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Gay Talese: “Hoy los periodistas no hacen bien su trabajo”

Por Milagros Olivera Noriega

Publicado el 17 de junio del 2014

Gay Talese reaparece con el  libro de memorias familiares “Los hijos”, que finalmente ha sido traducido, 22 años después de su publicación, al español. Por este motivo, El Mundo y ABC fueron en búsqueda del lúcido escritor y periodista estadounidense y lo entrevistaron.

Las respuestas de Talese, quién a sus 82 años emite un juicio sobre el oficio al que le dedicó su vida, son publicadas a continuación.

 Para El Mundo respondió:

 

Usted llegó al periodismo a través del béisbol. ¿Cómo ocurrió?

La culpa de todo la tuvo la II Guerra Mundial. El Gobierno racionó la comida y la gasolina y los equipos de béisbol no pudieron hacer sus pretemporadas en Florida. Así fue como los Yankees vinieron a entrenar a unos kilómetros de mi pueblo y conocí a los periodistas que llegaron con ellos. Hoy los periodistas deportivos visten como camioneros. Pero entonces eran muy elegantes y enseguida me enamoré de su glamour. Me pareció que aquél que era un trabajo magnífico porque podías ir gratis a todos los partidos y te pagaban por escribir. Al cumplir 14 años, empecé a publicar artículos sobre mis colegas del instituto en el semanario local.

 

¿Recuerda su primer jefe en aquella publicación?

Como si estuviera aquí sentado. Era un señor mayor con planta de patricio que siempre llevaba pajarita y se daba un aire a Thomas Jefferson. Había nacido en Seattle y era un caballero. Yo escribía mis artículos por la noche y se los deslizaba al día siguiente por debajo de la puerta. Al volver del instituto, me los devolvía con unas correcciones que escribía a lápiz. Aprendí mucho de él.

 

¿Es más difícil escribir sobre uno mismo o sobre los demás?

Sobre uno mismo. Uno tiene que imaginar que está sentado al otro lado de la sala para hacerse una idea de qué pinta tiene. Uno tiene que tener doble personalidad, salir de sí mismo y convertirse en otra persona para analizar su conducta y la de sus padres. Es un proceso que requiere un cierto sentido de aislamiento y que puede ser muy doloroso.

 

Le enviaron a Albany como corresponsal político y la cosa no terminó bien. ¿Cuál fue el problema?

Era un trabajo muy tedioso. Los políticos elaboraban decenas de leyes y yo no tenía tiempo para explicar bien por qué esas leyes eran importantes para mis lectores. Eran noticias breves y burocráticas y hacía lo posible por no firmarlas. No quería ver mi nombre en artículos tan malos. A mis jefes mi actitud no les gustó y me enviaron a la sección de obituarios. Se suponía que aquello era un castigo pero yo me lo pasé muy bien. Me encantaba escribir sobre personas interesantes y el horario me dejaba tiempo libre que aproveché para elaborar artículos más largos para ‘Esquire’ y para el dominical del ‘New York Times’.

 

He leído que uno de sus jefes favoritos fue Harold Hayes de ‘Esquire’.

Era un periodista magnífico y siempre estaré en deuda con él por lo que hizo por mí. Al escribir mi célebre artículo sobre Frank Sinatra, me envió a Los Ángeles a un hotel de lujo y unos días después le llamé para decirle que las cosas no iban bien. Nadie quería hablar conmigo y le propuse mudarme a un hotel más barato o volverme a Nueva York. Me dijo que me quedara y la factura salió por unos 4.000 dólares: una cifra que hoy rondaría los 30.000. Hayes se la jugó por mí y le salió bien.

 

Usted presume de que no hay nadie de quien haya escrito que no quiera volver a verle. ¿Cómo se las arregla?

Siempre he sido muy sensible. Al escribir sobre un asunto difícil, intento elegir el lenguaje correcto. Uno puede ser a la vez sincero y elegante y encontrar formas sutiles de decir cosas difíciles. No es necesario cargar las tintas. Hay reporteros que escriben como con una sierra eléctrica. A mí esas cosas no me gustan y nunca las hice. Tampoco he usado nunca fuentes anónimas. Convencía a mis interlocutores, les seducía, hacía cualquier cosa por que aparecieran con su nombre en mis artículos. La gente casi siempre está dispuesta a hablar.

 

¿Cómo se las arreglaba para convencerles cuando no era un periodista famoso?

Les convencía de que era una persona respetuosa y sincera de la que se podían fiar. Esas cosas no se pueden fingir.

 

El periodismo lleva unos años en crisis. ¿Hay algo que los periodistas podamos hacer mejor?

Hoy los periodistas no hacen bien su trabajo. Les falta imaginación y también olfato para saber dónde están las buenas historias. Dependen demasiado de los políticos y los políticos les ofrecen una versión interesada de la realidad. Los periodistas están ahí para ayudar a sus lectores a comprender mejor la realidad y no para tragarse la propaganda del Gobierno.

 

¿Qué consejo le daría a un joven reportero?

Le diría que debe aspirar a ofrecer una perspectiva distinta de la realidad. Hoy todos los periodistas hacen lo mismo. Cubren el Senado o la Casa Blanca y corren detrás de los poderosos. Están demasiado cerca del poder económico, político o militar. No son suficientemente radicales, escépticos o independientes. A menudo se creen la basura que les cuentan. Necesitamos más periodistas que desconfíen del poder.

 

Puedes leer la entrevista completa haciendo clic  aquí.

Para ABC, Talese declaró:

–¿Qué historia le gustaría contar?

Sólo puedo hacer un 1% de lo que me gustaría. Pero si tuviera el poder para hacer lo que quisiera, perseguiría a los cinco tipos liberados de Guantánamo [en referencia a los cinco talibanes que el Gobierno de EE.UU. ha puesto en libertad a cambio de Bowe Bergdahl, el único soldado estadounidense prisionero en Afganistán] y me pasaría un mes con cada uno de ellos. Les preguntaría sobre su infancia, sus padres, el pueblo en el que se criaron, sus héroes, sus enemigos, sus sueños… Debemos darles nombres e historias para entender quiénes son, y no contentarnos con la palabra «activistas», que repiten los medios cincuenta veces cada día.

–¿El periodismo está contando de manera correcta el papel de Estados Unidos en el mundo?

De ninguna manera.

–¿Por qué?

Porque los periodistas solo miran una parte de la historia. No les interesa lo demás. Los periodistas deben ser foráneos, deben tener el punto de vista de un extranjero. Pero son estadounidenses, hijos de estadounidenses, padres de estadounidenses, fueron a la universidad con alguien que está en el Departamento de Estado o conocen a un senador por aquí o a un consejero delegado de una firma de Wall Street por allá. Están espiritualmente demasiado alineados con el poder, y deberían estar alineados con lo contrario.

–¿En qué se ve eso?

Por ejemplo, en el 11 de septiembre. ¡Qué demonios! Parecía que EE.UU. era el primer país del mundo en ser atacado. Hay bombas en todo el mundo, mueren miles de personas todos los años.

–¿Por qué los periodistas caen en esa relación con el poder?

Porque aceptan un historia de EE.UU. dulcificada por creadores de mitos de Washington. Vietnam o Irak no tenían sentido. A los americanos se nos odia mucho más ahora que cuando yo era joven. Después de la Segunda Guerra Mundial, éramos admirados, pero no en 2014.

Puedes leer la entrevista completa haciendo clic  aquí.

Publicado por:

Feminista. Estudio Periodismo en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Fui editora de Cultura de Diario16.

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