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El puercoespín: Internet como una alternativa salvadora del periodismo

Por Esther Vargas

Publicado el 10 de Abril del 2012

Me declaro lectora fiel de elPuercoespín, una revista digital que nació en 2010 y que fue creada por  los periodistas argentinos Graciela Mochkofsky y Gabriel Pasquini. Es un sitio de historias que con el talento y perseverancia de Graciela y Gabriel ha logrado reunir un número amplio de colaboradores voluntarios que nos da buen periodismo, ese periodismo que a veces se extraña en los medios tradicionales.

“Cuatro profesionales han sido editores del sitio en forma parcial. Otros ayudaron y ayudan con tareas específicas: traducciones de diversos idiomas, sugerencias de temas, etc. Luego, por supuesto, están todos los autores que han producido posts especialmente para el sitio o nos han cedido los derechos sobre su trabajo: en general, se trata de gente con la que mantenemos relación, que son activos en colaborar con nosotros. Otro amigo ha ayudado y ayuda en la resolución de problemas técnicos. Dos diseñadores nos regalaron el logo del puercoespín. Y podría seguir y seguir, porque nuestra idea es exactamente esa: que el puercoespín sea obra de una comunidad que se intercambia ideas, noticias, entusiasmos, asombros”, cuenta Gabriel Pasquini, director del sitio.

¿Cómo nace el puercoespín y cómo se mantiene?

-El puercoespín nació de una combinación de cosas, como suele ocurrir. Desde que dejamos el trabajo diario en los medios tradicionales de la Argentina, hace una década, Graciela Mochkofsky y yo siempre deliberamos sobre la posiblidad de hacer un proyecto propio. Hace diez años, nuestra primera opción era el papel, donde habíamos hecho nuestra carrera durante muchos años, pero requería una enorme inversión y aquellos interesados en poner el dinero traían sus propias agendas, que, sabíamos, acabarían por condicionar la posibilidad de informar como creíamos que debía hacerse: sin compromisos con proyectos políticos o intereses económicas que distorsionaran el trabajo. Esta había sido una de las razones por las que habíamos dejado los grandes medios.Así llegamos a Internet, como otros periodistas “tradicionales”: porque era una posibilidad de hacer un medio con mucho menos dinero. En parte por eso y en parte porque  en esos años todavía no había un gran desarrollo del uso de la red en la Argentina y en América Latina (todavía no había explotado la web 2.0), tendíamos a pensar Internet como un mero soporte alternativo para hacer exactamente lo mismo que habíamos hecho  hasta entonces -lo que, a su vez, requería dinero (menos, pero bastante), etc-. Luego, ocurrieron dos cosas. La primera es que pasamos un año en Harvard, entre 2008 y 2009, y pudimos vivir de primera mano la crisis de los medios en los Estados Unidos y las nuevas experiencias que se realizaban. Volvimos convencidos de que se abría una nueva era. La segunda fue trágica: mientras deliberábamos sobre cómo hacerlo, murió mi padre, periodista durante medio siglo en este país. Él fue uno de los que, sin dudar, me dijo que debía hacerlo. De modo que, en un arranque de energía, después de una década de disquisiciones, montamos todo en diez días y lanzamos el puercoespín el 24 de marzo de 2010.Todavía se mantiene por ese impulso.LA CREDIBILIDAD DE LA PRENSA ESTÁ EN CUESTIÓN

Los periodistas pueden crear su propio espacio para hacer el periodismo que a los medios ha dejado de interesar. Sientes que ese espacio lo está llenando el puercospín.

-Sí, y no sólo lo creo yo, que obviamente quiero creerlo: lo creen -o así dicen- también aquellos que siguen y participan en el puercoespín, entre los que hay muchos periodistas. En el caso de la Argentina, el periodismo ha sufrido un terrible bajón de calidad. Por una combinación de factores (la crisis histórica de los medios y sus consecuencias múltiples, los enfrentamientos políticos, etc), se han perdido ciertos estándares mínimos de profesionalidad y la credibilidad de la prensa está en cuestión. Hoy en día nadie está muy seguro de si lo que lee o escucha en los medios en la Argentina tiene algún atisbo de verdad. Esta coyuntura desgraciada ha reforzado mucho nuestra propuesta (la gente nos dice que agradece que alguien levante el estándar de calidad). Más allá de esto, adentro y afuera de la Argentina, creo que quienes siguen y participan en el puercoespín se sienten atraídos por una mirada distinta, que no encuentran en otros medios. Nosotros intentamos buscar historias que vayan más allá de la noticia diaria o incluso de la crónica bien escrita pero efímera o banal: buscamos aquellas historias -escritas, fotografiadas, grabadas o filmadas- en las que un antropólogo o un historiador del futuro podrían encontrar algunas claves sobre nuestra época. Es ambicioso, pero ¡al menos nos da una meta que vale la pena!.

Se habla mucho de la crisis del periodismo. Y suelen hablar los que ya dejaron de hacer periodismo día a día. ¿Cómo ves el futuro de los medios? ¿Crees que es el tiempo de los pequeños medios independientes?

