enfrentar los hechos criminales o de violencia. Esta es una información que exige más trabajo e inteligencia porque, además de todo el trabajo de reportería para cubrir el hecho, supone la investigación con fuentes idóneas, plurales y diversas, que le permitan al lector entender el hecho y tener clara la naturaleza de su participación en las soluciones”.

Asumiendo entonces que la idea es poder contar e informar de manera completa este tipo de historias, ahora el reto está en brindarles a los periodistas las herramientas necesarias para el abordaje adecuado de la información relacionada con el abuso o explotación sexual de niñas, niños y adolescentes. 

En el marco del proyecto de investigación: “La comunicación turística en la internet como facilitadora de la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes, ESCNNA, en el contexto de viajes y turismo”, se desarrolló el diplomado “Comunicar con enfoque de derechos y género”, diseñado por la Fundación Renacer, con el apoyo de las universidades Los Libertadores y Jorge Tadeo Lozano, y la Alcaldía de Cartagena de Indias. Como resultado de este diplomado se diseñó la guía ¿Cómo proteger a nuestras niñas, niños y adolescentes a la hora de informar?, dirigida a periodistas para comunicar con enfoque de derechos.

Estas son algunas de las recomendaciones más importantes que tiene esta guía, sobre cómo narrar con imágenes este tipo de situaciones en los medios:

El uso de las imágenes es fundamental a la hora de narrar las noticias. Éstas en muchas ocasiones son utilizadas por los medios como un gancho para vender la información o captar a los consumidores. Pero a la hora de abordar temas relacionados con violencia sexual especialmente de explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes, las fotografías, ilustraciones o imágenes en movimiento pueden ser más violentas que el mismo evento, pues a través de ellas se exponen a las víctimas, a sus familias y se identifican lugares de residencia. Esta es otra manera de revictimización. La ley 1098 de 2006 establece responsabilidades especiales a los medios de comunicación con el propósito de garantizar la protección de los derechos de la niñez en Colombia, haciendo énfasis en los artículos 33 y 47, especialmente en este último.

A la hora de contar con imágenes:

Nunca utilice imágenes que permitan identificar a la víctima, no sólo genera un estigma o señalamiento de la sociedad, sino que también viola su derecho a la intimidad, y contribuye a su revictimización.

No utilice imágenes que permitan localizar a las víctimas, es ponerlos en peligro.

Utilice imágenes que permitan identificar a los agresores, eso puede incentivar que otras víctimas lo denuncien.

Para ilustrar o narrar una historia de estas utilice juguetes o dibujos hechos por niños.

También puede ilustrar la nota mostrando imágenes de detalles como manos o pies.

Utilice imágenes cerradas de manos de niños o niñas que los muestren haciendo alguna actividad específica, puede ser artística, deportiva o simplemente las manos.

Puede utilizar imágenes de parques.

Figuras alegóricas a las personas menores de edad.

¿Qué hacer desde el ejercicio periodístico?

No entreviste a las víctimas, pues es como obligarlas a revivir los episodios traumáticos, es revictimizarlas. En lugar de ello entreviste a expertos sobre el tema.

No publique noticias que justifiquen que quienes tienen poder pueden comprar la dignidad de otras personas.

Jamás revele el nombre o muestre el rostro de la víctima, no sólo puede poner en riesgo su vida sino su proceso de reintegración a una vida social.

Jamás culpe a las víctimas de su propio abuso o explotación, ni justifique la conducta de los explotadores o abusadores.

Proteger a la víctima, incluso de ella misma, pues muchas de ellas no se conciben como tales porque “creen” que sus victimarios les están haciendo un favor al ofrecerles el intercambio de sexo por dinero o comida.

Relate su historia periodística a partir del victimario, el contexto y las prácticas culturales que facilitan este tipo de abusos, no desde la víctima.

Nunca publique un testimonio de una víctima diciendo “que está ahí porque quiere”, pues una víctima no se reconoce como tal, ni tampoco a su agresor. Contribuir a la comprensión y al análisis de la explotación sexual y al abuso como problema social, cultural, económico y legal, y no como una noticia sensacionalista.

Profundizar este tema a través de una investigación detallada y con fuentes confiables que permitan desarrollarse a través de otros géneros periodísticos como reportajes y crónicas.

Buscar más allá de las fuentes policiales, entrevistarse con las instituciones de protección de la niñez y adolescencia, y con las ONG u otros actores conocedores sobre este tema.

Contribuir al cubrimiento y publicación de casos o acciones relacionadas con la captura, judicialización de agresores, y acciones preventivas de este delito.

Como periodistas tenemos la responsabilidad de proteger y garantizar los derechos de las niñas, niños y adolescentes desde nuestro ejercicio diario, y la vez, convertirnos en agentes de prevención. No podemos seguir informando equivocadamente sobre estos temas.

A PROPÓSITO DE LA TRAGEDIA EN MONTERREY decidimos compartir este tuit de Pictoline

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