-Sí, creo que es así y que será necesariamente así, por razones económicas, políticas y culturales. Pero me parece que todavía falta mucho por recorrer. En primer lugar, los grandes medios tradicionales no desaparecerán de un día al otro. No es así ni siquiera en los países donde el desarrollo de Internet es abrumador, como los Estados Unidos. Y no puede serlo, porque un cambio semejante no depende sólo de un desarrollo tecnológico. Los medios son estructuras económicas, políticas y culturales definidas por una serie de relaciones sociales complejas, y también centros de poder que, como todo poder, no se cede porque sí. Esto, en América Latina, es aún más nítido, porque aquí, en muchos casos, los medios no siguen una lógica de mercado. Cuando se discute sobre esto en los Estados Unidos, se dice que el “modelo de negocios” ya no funciona, que es imposible hacer rentable un medio tradicional como se hacía antes. Pero ¿cuál es el modelo de negocios de un gran medio latinoamericano? En muchos casos, no depende sólo de la oferta y la demanda, porque el “mercado” no funciona como en las teorías liberales. Los avisadores, el crédito, la posibilidad misma de existencia de un medio, están condicionado por interferencias estatales y monopolios privados. En Buenos Aires, por ejemplo, tenemos en este momento casi una quincena de diarios que salen todos los días. Si uno lo piensa sólo en términos de oferta y demanda, es imposible -algunos venden muy, muy poco. Pero luego resulta que hay otras fuentes de financiamiento, otras formas de sobrevivir… En otras palabras, están cumpliendo otras funciones (políticas o económicas) que las de ser meros informadores. Esa realidad no cambiará pronto, porque la necesidad del establishment político y económico de contar con esos medios no desaparecerá de pronto. En segundo lugar, creo que aquellos que no han tenido entrenamiento periodístico de algún tipo todavía tienen que aprender a utilizar con más provecho los recursos de Internet. Quiero decir: esta es la era de lo que antes se llamaba “la audiencia” o “el público”. Ellos serán (seremos), cada vez más, productores y distribuidores de información. Pero aquí también hace falta una experiencia histórica que llevará tiempo. Por último, creo que algunos de los mejores en mi generación de periodistas en América Latina, aquellos que están entre los cuarenta y los cincuenta años, están explorando las posibilidades de Internet como una alternativa salvadora cuando llegaron a un momento de su carrera en que las opciones tradicionales ya les resultaban insuficientes o francamente insoportables. Ese es el principal impulso para estos pequeños medios independientes: esa gente, su talento, sus deseos de hacer cosas, y el deseo equivalente de comunidades de consumidores-circuladores de información que también desean que las cosas cambien y que son los socios de estas aventuras.

EL FUTURO NO ESTÁ GARANTIZADO PARA NADIE

Pero nadie sabe cómo hacer para financiar estos sitios. A mí me preguntan cómo pago el café. ¿Cómo se financia el sitio que diriges?

-Con trabajo voluntario, algunos avisos, algún subsidio -en ese orden. Lo pondría así: si tuviéramos que vivir del puercoespín, el primer año hubiéramos podido pagarnos el sueldo de un mes, el segundo año el sueldo de tres meses. Estamos en el tercer año y confiamos en que la progresión continúe… Buscamos más alternativas: en mayo editorial Planeta publicará una antología de textos del puercoespín, haremos conferencias y ciclos de charlas, etc. Todo eso reportará algún ingreso. Por ahora, no pagamos por el contenido: quienes colaboran con nosotros lo hacen sin esperar retribución. Pero yo lo veo como una inversión. Recuerdo que cuando iba a hablar con posibles financistas para crear un medio “tradicional” de papel, siempre les decía que debían esperar al menos dos años –cuando no tres– antes de llegar a un equilibrio entre la inversión y los ingresos. Creo que en el caso de estos medios, creados con ningún capital, la fórmula es parecida: hay que invertir los primeros años a pérdida –si uno no tiene dinero, debe invertir su trabajo, su tiempo, su poco o mucho talento, etc– y apostar a que aquello que uno hace es necesario y acabará por ganar su lugar. Pero el futuro no está garantizado para nadie.

¿Qué opinión tienes de la agregaduría de contenidos? El debate está abierto y hay crítica de todo calibre. Ustedes comparten mucho contenido de otros, pero respetando el crédito. Sin embargo, no habrá el que se moleste. ¿Cómo lo manejan?

-En efecto, es un tema cada vez más espinoso, desde que las grandes empresas que producen contenido (los medios, Hollywood, la industria editorial, la industria de la música, etc, etc) pasaron, como muchas otras, de su fascinación por lo que creían que era un gran mecanismo barato de promoción mundial a la comprensión de que estaban ante, no meramente un competidor, sino la posibilidad de que su existencia misma se pusiera en entredicho. Tras ese impresionante operativo político-publicitario del FBI contra Megaupload, estamos en un momento de retracción y ahora parece que el copyright vuelve con fuerza. Los medios, a su vez, comienzan a explorar la posibilidad de cobrar por su contenido en Internet mediante suscripciones, etc. Creo que es una etapa: necesariamente la presión social irá siempre empujando hacia la circulación libre de los contenidos. Por supuesto, esto crea el problema de la ecuación económica (quién pagará para producirlos), pero me temo que conviviremos con esa contradicción durante largo tiempo. En nuestro caso, nosotros utilizamos distintas alternativas. Por supuesto damos el crédito de los materiales siempre que podemos obtenerlo (en general, por razones de control de calidad, es difícil que publiquemos algo que no sabemos de dónde sale). En segundo lugar, si publicamos un artículo de un autor determinado le pedimos permiso o lo ha escrito o producido especialmente para nosotros. Por último, hacemos agregación de dos modos. Uno, tradicional: artículos que encontramos en los grandes medios o en otros más pequeños (solemos pedir permiso a los medios que podrían ser considerados nuestra “competencia”), como se suele hacer en las redes sociales, y creo que en el fondo lo agradecen, ya que al poner el link uno les lleva tráfico a sus sitios. El otro es hacer un collage sobre un tema. Por ejemplo, Internet en China: lo que hacemos es seleccionar fragmentos de artículos o posts o videos o grabaciones o fotografías y reunirlos en un solo post con un sentido (por ejemplo, un fragmento de una historia sobre las cacerías humanas vía Internet, un pequeño texto sobre los campamentos de reeducación para adictos a juegos online, un posts de un blog de un argentino que llegó a Hong Kong y no puede usar Facebook, la crónica de una guerra de hackers entre China y Corea). Es un trabajo de edición nuestro, una “intervención” como se dice tanto ahora, sobre material ajeno, cuyo origen aclaramos puntillosamente en cada caso. La idea del collage es convertir en género lo que el típico navegante de Internet hace todos los días: leer un post o una referencia, saltar a otra similar, de allí a un video, de allí a wikipedia, etc, etc.

“NO EXTRAÑO EL PAPEL”

¿El diario de papel tiene futuro? ¿Cómpras todos los días un diario o Internet es el quiosco digital soñado?

-Como decía antes, los diarios de papel todavía vivirán un tiempo con nosotros. Creo que, a la larga, serán reemplazados, sea por los lectores como Kindle o I Pad -y serán aún mejores en el futuro-, sea por el papel digital o similar que desarrollan en Corea. He sido periodista casi treinta años, veinte de ellos en diarios, revistas y agencias de noticias, y soy escritor de libros, de ficción y no ficción. Pero debo confesar que no extraño el papel. Por el contrario: ahora me resulta limitado. Comencé a trabajar cuando las noticias se transmitían por teletipo o por teléfonos rudimentarios. En la Argentina, era un desafío encontrar un teléfono público y más aún que funcionara, y había que tener siempre cospeles en el bolsillo, correr al tubo, componer en el aire el boletín urgente y dictarlo a alguien que lo tomaban del otro lado. En mi primer cobertura en la calle, el incendio de un aliscafo en el Río de La Plata, transmitía a la agencia por un walkie talkie en el que tenía que gritar y acabar siempre en un “¡cambio!”, como en las películas. Había que recurrir a archivos de papel que generalmente eran incompletos, por lo que uno terminaba apelando a la memoria, propia o ajena. En 1999, fui a cubrir la guerra de Kosovo con un pequeño celular y una laptop. Recuerdo andar por Belgrado de noche, cuando habían caído las bombas, y hablar desde un auto con el secretario de Redacción, que también era de otra época. Ahora son obviedades, pero entonces parecía fantástico, no podíamos creerlo. Creo que cualquiera que haya vivido el cambio tiene que abrazarlo, festejarlo y saltar de alegría cada día. Sí, Internet es el quiosco, la biblioteca, la videoteca, la televisión y la discoteca soñadas. Por supuesto, sigue siendo una experiencia especial el contacto con los otros soportes: el libro de papel, el cuadro y sus texturas. Pero ahora son eso: experiencias especiales a disfrutar, no medios prácticos de acceder a un contenido.

¿Las redes sociales han servido para posicionar el sitio?

-Han sido esenciales. Sin ellas, el puercoespín no habría existido. Allí desarrollamos nuestra comunidad, primero en Facebook y cada vez más en Twitter. Hay gente que me dice: “ah, leo tu revista cada vez que entro a Facebook”. Muchos tienen esa relación con el puercoespín: entran por la página de la revista en Facebook, o por nuestras páginas personales, al contenido, en lugar de tipear elpuercoespin.com.ar Bienvenidos sean.

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Periodista. Profesora especialista en periodismo digital, comunicación digital y social media. Directora de Clases de Periodismo y Sin Etiquetas. Consultora en Social Media. Soy editora de Audiencias del diario Perú21 del grupo El Comercio de Perú. Colaboro con la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano Gabriel García Márquez (FNPI).

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